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Ni en los tiempos de Justo Arosemena


Controversial como ha sido desde su formulación, el proyecto de reformas al Código Penal espera su tercer debate en las sesiones de la Asamblea Nacional. A pesar del contenido de artículos ampliamente cuestionados, el segundo debate brindado a dicho proyecto tuvo al menos la cualidad de exteriorizar las serias deficiencias del Reglamento Interno de la Asamblea en cuanto al procedimiento de votación de sus miembros. En los pocos días de lectura y discusión de tan importante documento en segundo debate, el pleno del Palacio Legislativo se caracterizó por las relativamente escasas intervenciones de los diputados, algo insólito considerando que ese proyecto de ley consta de casi 500 disposiciones tutelares de los derechos fundamentales de la nación panameña.
La causa de tanta apatía es institucional. El Artículo 93 del Reglamento Interno de la Asamblea permite a sus miembros iniciar una sesión, así como "discutir o debatir los asuntos sometidos a su consideración", con un quórum de apenas la cuarta parte de los diputados. Gracias a esta norma, sólo se necesita la presencia de 20 de un total de 78 miembros de la Asamblea para debatir cualquier proyecto de ley. En el caso de la discusión en el pleno de las reformas al Código Penal, el insignificante quórum requerido fue aprovechado al máximo, siendo notoria la ausencia de una mayoría de diputados. Este hecho, divulgado con sorna en los medios, reveló una generalizada falta de interés en la aprobación de este trascendental tema de cara a la sociedad.
Conforme a esa disposición del Reglamento Interno, es sólo al momento de una votación que se requiere de un quórum constituido por más de la mitad de los miembros de la Asamblea. Una mayoría absoluta de 40 diputados, por ejemplo, puede aprobar o rechazar un proyecto de ley en segundo debate sin importar que la mitad de ellos hubiera asistido a las sesiones en que el proyecto fue discutido. La votación en segundo debate de las reformas al Código Penal tuvo lugar el jueves 15 de febrero, vísperas del Carnaval. Afuera del Palacio Legislativo no muchos habrían sospechado que en ese día los diputados se empeñarían en aprobar durante su maratónica sesión los casi 500 artículos del documento, con un apresuramiento raramente visto en otros proyectos de ley.
Salvo algunos miembros de la Comisión de Gobierno de la Asamblea que lo había aprobado en primer debate, los diputados principales, ausentes como estuvieron en su mayoría de las sesiones, parecían desconocer la complejidad del nuevo Código Penal propuesto. Tampoco sabrían a fondo del contenido de las cerca de 100 modificaciones planteadas unas horas antes de la votación, ni de la forma en que tales modificaciones alteraban el voluminoso proyecto en su conjunto. Qué decir de los diputados suplentes, quienes por no haber participado con regularidad en las sesiones anteriores tendrían aún menos conocimiento de la detallada materia sujeta a votación. A pesar de tales circunstancias, el segundo debate se realizó en un pleno rebosante de diputados suplentes. Los principales que dijeron presente se contaban con los dedos, ignorándose si los demás ya habrían partido para celebrar las festividades carnestoléndicas fuera de la ciudad o sencillamente no deseaban comprometer su imagen votando públicamente a favor de un proyecto criticado por la ciudadanía.
La rapidez con que cada artículo fue votado puso en aprietos tanto a la Presidencia como a la Secretaría General de la Asamblea, ambas enredándose frecuentemente con las palabras y el procedimiento a seguir durante los llamados a votación, todos siempre hechos a la carrera más acelerada. Esa mayoría de diputados suplentes se limitó a votar golpeando sus pupitres con la mano, un modo anacrónico de votación autorizado por el Artículo 195 del Reglamento Interno. Con esta práctica nunca se sabe quiénes fueron los votantes, porque las votaciones nominales, aquellas en que los diputados, a diferencia del golpe de pupitre, sí deben expresar su voto tras un llamado a lista, dependen de la decisión de la mayoría. Si esa mayoría no desea que su voto quede registrado, los diputados se limitan a golpear los pupitres, sin dejar así constancia de quiénes votaron ni cómo lo hicieron.
La votación a golpes es un método arcaico, uno contrastante con el moderno sistema electrónico que hace años funcionó brevemente en la Asamblea gracias a una donación extranjera. Por motivos desconocidos, el procedimiento electrónico, el cual acredita el voto de cada diputado y los resultados totales de la votación, dejó de operar sin que parezca existir ningún interés en reactivarlo.
La transparencia y la rendición de cuentas por parte de la Asamblea Nacional como órgano del Estado, y por los diputados individualmente como servidores públicos, exigen el empleo de prácticas modernas y más democráticas que son comunes a los órganos legislativos del siglo XXI.
Los anacronismos aún permitidos bajo el Reglamento Interno de la Asamblea deben eliminarse cuanto antes, dando paso a un procedimiento que sea acorde a las reclamaciones nacionales de mayor participación, democracia y eficiencia en la Casa de Justo Arosemena.

101 años de Panamá América

 
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