No aflojemos, ¡la delincuencia empieza a ceder!
Para nuestra sorpresa y de las propias autoridades empeñadas desde hace dos semanas en el presente esfuerzo, la ofensiva de represión policial contra el crimen empieza a dar jugosos frutos. La delincuencia, tomada por sorpresa por lo persistente y recio de los operativos, empieza a retroceder. Cada día cae más de un centenar de detenidos, los cuales son fichados y verificados. En ese ejercicio, la mayoría es liberada y unos poco se quedan para aguardar juicio o en trámite de alguna medida cautelar. Pero el saldo acumulado suma algunos centenares que van en aumento.
Los maleantes están en mala época. Todos los días, oleadas de agentes invaden sus barrios, casa por casa, respondiendo a los disparos con que son recibidos, "con la misma vara y una cuarta más". Varios delincuentes han caído muertos o heridos. Los vecinos protestan, las madres y parientes lloran e imploran clemencia, pero la fuerza de la represión no mengua, sino que arrecia. Los santuarios criminales están siendo reducidos por la fuerza, gracias al asedio. Los pandilleros están huyendo y siendo diezmados. Los que han intentado hacer de las suyas están siendo apresados. La operación "Mano Dura" es exitosa.
Por primera vez en años, la policía se adelanta a los delincuentes y los apresa antes que puedan dar el golpe, como los atrapados en Los Pueblos, el jueves pasado. Ya están corriendo la voz, la cosa va en serio; y lo más curioso es que, en medio de la confusión de la polémica, creen que la cadena perpetua y la pena de muerte han sido instauradas; y están poniendo pies en polvorosa, llenos de pánico, con los agentes siguiéndoles los pasos. Los asesinos del abogado y empresario colonense muerto hace unas semanas y los que ultimaron a tiros a un turista en el Corredor, ya cayeron o están vías de serlo. Nunca antes hubo una acción tan prolongada.
Estamos seguros que si se hace permanente o se mantiene así por al menos tres meses, la delincuencia saldría con su columna vertebral fracturada. Falta, no obstante, amarrar el aspecto legal, del endurecimiento de las penas y la protección legal del policía, para que pueda hacer su trabajo tranquilo, seguro de que cuenta a su favor con una presunción de inocencia reforzada para caso de quejas y reclamos. Y para las limitaciones carcelarias, proponemos convertir al estadio Juan Demóstenes Arosemena en una cárcel provisional, mientras se construye una nueva.
Los maleantes están en mala época. Todos los días, oleadas de agentes invaden sus barrios, casa por casa, respondiendo a los disparos con que son recibidos, "con la misma vara y una cuarta más". Varios delincuentes han caído muertos o heridos. Los vecinos protestan, las madres y parientes lloran e imploran clemencia, pero la fuerza de la represión no mengua, sino que arrecia. Los santuarios criminales están siendo reducidos por la fuerza, gracias al asedio. Los pandilleros están huyendo y siendo diezmados. Los que han intentado hacer de las suyas están siendo apresados. La operación "Mano Dura" es exitosa.
Por primera vez en años, la policía se adelanta a los delincuentes y los apresa antes que puedan dar el golpe, como los atrapados en Los Pueblos, el jueves pasado. Ya están corriendo la voz, la cosa va en serio; y lo más curioso es que, en medio de la confusión de la polémica, creen que la cadena perpetua y la pena de muerte han sido instauradas; y están poniendo pies en polvorosa, llenos de pánico, con los agentes siguiéndoles los pasos. Los asesinos del abogado y empresario colonense muerto hace unas semanas y los que ultimaron a tiros a un turista en el Corredor, ya cayeron o están vías de serlo. Nunca antes hubo una acción tan prolongada.
Estamos seguros que si se hace permanente o se mantiene así por al menos tres meses, la delincuencia saldría con su columna vertebral fracturada. Falta, no obstante, amarrar el aspecto legal, del endurecimiento de las penas y la protección legal del policía, para que pueda hacer su trabajo tranquilo, seguro de que cuenta a su favor con una presunción de inocencia reforzada para caso de quejas y reclamos. Y para las limitaciones carcelarias, proponemos convertir al estadio Juan Demóstenes Arosemena en una cárcel provisional, mientras se construye una nueva.