Nicaragua en la encrucijada
Managua (AIPE)- El 4 de noviembre los nicaragüenses elegiremos al presidente, vicepresidente y los diputados al parlamento nacional. Dos son los candidatos que se disputan la presidencia: el liberal Enrique Bolaños, del partido que está actualmente en el poder, y el sandinista Daniel Ortega.
Bolaños, un ex empresario de éxito, fungió como vicepresidente en los primeros cuatro años del actual gobierno que preside Arnoldo Alemán y en la década de los 80 lideró la encarnizada lucha que el sector privado nicaragüense, para medio sobrevivir, tuvo que librar contra el gobierno sandinista.
Daniel Ortega, un líder revolucionario de izquierda que formó parte de la junta de gobierno que se formó a la caída del régimen de Anastasio Somoza en 1979, fue presidente de Nicaragua entre 1984 y 1990. Durante su mandato, la economía del país sufrió un retroceso de 40 años, y las libertades civiles y políticas desaparecieron por completo. En las elecciones de 1990, Ortega fue derrotado por Violeta Barrios de Chamorro, sufriendo un nuevo revés electoral en 1996 a manos del liberal Arnoldo Alemán. Pero esta vez, las circunstancias no parecen serle tan adversas. Ortega ha sabido capitalizar los desaciertos políticos del presidente Alemán y las abundantes acusaciones de corrupción en contra del mandatario. A escasos días de los comicios, las encuestas indican que se encuentra virtualmente empatado con Enrique Bolaños.
En esta campaña electoral, Daniel Ortega ha hecho todo lo necesario para ocultar su desastroso pasado. La tradicional pañoleta roja y negra que antes lucía al cuello, como un honroso distintivo revolucionario, brilla por su ausencia. En su lugar, viste camisas de color rosa y adorna su propaganda electoral con florecitas y mensajes de inspiración bíblica, como aquellos que hablan de "la tierra prometida" y de que "el amor es más fuerte que el odio". El himno sandinista, con su famosa frase de "luchamos contra el yanqui, enemigo de la humanidad", también se ha dejado de cantar, al menos por el momento. Hace unos meses, en un bien calculado acto propagandístico, Ortega se abrió la camisa frente a un grupo de periodistas para mostrar un gran crucifijo en el pecho, tratando así de demostrar que su profesado ateismo es cosa del pasado. Esos gestos, sumados a la escasa memoria histórica de los electores y a los abusos cometidos por Alemán y su gobierno, han logrado ubicar la intención de votos a su favor unos 6 puntos por encima del nivel máximo que logró Mientras tanto, su principal rival, Enrique Bolaños, es un candidato con un currículum personal, profesional, y político, intachable. Jamás ha sido acusado de un acto de corrupción. Sin embargo, el haber sido vicepresidente de Arnoldo Alemán, quien sí ha sido señalado de deshonesto en múltiples ocasiones, le ha impedido, hasta el momento, aventajar claramente a Ortega.
La pregunta es: ¿cuál de los dos candidatos le conviene a Nicaragua? No cabe duda que si se establece como criterio de escogencia la capacidad profesional y el historial de cada uno de ellos, Bolaños es a todas luces superior a Ortega. Pero no sólo eso. La filosofía política que profesan cada uno de ellos y sus respectivos partidos, los diferencia grandemente. Bolaños es un liberal que respeta la propiedad privada y que favorece la libertad individual y la economía de mercado, mientras que Ortega, que cuando fue presidente confiscó propiedades arbitrariamente y que estatizó la economía hasta dejarla en escombros, sigue manifestándose en contra del "neoliberalismo".
Y por si fuera poco, Ortega y el Frente Sandinista insisten en apoyar a organizaciones rabiosamente antinorteamericanas, como la "Mathaba Mundial", que fue organizada por el dictador libio Moammar Gaddafy en 1982 y reactivada por ese mismo personaje el año pasado. El apoyo sandinista a la "Mathaba Mundial" consta en el informe que a principios de este año rindió Ortega al Tercer Congreso del Frente Sandinista. Un triunfo de Ortega pondría a Nicaragua en una situación difícil con Estados Unidos, país que a través de John Keane, subsecretario adjunto interino para el hemisferio occidental del Departamento de Estado, ya advirtió a principios de este mes, que una victoria sandinista sería "desconcertante" para su país.
(c) * Corresponsal de AIPE y miembro del consejo editorial del diario La Prensa.www.aipenet.com
Bolaños, un ex empresario de éxito, fungió como vicepresidente en los primeros cuatro años del actual gobierno que preside Arnoldo Alemán y en la década de los 80 lideró la encarnizada lucha que el sector privado nicaragüense, para medio sobrevivir, tuvo que librar contra el gobierno sandinista.
Daniel Ortega, un líder revolucionario de izquierda que formó parte de la junta de gobierno que se formó a la caída del régimen de Anastasio Somoza en 1979, fue presidente de Nicaragua entre 1984 y 1990. Durante su mandato, la economía del país sufrió un retroceso de 40 años, y las libertades civiles y políticas desaparecieron por completo. En las elecciones de 1990, Ortega fue derrotado por Violeta Barrios de Chamorro, sufriendo un nuevo revés electoral en 1996 a manos del liberal Arnoldo Alemán. Pero esta vez, las circunstancias no parecen serle tan adversas. Ortega ha sabido capitalizar los desaciertos políticos del presidente Alemán y las abundantes acusaciones de corrupción en contra del mandatario. A escasos días de los comicios, las encuestas indican que se encuentra virtualmente empatado con Enrique Bolaños.
En esta campaña electoral, Daniel Ortega ha hecho todo lo necesario para ocultar su desastroso pasado. La tradicional pañoleta roja y negra que antes lucía al cuello, como un honroso distintivo revolucionario, brilla por su ausencia. En su lugar, viste camisas de color rosa y adorna su propaganda electoral con florecitas y mensajes de inspiración bíblica, como aquellos que hablan de "la tierra prometida" y de que "el amor es más fuerte que el odio". El himno sandinista, con su famosa frase de "luchamos contra el yanqui, enemigo de la humanidad", también se ha dejado de cantar, al menos por el momento. Hace unos meses, en un bien calculado acto propagandístico, Ortega se abrió la camisa frente a un grupo de periodistas para mostrar un gran crucifijo en el pecho, tratando así de demostrar que su profesado ateismo es cosa del pasado. Esos gestos, sumados a la escasa memoria histórica de los electores y a los abusos cometidos por Alemán y su gobierno, han logrado ubicar la intención de votos a su favor unos 6 puntos por encima del nivel máximo que logró Mientras tanto, su principal rival, Enrique Bolaños, es un candidato con un currículum personal, profesional, y político, intachable. Jamás ha sido acusado de un acto de corrupción. Sin embargo, el haber sido vicepresidente de Arnoldo Alemán, quien sí ha sido señalado de deshonesto en múltiples ocasiones, le ha impedido, hasta el momento, aventajar claramente a Ortega.
La pregunta es: ¿cuál de los dos candidatos le conviene a Nicaragua? No cabe duda que si se establece como criterio de escogencia la capacidad profesional y el historial de cada uno de ellos, Bolaños es a todas luces superior a Ortega. Pero no sólo eso. La filosofía política que profesan cada uno de ellos y sus respectivos partidos, los diferencia grandemente. Bolaños es un liberal que respeta la propiedad privada y que favorece la libertad individual y la economía de mercado, mientras que Ortega, que cuando fue presidente confiscó propiedades arbitrariamente y que estatizó la economía hasta dejarla en escombros, sigue manifestándose en contra del "neoliberalismo".
Y por si fuera poco, Ortega y el Frente Sandinista insisten en apoyar a organizaciones rabiosamente antinorteamericanas, como la "Mathaba Mundial", que fue organizada por el dictador libio Moammar Gaddafy en 1982 y reactivada por ese mismo personaje el año pasado. El apoyo sandinista a la "Mathaba Mundial" consta en el informe que a principios de este año rindió Ortega al Tercer Congreso del Frente Sandinista. Un triunfo de Ortega pondría a Nicaragua en una situación difícil con Estados Unidos, país que a través de John Keane, subsecretario adjunto interino para el hemisferio occidental del Departamento de Estado, ya advirtió a principios de este mes, que una victoria sandinista sería "desconcertante" para su país.
(c) * Corresponsal de AIPE y miembro del consejo editorial del diario La Prensa.www.aipenet.com