Ni con el terrorismo ni con la guerra: Con la justicia y la paz
Que satisfacción da el saber que el pueblo argentino, de acuerdo a recientes encuestas, ha repudiado la guerra que pretende la administración Bush impulsada por los sectores más fascistas de los Estados Unidos. Que fervor en el ser humano da el saber que en los propios Estados Unidos, en la Universidad de Harvard, se da inicios a un movimiento pacifista que puede alcanzar, como en otros tiempos, dimensiones nacionales. Que orgullo ser latinoamericano el saber que gente tan disímil como el Presidente de Uruguay y el de Cuba se muestran en desacuerdo con la guerra de los Estados Unidos, que no del mundo occidental. Por último, para evitar la sensiblería barata, que gusto haber vivido y estudiado en ese Chile que se nos ha pegado permanente en el alma, cuando escuchamos a la gente no estar de acuerdo con la guerra de Bush, no de la civilización contra la barbarie.
Es que no hay fuerza moral ninguna que nos obligue a apoyar una guerra insensata que intenta, a nombre de una pretendida indignación occidental, masacrar pueblos indefensos e inocentes en una supuesta cruzada contra el terrorismo.
Puede ser que la posición que adoptamos aparezca como timorata y cómplice de los que idearon y ejecutaron los actos de Nueva York y Washington. No, condenamos todos los actos terroristas, no importa quién y a nombre de qué ideología se perpetren. Pero con la misma fuerza condenamos todo intento de conducir a la humanidad a una guerra en que morirán, también, gente inocente incluyendo jóvenes norteamericanos que merecen vivir para construir la paz y la concordia mundial.
Las consecuencias de una guerra como la que se intenta, sin perjuicio de volver sobre el tema, se pueden prever casi con exactitud aritmética. Por lo pronto podemos decir que los "señores de la guerra" estadounidenses y británicos han llegado a la conclusión de que la guerra contra Afganistán "no será un paseo" y que nada evitará la pérdida de vida humana en las tropas invasoras. Señalan que ésta no será como la guerra del golfo realizada desde el aire o cómo en Kosovo. Tendrán que entrar al territorio por tierra, tropas especiales por supuesto, en una virtual guerra irregular en que tiene ventajas quién conoce el terreno. Sólo para contrastar, en 10 años de guerra, tropas elites del ejército soviético perdieron cerca de 15 mil hombres y suficientes municiones, hoy en poder del ejército afgano.
Por su parte, un asalto por tierra o una ocupación territorial de Afganistán requiere una retaguardia de apoyo desde donde operar. Hasta hoy esas bases de apoyo son inestables. Veamos. Pakistán está al borde de una revolución interna que puede derribar al frágil gobierno existente. Cientos de miles de fundamentalistas musulmanes pakistaníes están enfrentando a su gobierno que si cae, será a favor de un régimen pro talibán. Lo mismo ocurre con la alianza del norte, oposición afgana, que intenta convertirse en una "cabeza de playa" para las fuerzas invasoras. Esta también es una base territorial muy frágil.
A su vez, la monarquía árabe saudita, el mejor aliado de los Estados Unidos después de Israel, ha pedido a los Estados Unidos que no use las bases aéreas sauditas, por el peligro que ello significa para la estabilidad de la monarquía saudita. ¿Aliados con miedo?. Por último, las repúblicas centro asiáticas ex soviéticas no parecen bases de apoyo firmes. Porque son de mayoría musulmana, por un lado. Por el otro, porque no es seguro que Rusia acepte una inestabilidad, tipo chechenis, en sus fronteras del sur.
Otra consecuencia previsible de la guerra de Bush, que no se le puede haber escapado a los estrategas del Pentágono y mucho menos al sensato de Colin Powell ( ha dado muestras de cordura y sensatez, aunque parezca increíble) es el despertar de la "revolución árabe" en todo el mundo árabe. No se debe olvidar que musulmanes son cerca de 1,000 millones de personas dispersos por todo el mundo, incluyendo occidente. Imaginémonos por un momento dos o tres o más nuevos Irán.
Para aquellos que en Panamá les gusta la guerra (obviamente "desde lejos") y que creen en ejércitos invencibles, termocéfalos por vocación, solamente debemos decirles que la humanidad es mucho más racional de lo que imaginamos y no se dejará arrastrar a una conflagración absurda sin reparos. Ocurra o no una guerra ( lo más probable es que se desate) estamos con los sectores de la iglesia panameña (Caritas de Panamá) y los sectores del mundo que han enarbolado la consigna que encabeza éste artículo. Por un imperativo moral. Aunque quedemos solos.
Es que no hay fuerza moral ninguna que nos obligue a apoyar una guerra insensata que intenta, a nombre de una pretendida indignación occidental, masacrar pueblos indefensos e inocentes en una supuesta cruzada contra el terrorismo.
Puede ser que la posición que adoptamos aparezca como timorata y cómplice de los que idearon y ejecutaron los actos de Nueva York y Washington. No, condenamos todos los actos terroristas, no importa quién y a nombre de qué ideología se perpetren. Pero con la misma fuerza condenamos todo intento de conducir a la humanidad a una guerra en que morirán, también, gente inocente incluyendo jóvenes norteamericanos que merecen vivir para construir la paz y la concordia mundial.
Las consecuencias de una guerra como la que se intenta, sin perjuicio de volver sobre el tema, se pueden prever casi con exactitud aritmética. Por lo pronto podemos decir que los "señores de la guerra" estadounidenses y británicos han llegado a la conclusión de que la guerra contra Afganistán "no será un paseo" y que nada evitará la pérdida de vida humana en las tropas invasoras. Señalan que ésta no será como la guerra del golfo realizada desde el aire o cómo en Kosovo. Tendrán que entrar al territorio por tierra, tropas especiales por supuesto, en una virtual guerra irregular en que tiene ventajas quién conoce el terreno. Sólo para contrastar, en 10 años de guerra, tropas elites del ejército soviético perdieron cerca de 15 mil hombres y suficientes municiones, hoy en poder del ejército afgano.
Por su parte, un asalto por tierra o una ocupación territorial de Afganistán requiere una retaguardia de apoyo desde donde operar. Hasta hoy esas bases de apoyo son inestables. Veamos. Pakistán está al borde de una revolución interna que puede derribar al frágil gobierno existente. Cientos de miles de fundamentalistas musulmanes pakistaníes están enfrentando a su gobierno que si cae, será a favor de un régimen pro talibán. Lo mismo ocurre con la alianza del norte, oposición afgana, que intenta convertirse en una "cabeza de playa" para las fuerzas invasoras. Esta también es una base territorial muy frágil.
A su vez, la monarquía árabe saudita, el mejor aliado de los Estados Unidos después de Israel, ha pedido a los Estados Unidos que no use las bases aéreas sauditas, por el peligro que ello significa para la estabilidad de la monarquía saudita. ¿Aliados con miedo?. Por último, las repúblicas centro asiáticas ex soviéticas no parecen bases de apoyo firmes. Porque son de mayoría musulmana, por un lado. Por el otro, porque no es seguro que Rusia acepte una inestabilidad, tipo chechenis, en sus fronteras del sur.
Otra consecuencia previsible de la guerra de Bush, que no se le puede haber escapado a los estrategas del Pentágono y mucho menos al sensato de Colin Powell ( ha dado muestras de cordura y sensatez, aunque parezca increíble) es el despertar de la "revolución árabe" en todo el mundo árabe. No se debe olvidar que musulmanes son cerca de 1,000 millones de personas dispersos por todo el mundo, incluyendo occidente. Imaginémonos por un momento dos o tres o más nuevos Irán.
Para aquellos que en Panamá les gusta la guerra (obviamente "desde lejos") y que creen en ejércitos invencibles, termocéfalos por vocación, solamente debemos decirles que la humanidad es mucho más racional de lo que imaginamos y no se dejará arrastrar a una conflagración absurda sin reparos. Ocurra o no una guerra ( lo más probable es que se desate) estamos con los sectores de la iglesia panameña (Caritas de Panamá) y los sectores del mundo que han enarbolado la consigna que encabeza éste artículo. Por un imperativo moral. Aunque quedemos solos.