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Ni cupos ni corruptelas


Innumerables panameños piensan que ha llegado el momento en que este gobierno de cambio, a cargo de la presidenta Mireya Moscoso, ponga término al corrupto sistema de cupos de transporte público y lo cambie por un nuevo status que abra el transporte a la libre competencia de empresas privadas, pensando en el bienestar de los usuarios y no sólo en beneficio de sindicatos y cooperativas.
Ya han desaparecido afortunadamente las condiciones políticas con las cuales la dictadura militar torrijista manipuló el servicio de transporte público , adjudicándoselo a sindicatos a cambio de apoyos de corte populista. Tales ingratas premisas políticas no tienen razón de ser en un régimen democrático. El transporte de taxis y buses no puede seguir implementándose como un turbio intercambio de recompensas y favores y una canonjía monopólica de un puñado de dirigentes sino como un servicio público en el que se compita libremente para atender a los usuarios.
Reglamentar la entrega de cupos a tal o cual sindicato representaría perseverar en el error. El gobierno saliente prometió un nuevo marco legal para el transporte, a sabiendas de que continuaría favoreciendo a su clientela política del transporte. A este gobierno, cuya brújula se orienta hacia la atención a las mayorías, debe corresponder el replanteamiento de los fines del transporte, anteponiendo la satisfacción de las necesidades de los usuarios de uno moderno y eficiente, a cualquier interés grupal o personal.
Sindicatos y cooperativas de transporte son, en realidad, empresas disfrazadas que usufructúan un monopolio inconstitucional reñido con la libertad de empresa y la libre competencia que rigen en el país.. Los cupos equivalen a autorizaciones de funcionamiento que permiten a ciertos dirigentes aplicar condiciones arbitrarias que innumerables choferes repudian constantemente. Extirpando las raíces del vicio de los cupos; democratizando el servicio para que se compita con eficiencia y honestidad; proporcionándole al usuario vehículos en buen estado y choferes bien educados y respetuosos de las reglas del tránsito, se daría un paso enorme en el afán de servir al público con una nueva estructura de transporte.


101 años de Panamá América

 
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