Ni un tiro más
Todo presagia que hemos hallado el sendero hacia el control y recuperación de la seguridad, alto a la violencia, crimen, equilibrio y paz social que tanto ha venido reclamando y merece la ciudadanía. La Policía Nacional (PN) y DIJ vienen demostrando con hechos evidentes, casi cotidianos, un alto desempeño profesional y resultados eficientes. Todos somos testigos de la detección y captura sorprendentemente rápida, de horas, por ejemplo, de los malhechores que cegaron la vida del ciudadano y empresario español Manuel Machín Ramos, y la recuperación de un contenedor cargado de mercancía; así como otros asaltos frustrados.
El cuerpo de la PN, muy castigado por severas críticas, esta vez merece los reconocimientos de la ciudadanía y medios de comunicación a manera de estímulo a oficiales, clases y tropas a través de sus directores comisionados Francisco Troya y el saliente Jaime Ruiz. No deseo insinuar que ya todo está resuelto, al contrario, más bien es ahora cuando empieza la gran faena e impulso hacia el perfeccionamiento del sistema de "Seguridad Integral" que, por razones burocráticas y celos profesionales, no ha logrado despegar acoplada y en apoyo como palanca de fuerza con los planes de operación de la Policía, para bajar con programas de Acción Cívica Policial e Inter Institucional, coordinados por el PROSI, las Iglesias, el MIDES, Pan Deportes, el INAC, INADEH y Policía Nacional (DIJ) en los barrios lúgubres y malolientes, prisioneros de la pobreza, promiscuidad y paupérrimo, para renovarles esperanzas y recordarles que son seres humanos y no fieras marginadas por la sociedad. Y es precisamente en estos ghettos donde germinan y crecen los semilleros de relevos generacionales de delincuentes, ciudadanos deformados por el medio ambiente e ineficiencia o imperfección del sistema de gobierno, en la distribución de la educación, salud y riqueza nacional, con un modelo depurado de justicia social.
Sin embargo ante el repunte de la labor policial, vale sugerir respetuosamente a los candidatos que aspiran a gobernar la República en el próximo quinquenio, tratar de sincronizar y armonizar desde hoy la estrategia vigente contra el crimen y delincuencia que ya implementa nuestro gobierno, con la visión de cada candidato y sus especialistas en este tema, y que de allí emerja una Estrategia de Seguridad consensuada para los próximos 15 años, que se honre como un tema de Estado y de obligado cumplimiento en los tres próximos periodos constitucionales.
Sugiero a los ministros Arcia y Cigarruista examinar la idea de cerrar por un periodo de dos años, la entrada al país, por los canales comerciales dentro de la ley, todos tipo de munición para armas de fuego cortas y largas; además fulminantes vírgenes y pólvora para recargar cartuchos. Obsérvese que no cito en esta veda temporal las armas, ya que éstas, sin munición, se convierten apenas en objetos de hierro. El 90% de las municiones de donde se abastecen las pandillas, malhechores y otros ciudadanos al margen de la ley, proviene del mercado negro o trasiego de munición que ingresa al país por los conductos legales al comercio establecido. Acepto que entra munición de contrabando desde Costa Rica, pero en muy bajo y ridículo porcentaje, pero nada desde Colombia.
He sugerido dos años de veda, porque estoy seguro que en ese periodo el Estado ha logrado perfeccionar sus leyes, mecanismo de control y seguimiento de cada cartucho que se expende y explota en el país. Ante la reacción lógica y comprensible de reclamos por los comerciantes que se dedican al negocio de importación y venta de municiones, los cuales no llegan a 50 establecimientos incluyendo los clubes de tiro con sus máquinas recicladotas de cartuchos, el Estado podrá hallar, previa negociación y acuerdos con los empresarios, la fórmula para no perjudicar sus actividades en esos dos años. Cualquier solución resultará un menor costo social y económico para el país. Con esta medida, a partir de los primeros seis meses de vigencia, pandillas y malhechores se quedarían sin munición para sus asaltos, crímenes y balaceras, y los índices delincuencia y violencia descenderían.