“Nihil novum sub sole”
La expresión en el título es atribuida al sabio Salomón. “Nada nuevo bajo el sol”, evidencia escepticismo, pesimismo y conclusión negativa de su mundo. Si ése fuera el contenido elemental de la frase, nosotros tendríamos que decir lo mismo, aquí nada cambia, todo es “más de lo mismo”: Las desigualdades sociales se acentúan, las violaciones a las leyes son evidentes, se justifica todo, elaboramos un mundo oscuro o gris.
Creamos una normatividad que permite a los jubilados seguir laborando, constituyéndose en una negativa al derecho al trabajo que tenemos todos. Nombramiento de personas que participan en todos los gobiernos y su aporte es casi nulo, eso es algo antiético y contraproducente para el desarrollo del país. ¿Cuál es la razón? Haberse cambiado de partido político o haber apoyado a éste o aquel candidato presidencial.
Que en todos los gobiernos se nombren a personas que, académicamente, no son aptas para el puesto, ya que existe una legislación que así lo determina y que lo justifiquen con cualquier cantidad de falacias y demagogia. La buena voluntad, no basta.
Que nuestros periodistas estén confundidos entre influenza e influencia, entre hurto y robo, secuestro y privación de la libertad, entre pedofilia y pederastia, entre homicidio y asesinato; y en los programas de debates el ánimo exagerado por no dejar hablar a los invitados, por querer demostrar su sapiencia en cualquier tema, o que tengan siempre a los mismos invitados que ya nada aportan.
Que los requisitos para ser funcionario sean tan elementales. Que para ser Presidente de la República, los requisitos son sólo dos e ingenuos (Constitución Nacional, Artículo 179); para ser Diputado hay cinco criterios y ninguno se refiere a la formación académica (Art. 153); y si usted quiere ser ministro de Estado, lea el artículo 196 de la Carta Magna, haciéndole falta sólo que sea amigo del presidente electo o que le haya apoyado pública o privadamente.
Que hablemos de todo, menos de por qué no hay más exigencias académicas, humanas, éticas para aquellos que de una u otra forma dirigirán al país. ¿No es una contradicción exigirle mucho al ciudadano común y muy poco a nuestros gobernantes? Esta falta de coherencia, ¿no será la causa de que, muchas de nuestras instituciones públicas sean un verdadero desastre?
Así, en actitud pesimista, terminaremos aceptando que “nada nuevo hay bajo el sol”, y que esto se da porque, como seres humanos, nos hemos construido ambientes muy rutinarios y en donde el mundo nuevo es sólo un sueño, ya que tenemos miedo a transformarnos, pues el quietismo nos hace sentirnos seguros; y peor aún, no exigimos para que no nos exijan. De usted depende la novedad bajo el sol.