Niñez atropellada
En este mundo acelerado por el temor de no poder alcanzar el futuro a tiempo, estamos perdiendo el valor de hacer las cosas a su debido tiempo.
Bien dice la Biblia que hay un tiempo para todo, pero el frenesí de la modernidad no nos da tiempo para comprenderlo. La última moda en las escuelas particulares es adelantar cada vez más el momento de enseñar a lo niños a leer y escribir. Las computadoras, con todos sus beneficios, desvían a los niños de actividades en donde se practican ciertas destrezas físicas que son clave para su desarrollo integral, y la necesidad social de que ambos progenitores trabajen, cuando no es el caso de una familia monoparental, señalan preocupantes tendencias a atropellar el proceso de aprendizaje infantil.
Jugar con tortitas de lodo permite desarrollar la motricidad fina, saltar soga o jugar rayuela ayudan a desarrollar el equilibrio, los deportes como el béisbol o el baloncesto ayudan a la coordinación visual-manual; y así tantas otras actividades lúdicas que realmente tienen como función el desarrollo de las conexiones neuronales que permiten el desarrollo integral de los infantes. Por otra parte, saltarse la etapa de socialización propia de los jardines infantiles, para dar paso acelerado al aprendizaje de la lecto escritura, sumado al uso de la computadora, ambas actividades primordialmente individualistas, están por producir una generación de instrospectos ilustrados con capacidades sociales muy limitadas.
Ya es hora de hacer una alto en este proceso de atropellamiento de la niñez y revisar las decisiones que hemos tomado en cuanto al modelo educativo. La hipercompetitividad de esta generación de padres, que sólo le dan valor a las notas y grados académicos, puede terminar robándole a sus propios hijos el don más preciado: su niñez.