Ni partidos ni candidatos vírgenes
"Nosotros somos la diferencia, representamos los sectores independientes, los que no estamos atados al pasado corrupto de la partidocracia tradicional". En esos términos escuchamos voces que censuran duro a los partidos "grandes" y se presentan como los salvadores de Panamá. Hay ciertamente muchísimas razones para criticar el actual sistema político electoral. Las reglas de juego para las postulaciones (excluir las postulaciones presidenciales y de legisladores de manera independiente, la forma de distribuir las cuotas electorales de cuocientes y medio cuocientes, la introducción de métodos prácticos y realistas de revocar mandatos a malos gobernantes o legisladores, etc.), todos los mecanismos los están produciendo ahora los partidos políticos, principalmente, los más fuertes en detrimento de las minorías políticas y de los sectores independientes. Los políticos, y todos, sabemos muy bien por encuestas y percepciones que la vida de las organizaciones partidistas será de poca duración si persisten los sistemas que se aíslan del querer de las mayorías, las cuales cada vez más aumentan en incredulidad y apatía. Creo que estas situaciones sociales y políticas están en la mesa y el que no las ve, es porque no quiere. Son realidades crudas, lo sabemos. Sin embargo, en la puerta del horno de estas elecciones escuchamos candidatos a presidentes y vicepresidentes u otras figuras vinculadas a ellos, que dicen sin ningún rubor ser personas "vírgenes" en materia política electoral. Esas voces nos quieren entusiasmar para seducir nuestros votos con la historia de que ellos no tienen que ver con ningún pasado, no tienen nada que ver con los niveles de corrupción generalizados.
Varias de esas figuras han fundado partidos de manera totalmente comercial, con grandes empresas que las proyectaron como un negocio más, como fórmulas de marketing para llegar al nicho del poder y lo que ese poder representa en billetes. Partidos formados sin ninguna base ideológica, sin fundamentos conceptuales, que han formado parte de alianzas varias, cuyos líderes han estado en juegos y rejuegos de canjes de sus legisladores, los poquitos que sacaron, para obtener espacios en el reparto de ministerios o entidades, o participando de esos ministerios en más de un gobierno. Y ahora, éstos, que ya tuvieron su cuota del sancocho de inmoralidades políticas que dicen que desean borrar del mapa, se nos presentan con el adjetivo autoimpuesto de gente virgen, dicen estar ausentes de relaciones sexuales con el poder y la corrupción.
Que sepamos, y hablemos claro, fuera de calificaciones personales o motivaciones peyorativas, de los cuatro candidatos presidenciales, dos de ellos vienen de agrupaciones con más de medio siglo de vida, uno, y el otro con la orientación de un líder que gravitó hace unos 35 años sobre Panamá. De los otros dos candidatos, uno fue del partido más antiguo actualmente (porque ya los liberales se fraccionaron) y su candidato dice seguir la misma línea, no obstante que lo postuló un partido comodín, creado con el único fin de negociar candidaturas y poder, y el otro ha sido ministro y director de entidad autónoma de dos gobiernos diferentes, ha sabido como buen comerciante sacar provecho a su minipartido fabricado al apuro, y hoy nos muestra precisamente un rostro de apariencia virginal.
No pretendemos descalificar a nadie, no debemos hacerlo. Lo que planteamos es que si bien es legítimo el clamor popular de hacer cambios estructurales en nuestro sistema político, incluidas las reformas urgentes para modernizar nuestra Constitución Nacional, lo que nos parece una trampa caza bobos es que nos vengan con historias de candidatos o políticos señoritos.
Creemos que para el torneo de mayo venidero las cartas están sobre la mesa. La gente conoce los rostros y las historias, sin sobresaltos. Pueden haber, y lo esperamos, campañas sucias, artimañas, guerras de rumores, manipulación de información, ganas de derribar a los contrarios a como de lugar; pero todas estas cosas se estrellarán contra el conocimiento interior de cada ser sobre los orígenes y búsquedas de esas pescas en ríos revueltos. Y la historia del país ha demostrado, lo conocemos bien, cómo se buscaron enlodar, en el pasado reciente y el más lejano, nombres de caudillos gigantes, algunos enfrentados, y sin embargo son precisamente los dos partidos que ellos forjaron los que tienen la mayor cantidad de seguidores. Ambos líderes fallecidos, de estilos totalmente opuestos, de conceptos distantes incluso, hicieron algo, alguna cosa, que nadie ha podido borrar de la memoria colectiva. ¡Cuidado con los boomerang!
Es tarea imposible, por tanto, pretender en estos cuatro meses de campaña querer voltear para arriba el escenario afectivo de los panameños. Los que no saben por quién votar son muy pocos. Que busquen hacer crecer sus figuras los políticos que buscan el poder, pero no pretendan crecer a base de enlodar nombres, que si están presentes es porque se lo ganaron. Además, es inmoral golpear al que no puede defenderse. Especialmente si el que golpea y busca la paja en el ojo ajeno no se ha visto la viga que todos podemos observarle en su ojo.
Varias de esas figuras han fundado partidos de manera totalmente comercial, con grandes empresas que las proyectaron como un negocio más, como fórmulas de marketing para llegar al nicho del poder y lo que ese poder representa en billetes. Partidos formados sin ninguna base ideológica, sin fundamentos conceptuales, que han formado parte de alianzas varias, cuyos líderes han estado en juegos y rejuegos de canjes de sus legisladores, los poquitos que sacaron, para obtener espacios en el reparto de ministerios o entidades, o participando de esos ministerios en más de un gobierno. Y ahora, éstos, que ya tuvieron su cuota del sancocho de inmoralidades políticas que dicen que desean borrar del mapa, se nos presentan con el adjetivo autoimpuesto de gente virgen, dicen estar ausentes de relaciones sexuales con el poder y la corrupción.
Que sepamos, y hablemos claro, fuera de calificaciones personales o motivaciones peyorativas, de los cuatro candidatos presidenciales, dos de ellos vienen de agrupaciones con más de medio siglo de vida, uno, y el otro con la orientación de un líder que gravitó hace unos 35 años sobre Panamá. De los otros dos candidatos, uno fue del partido más antiguo actualmente (porque ya los liberales se fraccionaron) y su candidato dice seguir la misma línea, no obstante que lo postuló un partido comodín, creado con el único fin de negociar candidaturas y poder, y el otro ha sido ministro y director de entidad autónoma de dos gobiernos diferentes, ha sabido como buen comerciante sacar provecho a su minipartido fabricado al apuro, y hoy nos muestra precisamente un rostro de apariencia virginal.
No pretendemos descalificar a nadie, no debemos hacerlo. Lo que planteamos es que si bien es legítimo el clamor popular de hacer cambios estructurales en nuestro sistema político, incluidas las reformas urgentes para modernizar nuestra Constitución Nacional, lo que nos parece una trampa caza bobos es que nos vengan con historias de candidatos o políticos señoritos.
Creemos que para el torneo de mayo venidero las cartas están sobre la mesa. La gente conoce los rostros y las historias, sin sobresaltos. Pueden haber, y lo esperamos, campañas sucias, artimañas, guerras de rumores, manipulación de información, ganas de derribar a los contrarios a como de lugar; pero todas estas cosas se estrellarán contra el conocimiento interior de cada ser sobre los orígenes y búsquedas de esas pescas en ríos revueltos. Y la historia del país ha demostrado, lo conocemos bien, cómo se buscaron enlodar, en el pasado reciente y el más lejano, nombres de caudillos gigantes, algunos enfrentados, y sin embargo son precisamente los dos partidos que ellos forjaron los que tienen la mayor cantidad de seguidores. Ambos líderes fallecidos, de estilos totalmente opuestos, de conceptos distantes incluso, hicieron algo, alguna cosa, que nadie ha podido borrar de la memoria colectiva. ¡Cuidado con los boomerang!
Es tarea imposible, por tanto, pretender en estos cuatro meses de campaña querer voltear para arriba el escenario afectivo de los panameños. Los que no saben por quién votar son muy pocos. Que busquen hacer crecer sus figuras los políticos que buscan el poder, pero no pretendan crecer a base de enlodar nombres, que si están presentes es porque se lo ganaron. Además, es inmoral golpear al que no puede defenderse. Especialmente si el que golpea y busca la paja en el ojo ajeno no se ha visto la viga que todos podemos observarle en su ojo.