Niños, Estado y Familia
Ha sido Benedicto XVI quien, a fuerza de hechos y de una preocupación creciente, lo ha recordado recientemente: los primeros y más importantes educadores de los hijos son los padres. Y lo ha recordado porque después de la revolución tecnológica, la expansión del mercado y la influencia innegable de los medios de comunicación, pareciera que el anarquismo de la calle fuera padre y madre de los niños.
Y don Benedicto XVI tiene tremenda razón, pero también es cierto que una gran cantidad de padres lucha hoy casi sin éxito contra las fuerzas distorsionantes de la sociedad, la pornografía libertina, entendida como libertad de expresión, la violencia organizada y el sexo desenfrenado que aparece cotidianamente en la televisión y en la gran pantalla. Una suma de antivalores que registran los padres con sorpresa, y hasta con impotencia, cuando uno de sus hijos cae en manos de las drogas, las pandillas; o víctimas de algún tipo de violación.
No hay efecto sin causa, y en medio de todo este drama aparece inerme la familia, deshecha y torpedeada, sin que la fuerza de la sociedad acuda en su apoyo o se convenza de que solo la defensa de ésta asegura el futuro del sistema, y permite cumplir con el acertado consejo de Benedicto XVI. Pero, ¿cómo cumplir con el Papa si falla el deber social del Estado en apoyo de la familia?