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New York y Panamá


La ciudad de Panamá tiene grandes similitudes con la ciudad de New York, principalmente el aporte recibido de George Washington Goethals, quién no sólo fue consultor en ingeniería en la Autoridad Portuaria (Port Authority) de New York, sino también el director a cargo de la constructor de las esclusas y finalización del Canal de Panamá. Fue un ingeniero militar, nacido en Brooklyn y graduado de West Point en 1880. Trabajó en el Cuerpo de Ingenieros de la Armada norteamericana en diferentes proyectos de edificaciones marítimas. En 1907, a sus 49 años, fue designado por el presidente Theodore Roosvelt, a dirigir todos los aspectos de la construcción del proyecto del Canal de Panamá, en reemplazo de John. F. Stevens. Allí encaró extremas dificultades, tanto personales como en ingeniería, durante las arduas tareas e inesperadas complicaciones en la construcción de las tres esclusas y la excavación-retiro de los materiales, principalmente, gigantescos trozos de piedra, del Corte Culebra.
Tomando un intenso interés personal en cada uno de los 30,000 empleados bajo su cargo, y con expresiones de reconocimientos en base de logros personales, Goethals logró crear un excelente ambiente de cooperación y unión entre los trabajadores, animando la participación de todos y alimentando el entusiasmo colectivo, conjunto emocional que indudablemente ayudó a concluir la obra seis meses antes de lo planeado en 1914. Una vez concluida la obra, permaneció como Gobernador de la Zona del Canal hasta obtener su retiro de la armada norteamericana en 1916. Años más tarde, durante la I Guerra Mundial, fue llamado nuevamente por la armada para dirigir las operaciones, primero, de los servicios de emergencia, y luego de los servicios de compras y suministros, hasta su segundo retiro en 1919. Permaneció como presidente en una firma de ingeniería hasta su muerte en 1928.
En New York existe un puente llamado “El Puente Goethals” edificado, justo después de su muerte, en reconocimiento a su gran obra por la ciudad que lo vió nacer. En Panamá, se ha erigido un modesto, pero significativo monumento en reconocimiento a su gran aporte en la obra del Canal. Este monumento y su obra se encuentran junto a las escalinatas de la entrada principal del edificio de la Administración del Canal de Panamá, y de forma sutil nos invita a no olvidar su perdurable aporte y el de los miles de empleados, de diversas procedencias, que bajo su administración lograron finalizar tan impresionante obra. Como panameños, nos llena de mucho orgullo y satisfacción personal decir a viva voz que “el Canal de Panamá es de y para los panameños”, pero si honramos y respetamos la participación de la humanidad en la obra del canal, nos destacaremos más como ciudadanos ante el mundo. Tanto Gothals como los miles de trabajadores en la construcción del canal, merecen ser considerados “panameños”; no porque nuestra tierra los vió nacer, sino porque con su inagotable esfuerzo y dedicación, le dieron “vida” a Panamá.
Esta costumbre-ley de Israel me hace pensar en la situación de Panamá. Es cierto que la mayoría de la población descansa medio día los sábados y todo el día los domingos. Es cierto también que existe la costumbre en ciertos sectores que dependen del trabajo durante el fin de semana y, por lo tanto, se toma otro día feriado, como por ejemplo ciertos restaurantes que cierran los lunes. Pero no es así con todos los sectores de la economía, pues existen comercios que abren casi todos los días del año, siete días a la semana y algunos hasta 24 horas al día.
222En los años sesenta y setenta se acostumbraba, en Panamá, a que el comercio cerrara los domingos. En algunas ocasiones también los martes en la tarde. ¿Qué pasó con estas costumbres?
¿Qué pasaría si en Panamá todos los almacenes, supermercados y el comercio en general cerraran por 24 horas un día a la semana? ¿Acaso estas empresas perderían algo de sus ventas? ¿Acaso no todos tenemos el derecho a descansar como la Biblia sugiere? Y no me refiero a los trabajadores en sí, que seguramente descansan algún día de la semana; me refiero a los clientes. Todos pudiéramos disfrutar de un descanso moral, psicológico y colectivo. ¿Sería tan difícil que durante un día a la semana la mayoría de la población se permitiera compartir con la familia o divertirse sin tener a su alrededor un contexto de trabajo?
Opino que en Panamá debería regularse el “descanso” como también se hace en muchos otros países. En ciertas ciudades de Europa se está acostumbrado a que una o dos tardes a la semana se inactiva el sector comercial. Con esta medida todos se benefician: la población no se preocupa con las “compras” y el sector comercial se beneficia, pues los dueños pueden descansar sin preocuparse que la competencia se lleve la clientela porque algunos abren cuando otros cierran. Esta disposición provee a toda la población de un verdadero receso de estas actividades a nivel colectivo, sentimiento que por lo menos una generación de panameños no conoce.
En los años sesenta y setenta se acostumbraba, en Panamá, a que el comercio cerrara los domingos. En algunas ocasiones también los martes en la tarde. ¿Qué pasó con estas costumbres? ¿Cómo podemos hacer para que regresen?
A través del tiempo han existido sociedades que valoran al descanso como otra que no. Mi opinión es que aquellas que más valoran al trabajador y su descanso, son las que más éxito han tenido. Es durante este descanso colectivo cuando nos tomamos el tiempo para reflexionar y valorar más nuestras vidas y como la aprovechamos. Este descanso nos motiva a reflexionar sobre los demás seis días de trabajo necesarios en toda producción exitosa. ¿Si el Todopoderoso lo hizo con la Creación, por qué nosotros no podemos?

101 años de Panamá América

 
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