¡Ni asquerosa ni hedionda! ¡es nuestro el Canal!
MADUREZ societaria, disenso democrático, participación ciudadana, transparencia en los planes y programas de gobierno, debates públicos, rendición de cuentas, prohibición de discriminación por género y de cualquier otra naturaleza, respeto a los derechos humanos, respeto a la soberanía nacional, respeto por nuestra jurisdicción, libre autodeterminación, respeto al libre ejercicio de la profesiones liberales, etc., son, entre tantos otros requisitos, los que se le exigen a las sociedades, Estados y gobiernos que se mueven o giran en torno al concepto del Estado de Derecho entendido éste como un Estado respetuoso del ordenamiento jurídico que se fundamenta o construye sobre postulados de logicidad plena, dignidad humana y absoluta racionalidad jurídica, democrática y constitucional. Ningún Estado puede reputarse estar matriculado en el Estado de Derecho sino ostenta los instrumentos y mecanismos procedimentales que permitan la vigencia de estos principios que son consustanciales al escenario democrático entendido éste como el más potable para que se produzca en su seno el ejercicio de la libertad de expresión o de la libre emisión del pensamiento respetando, a su vez, los derechos de la honra y dignidad humanas de todos los ciudadanos y de cuanto conviven en la Patria.
Desde las aulas universitarias se enseña, casi con carácter dogmático, que instituciones propias a la democracia como lo son el plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular y la revocatoria del mandato, son imprescindibles a la existencia misma de los estados que se reputan ser respetuosos de un Estado de Derecho. A nadie, a estas alturas del preclaro desarrollo que ha tenido la politología, se le podría ocurrir sostener que sin disenso democrático la democracia es capaz de subsistir. Allí, en donde ello acontezca, se pervierte el sentido de la sumatoria de voluntades para decantar en un funesto precedente de autoritarismo del que emanan las autocracias que reciben el culto de los amantes de la arbitrariedad, la prepotencia, la imposición, de los enemigos del debate serio y objetivo, libre de los perversos atavismos pasionales que suelen dar al traste con toda idea noble y de buen principio. Precisamente, los que hoy salen a la palestra pública, sosteniendo que el tema referido a la Ampliación del Canal de Panamá ha sido manejado dentro de parámetros aligerados, impulsivos, improvisados, son los que más uso han hecho de los medios de comunicación para expresar todo cuanto piensen y sienten en aras de robustecer un raquítico "no" que se está quedando, conforme lo demuestran todas las encuestas que se han hecho en el país, en la gaveta de los archivos obsoletos.
Y es que el "no" por la ampliación del Canal , como expresé en artículo pasado, nunca ha tenido fortaleza alguna en la argumentación de sus ideas o conceptos. Hace poco, me advertía una distinguida colega, con quien intercambiaba ideas relacionadas con la ampliación del Canal, lo siguiente: "Es que el "no" no tiene argumentos". Inmediatamente, cuidadoso de la estructura lógica de las ideas, me atreví a observarle: "No cometa usted el penoso desliz dialéctico de decir que quienes propugnan por el "no" no tienen argumentos; sí los tienen, pero sin sustento ni fortaleza lógica o sin la capacidad de persuadir o disuadir a quienes sí creemos en el "sí" por dicha ampliación". Si a nivel académico se me requiriera presentar una clasificación de las sin razones del "no", haría la siguiente enumeración o intento de clasificar a los detractores del "sí": 1. Quienes dicen "no" por razones políticas; 2. Quienes dicen "no" por razones de resentimientos personales; 3. Los que dicen "no" por razones de ignorancia; 4. Los que dicen "no" por razones de indiferencia o apatías; 5. Quienes dicen "no" por razones de xenofobia; 6. Los que predican el "no" por razones de simple y mero egoísmo; 7. Los que defienden el "no" por razones de "no porque no"; 8. Quienes dicen "no" por razones de mera oposición"; 9. Los que alegan "no" por razones económicas -¿Qué hay para mi?-; 10. Los defensores del "no" por razones laborales -"No creo que venga ningún empleo y si viene de seguro quedo fuera"-; 11. Los que dicen "no" por razones de inseguridad personal -"El futuro no me importa, el mañana es inseguro"-; 12. Quienes dicen "no" por razones de depresión -"El nadismo, ni fu ni fa, ni "sí" ni no"-. Adviértase que el "no" adolece de estructuración lógica del lenguaje y está revestido de incoherencia dialéctica. Veamos un ejemplo concreto: "Es que dos compañías consultoras trasnacionales le dijeron a la ACP que tenía que modificar su estructura administrativa interna para poder manejar la Ampliación del Canal de Panamá", eso lo dijo, en un programa de televisión, una conspicua dirigente política de oposición en aras de propugnar por su posicionamiento del "no". ¿Cómo desentrañar la ilogicidad del argumento y su carencia lógica?: Usemos el método de los más sencillos racionalistas, Descartes, ni siquiera recurramos a Lakatos o a Khun o a Perelmann que son un tanto más profundos, y hagamos las siguientes preguntas: ¿Qué hay que modificar?; ¿Por qué hay que modificar?, ¿Quién tiene que modificar?, ¿Quiénes determinan la modificación?, ¿Cómo debe hacerse la modificación?, ¿Dónde hay que modificar?. De estas interrogantes, surge el ataque al planteamiento: ¿Quién nos dice que tenemos que modificar a la ACP en su estructura interna administrativa? Pues nada más y nada menos que dos transnacionales. Si lo dijera una empresa consultora nacional, el argumento empezaría por aceptarse, sólo a título de discusión, como "nuestro argumento". Sin embargo, quiénes son, entonces, los que aliados o matrimoniados con fuerzas externas y los tradicionales enemigos de nuestra soberanía, no quieren que marche la ampliación del Canal y que, conscientes de que el país, de salir adelante el "no" el 22 de octubre cuando concurramos a las urnas a votar por el "sí", se anquilosaría en tiempo y en espacio y hundiría a nuestra sociedad relegándonos a una más gravosa condición de país subdesarrollado o del tercer mundo, empiezan a dar muestras de desespero y ansiedad sacando argumentos virulentos, descomedidos, superficiales, tanto que hasta se ha llegado a afirmar que el país se ha polarizado en un "sí" o en un "no" que proyectan llevar a la nación panameña hacia un desastre nacional. ¡Que vivan las sociedades en las que el disenso democrático robustece el escenario de las ideas preclaras poniendo en evidencia las razones de la palabra! Como decían los latinos "res non verba": "Hechos no palabras". ¡Cuidado con aquellos que mediante el "no" se han hecho aliados de aquél embajador foráneo que insultó nuestra dignidad nacional cuando dijo "que los panameños teníamos una zanja hedionda y asquerosa" llamada Canal de Panamá. ¡Ni asquerosa ni hedionda! Es nuestro el Canal.
stekrakri@hotmail.com
4. Si nosotros no modernizamos el Canal en pocos años este quedará obsoleto y a otras rutas se dirigirán, en busca de mayor rapidez en el tránsito, los usuarios actuales.
Examinando, el pasado proporciona parte de razón al escepticismo. Los dictadores, incluso el padre Torrijos, han gobernado Panamá durante buena parte de su historia. Y aun con la llegada de una mejor forma de gobierno, y una campaña de Torrijos para poner frenos a la corrupción, no ha logrado borrar los escándalos ni las dudas que los panameños sienten sobre la camarilla de dirigentes de la clase rica del país.
Aunque la economía de Panamá se haya beneficiado considerablemente de productos derivados de canal, como un sector bancario próspero, aproximadamente el 40 por ciento de la población vive en la pobreza. Para ellos, el canal es algo de orgullo pero -dicen ellos- les beneficia poco.
"Usted puede andar aquí alrededor y ver todos los edificios grandes y pensar que está en Ginebra," dijo Miguel Antonio Bernal, un profesor de derecho y abogado... "Pero siga andando, y usted se encuentra en Haití."...
La administración de Bush en gran parte ha permanecido neutral, calificando al plan como una decisión que está a las manos de panameños. Pero el otoño pasado durante una visita a Panamá, antes de que el nuevo plan fuera presentado, el Presidente Bush dijo, "Es en nuestro interés nacional que este canal sea modernizado."
El gobierno indica que los ingresos que el canal genere, que ahora excede $1 mil millones de dólar por año, crecería bastante con un canal nuevo y mejorado. Pero adonde iría aquel dinero permanece siendo la preocupación de muchos panameños... "
Desde las aulas universitarias se enseña, casi con carácter dogmático, que instituciones propias a la democracia como lo son el plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular y la revocatoria del mandato, son imprescindibles a la existencia misma de los estados que se reputan ser respetuosos de un Estado de Derecho. A nadie, a estas alturas del preclaro desarrollo que ha tenido la politología, se le podría ocurrir sostener que sin disenso democrático la democracia es capaz de subsistir. Allí, en donde ello acontezca, se pervierte el sentido de la sumatoria de voluntades para decantar en un funesto precedente de autoritarismo del que emanan las autocracias que reciben el culto de los amantes de la arbitrariedad, la prepotencia, la imposición, de los enemigos del debate serio y objetivo, libre de los perversos atavismos pasionales que suelen dar al traste con toda idea noble y de buen principio. Precisamente, los que hoy salen a la palestra pública, sosteniendo que el tema referido a la Ampliación del Canal de Panamá ha sido manejado dentro de parámetros aligerados, impulsivos, improvisados, son los que más uso han hecho de los medios de comunicación para expresar todo cuanto piensen y sienten en aras de robustecer un raquítico "no" que se está quedando, conforme lo demuestran todas las encuestas que se han hecho en el país, en la gaveta de los archivos obsoletos.
Y es que el "no" por la ampliación del Canal , como expresé en artículo pasado, nunca ha tenido fortaleza alguna en la argumentación de sus ideas o conceptos. Hace poco, me advertía una distinguida colega, con quien intercambiaba ideas relacionadas con la ampliación del Canal, lo siguiente: "Es que el "no" no tiene argumentos". Inmediatamente, cuidadoso de la estructura lógica de las ideas, me atreví a observarle: "No cometa usted el penoso desliz dialéctico de decir que quienes propugnan por el "no" no tienen argumentos; sí los tienen, pero sin sustento ni fortaleza lógica o sin la capacidad de persuadir o disuadir a quienes sí creemos en el "sí" por dicha ampliación". Si a nivel académico se me requiriera presentar una clasificación de las sin razones del "no", haría la siguiente enumeración o intento de clasificar a los detractores del "sí": 1. Quienes dicen "no" por razones políticas; 2. Quienes dicen "no" por razones de resentimientos personales; 3. Los que dicen "no" por razones de ignorancia; 4. Los que dicen "no" por razones de indiferencia o apatías; 5. Quienes dicen "no" por razones de xenofobia; 6. Los que predican el "no" por razones de simple y mero egoísmo; 7. Los que defienden el "no" por razones de "no porque no"; 8. Quienes dicen "no" por razones de mera oposición"; 9. Los que alegan "no" por razones económicas -¿Qué hay para mi?-; 10. Los defensores del "no" por razones laborales -"No creo que venga ningún empleo y si viene de seguro quedo fuera"-; 11. Los que dicen "no" por razones de inseguridad personal -"El futuro no me importa, el mañana es inseguro"-; 12. Quienes dicen "no" por razones de depresión -"El nadismo, ni fu ni fa, ni "sí" ni no"-. Adviértase que el "no" adolece de estructuración lógica del lenguaje y está revestido de incoherencia dialéctica. Veamos un ejemplo concreto: "Es que dos compañías consultoras trasnacionales le dijeron a la ACP que tenía que modificar su estructura administrativa interna para poder manejar la Ampliación del Canal de Panamá", eso lo dijo, en un programa de televisión, una conspicua dirigente política de oposición en aras de propugnar por su posicionamiento del "no". ¿Cómo desentrañar la ilogicidad del argumento y su carencia lógica?: Usemos el método de los más sencillos racionalistas, Descartes, ni siquiera recurramos a Lakatos o a Khun o a Perelmann que son un tanto más profundos, y hagamos las siguientes preguntas: ¿Qué hay que modificar?; ¿Por qué hay que modificar?, ¿Quién tiene que modificar?, ¿Quiénes determinan la modificación?, ¿Cómo debe hacerse la modificación?, ¿Dónde hay que modificar?. De estas interrogantes, surge el ataque al planteamiento: ¿Quién nos dice que tenemos que modificar a la ACP en su estructura interna administrativa? Pues nada más y nada menos que dos transnacionales. Si lo dijera una empresa consultora nacional, el argumento empezaría por aceptarse, sólo a título de discusión, como "nuestro argumento". Sin embargo, quiénes son, entonces, los que aliados o matrimoniados con fuerzas externas y los tradicionales enemigos de nuestra soberanía, no quieren que marche la ampliación del Canal y que, conscientes de que el país, de salir adelante el "no" el 22 de octubre cuando concurramos a las urnas a votar por el "sí", se anquilosaría en tiempo y en espacio y hundiría a nuestra sociedad relegándonos a una más gravosa condición de país subdesarrollado o del tercer mundo, empiezan a dar muestras de desespero y ansiedad sacando argumentos virulentos, descomedidos, superficiales, tanto que hasta se ha llegado a afirmar que el país se ha polarizado en un "sí" o en un "no" que proyectan llevar a la nación panameña hacia un desastre nacional. ¡Que vivan las sociedades en las que el disenso democrático robustece el escenario de las ideas preclaras poniendo en evidencia las razones de la palabra! Como decían los latinos "res non verba": "Hechos no palabras". ¡Cuidado con aquellos que mediante el "no" se han hecho aliados de aquél embajador foráneo que insultó nuestra dignidad nacional cuando dijo "que los panameños teníamos una zanja hedionda y asquerosa" llamada Canal de Panamá. ¡Ni asquerosa ni hedionda! Es nuestro el Canal.
stekrakri@hotmail.com
4. Si nosotros no modernizamos el Canal en pocos años este quedará obsoleto y a otras rutas se dirigirán, en busca de mayor rapidez en el tránsito, los usuarios actuales.
Examinando, el pasado proporciona parte de razón al escepticismo. Los dictadores, incluso el padre Torrijos, han gobernado Panamá durante buena parte de su historia. Y aun con la llegada de una mejor forma de gobierno, y una campaña de Torrijos para poner frenos a la corrupción, no ha logrado borrar los escándalos ni las dudas que los panameños sienten sobre la camarilla de dirigentes de la clase rica del país.
Aunque la economía de Panamá se haya beneficiado considerablemente de productos derivados de canal, como un sector bancario próspero, aproximadamente el 40 por ciento de la población vive en la pobreza. Para ellos, el canal es algo de orgullo pero -dicen ellos- les beneficia poco.
"Usted puede andar aquí alrededor y ver todos los edificios grandes y pensar que está en Ginebra," dijo Miguel Antonio Bernal, un profesor de derecho y abogado... "Pero siga andando, y usted se encuentra en Haití."...
La administración de Bush en gran parte ha permanecido neutral, calificando al plan como una decisión que está a las manos de panameños. Pero el otoño pasado durante una visita a Panamá, antes de que el nuevo plan fuera presentado, el Presidente Bush dijo, "Es en nuestro interés nacional que este canal sea modernizado."
El gobierno indica que los ingresos que el canal genere, que ahora excede $1 mil millones de dólar por año, crecería bastante con un canal nuevo y mejorado. Pero adonde iría aquel dinero permanece siendo la preocupación de muchos panameños... "