Niños, inflación y crisis
La situación reciente de la economía panameña se ha caracterizado, como hemos señalado anteriormente, por un episodio inflacionario que no solo ha elevado el costo general de vida en cerca del 16%, sino que, además, ha generado un incremento del 31% en los costos de los alimentos y bebidas. La gravedad de esta situación se aprecia mejor si se tiene en cuenta que antes de que se iniciara el proceso inflacionario el país mostraba una situación de subnutrición que afectaba al 17% de la población.
Lo más dramático de todo esto es, sin embargo, el necesario impacto negativo del creciente costo de los alimentos sobre la situación de la niñez panameña. Esto se evidencia recordando que cuando se aceleraba el alza del precio de los alimentos, de acuerdo al llamado criterio del peso para la edad, cerca del 4% de los niños menores de 5 años se encontraban en condiciones de subnutrición, mientras que aproximadamente 18% de los mismos mostraban riesgo de desnutrición. Si, como complemento, se utiliza el criterio de talla para la edad, la situación aparece agudizada, habida cuenta de que el 19.5% de los niños menores de cinco años habrían manifestado una situación de desnutrición, mientras que un 25.8% adicional mostraría algún tipo de riesgo de desnutrición.
Al problema de la desnutrición infantil se suma el del trabajo infantil, que afecta a cerca de 90,000 niños y niñas panameñas. Este no solo los pone en condiciones de vulnerabilidad social, sino que afecta su proceso de educación, lo que limita de manera más que significativa su futura capacidad de insertarse adecuadamente en el mercado laboral. Es así, por ejemplo, que un niño que ingresa al mercado laboral a los 15 años tiene una probabilidad de 50% de no volver nunca a la escuela. Si se tiene en cuenta que los efectos de la crisis global del sistema ha llevado a que el valor del PIB real haya crecido en apenas 1.9% en el último trimestre, mientras que el PIB real por persona se encuentra prácticamente estancado, es fácil concluir que la situación de muchos hogares panameños, principalmente los más pobres, están sufriendo un proceso de deterioro, agravado, vale la pena agregar, por el impacto inflacionario. Esto, a su vez, no puede menos que poner en marcha un proceso por medio del cual un mayor número de niños y niñas se ven lanzados prematuramente al mercado laboral. Aparece así una aceleración de lo que Myrdal llamó el proceso circular y acumulativo de la pobreza.
Frente a esta situación las noveles autoridades del ámbito económico y social no solo guardan un silencio culpable, sino que carecen de una estrategia clara de cómo enfrentar el problema. Nuevamente aparece la responsabilidad de que los sectores populares y progresistas del país generen las condiciones para un cambio profundo en el estilo de desarrollo del país.