Niños en Patacón
Si tanta preocupación hay por el trabajo infantil, ¿por qué no ocuparse de los que nadie ve, esto es, de los que trabajan recogiendo basura en Cerro Patacón? Las condiciones del lugar son no solo extramadamente insalubres, sino también en extremo peligrosas, porque compiten en territorios disputados a navajazos por viciosos y maleantes de todas las calañas.
¡Vamos! ¡Dense una vuelta las autoridades por allá! Llévense, eso sí, una buena provisión de bolsas para vomitar, lo que será inevitable por los hedores nauseabundos del lugar. ¿Qué hacen niños de pocos años deambulando por aquí y por allá? Pues recogiendo latas y metales para la reventa, pero no para ellos, sino para otros. ¡Esa sí es una explotación! Esta vez sugerimos no recoger a nadie sin una solución alternativa. De antemano todos los retirados de la actividad deben tener escuela asegurada, con todos sus implementos y sus tres comidas. Y, sobre todo, darles seguimiento. Las familias deben ser igual de evaluadas para asegurar que hagan su parte.
Si ha de impedirse el trabajo infantil, debe brindarse alternativas para que los niños no caigan presas de vicios y males mucho peores que los que se intenta erradicar. Hay que entender las peculiaridades de cada situación. Así por ejemplo, si niños indígenas recogen café, se puede ver como explotación; pero también como una forma de preservar la unidad familiar y la docencia del esfuerzo conjunto de padres e hijos como parte de una noción de economía colectiva propio de su cultura de tiempos inmemoriales. Hay que ir con cautela en eso de transplantar políticas foráneas.
¡Vamos! ¡Dense una vuelta las autoridades por allá! Llévense, eso sí, una buena provisión de bolsas para vomitar, lo que será inevitable por los hedores nauseabundos del lugar. ¿Qué hacen niños de pocos años deambulando por aquí y por allá? Pues recogiendo latas y metales para la reventa, pero no para ellos, sino para otros. ¡Esa sí es una explotación! Esta vez sugerimos no recoger a nadie sin una solución alternativa. De antemano todos los retirados de la actividad deben tener escuela asegurada, con todos sus implementos y sus tres comidas. Y, sobre todo, darles seguimiento. Las familias deben ser igual de evaluadas para asegurar que hagan su parte.
Si ha de impedirse el trabajo infantil, debe brindarse alternativas para que los niños no caigan presas de vicios y males mucho peores que los que se intenta erradicar. Hay que entender las peculiaridades de cada situación. Así por ejemplo, si niños indígenas recogen café, se puede ver como explotación; pero también como una forma de preservar la unidad familiar y la docencia del esfuerzo conjunto de padres e hijos como parte de una noción de economía colectiva propio de su cultura de tiempos inmemoriales. Hay que ir con cautela en eso de transplantar políticas foráneas.