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No baratos, sino peores


Los políticos argentinos están preocupados por el aumento del precio de los medicamentos. Y como en tantas otras circunstancias, ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Que los precios de los medicamentos han aumentado, incluso hasta el 200% este año, nadie lo duda, pero ellos no miran al descalabro que han generado a través de la destrucción de la moneda, devaluando, declarando el default sobre la deuda pública, destruyendo el sistema financiero y volviendo a emitir billetes para financiar el déficit del gasto público estatal. Nada de eso forma parte de sus consideraciones: ellos miran a los laboratorios farmacéuticos y les place encontrar allí culpables a quienes transferir parte de sus propias culpas. Además los laboratorios, sobre todo los más grandes que son empresas internacionales, tienen "mucho dinero" y eso, para los políticos y una parte de los argentinos, ya es una prueba de que son culpables.
Entonces, para beneficiar a las "masas" y castigar a los expoliadores que aumentan los precios, han decidido aprobar, casi unánimemente, una ley que obliga a los médicos a recetar genéricos. Esto significa que en lugar de recetar una determinada marca como hasta ahora, deben poner el componente químico de la misma.
Los laboratorios han criticado esta norma, pero no es éste el principal problema que genera. Dado el desconocimiento que usualmente tenemos los pacientes respecto a los distintos remedios disponibles, por cierto es que necesitamos consejo para saber cuál utilizar. Hasta ahora, lo obteníamos de nuestros médicos. Si éstos tuvieran que indicar solamente el componente químico, ¿quién nos aconsejará qué remedio específico comprar? La norma aprobada no elimina esto del todo, ya que obliga al médico a recetar el componente, pero le permite incluir en la receta la "marca" que él sugiere.
111 ... han decidido aprobar, casi unánimemente, una ley que obliga a los médicos a recetar genéricos. Esto significa que en lugar de recetar una determinada marca como hasta ahora, deben poner el componente químico de la misma.
Esto parece no cambiar las cosas demasiado, pero queda pendiente una cuestión muy importante: ¿quién tendrá ahora la responsabilidad por el efecto que un determinado remedio pueda ocasionar? Hasta ahora, el médico era responsable por el trato y cuidado que daba al paciente, lo cual incluía la calidad del remedio recetado. ¿Quedará ahora a salvo de responsabilidad si el paciente decide comprar otro porque el farmacéutico le dice que es más barato?
Además, existe otro problema más serio aún. Tenderán ahora a proliferar remedios "genéricos" sin marca y la pregunta es obvia: ¿cómo se controla la calidad? ¿Será el farmacéutico el responsable de la calidad de los genéricos sin marca que vende? Nada de eso dice la nueva norma, por lo que habrá de esperarse que surjan una serie de productores desconocidos que se dediquen a copiar productos, tanto sean patentados como aquellos cuyas patentes hayan vencido, ofreciéndolos a precios bajos ya que no cargan con gastos de promoción de la marca ni del pago de patentes.
Lamentablemente, los políticos poco entienden acerca del papel que una "marca" cumple en el funcionamiento del mercado como mecanismo para garantizar la calidad. Pensemos en alguno de los grandes laboratorios internacionales, o incluso alguno de los grandes locales que tienen mucho prestigio, ¿estarían dispuestos a arriesgar su nombre (marca) reduciendo la calidad de los componentes para lograr una eventual y pasajera ganancia? Pues hacerlo sería mortal, ya que el menor contratiempo lograría destruir un prestigio logrado luego de años de asegurar remedios de buena calidad.
En cambio, el que produce "genéricos" sin marca, poco tiene para arriesgar. Es más, siendo que su propio nombre no está en juego, irá detrás de los componentes más baratos, por más que sean los peores. En definitiva, entonces, los legisladores argentinos no han aprobado una ley para lograr que los remedios sean más baratos, sino una para que sean peoresa.
*Corresponsal de la agencia AIPE.
(c)www.aipenet.com

A un año del 11 de septiembre la tendencia es hacia un mayor unilateralismo por parte de los EEUU y hacia que Bush trate de imponer su modelo eco-social mediante acciones de fuerza cada vez más osadas.
*Se especializa en conflictos. Colabora en la BBC, El Comercio, La Opinión, CNI y El Panamá América. London School of Economics
(bigio@lse.ac.uk)

Luego de graduarse, Clara no pudo ejercer la profesión de abogada, toda vez que existía una ley que le impedía ejercer la abogacía a las mujeres. Durante dicho intervalo de tiempo, trabajó como profesora en un centro educativo.
222 Hoy en horas de la mañana, el Vicedecanato de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá rendirá un tributo a la primera mujer universitaria y abogada, con un monumento que quedará para la posteridad.
El 8 de diciembre de 1922, formó junto a Sara Sotillo, Elida de Crespo, Enriqueta Morales, Sara Barrera, Rosa Navas y otras mujeres, en su mayoría educadoras, el movimiento femenino que se denominó "Renovación", cuyo principal objetivo fue el de ganar adeptas y el apoyo de personalidades masculinas para la reforma de las leyes civiles y políticas a favor de la igualdad de la mujer y presentar a la Asamblea un proyecto de ley sobre el voto femenino.
En 1923 fundó el Partido Nacional Feminista; partido que luchó durante dos décadas por la igualdad legal y política de las mujeres y por su emancipación social, cultural y económica. Fue gracias al gran trabajo realizado por Clara y las mujeres que la acompañaron, que en 1946 la panameñas obtuvieron parcialmente el voto y la igualdad de derechos políticos. También en 1923 esta mujer, junto a sus compañeras del Partido Nacional Feminista, fundó la Escuela de Cultura Femenina, el primer centro de esta naturaleza para mujeres que existió hasta 1930.
En 1927, obtuvo una beca y viajó a Estados Unidos para proseguir estudios de postgrado en la Universidad de Nueva York y en 1929 obtuvo el diploma de doctora en leyes, siendo la primera mujer en Latinoamérica en ostentar tal título.
En 1940, se casó con un ingeniero norteamericano, Charles Behringer, quien laboraba en la Zona del Canal y aunque no tuvo descendencia con él, su cariño de madre lo volcó sobre sus sobrinos y sobrinas.
En julio de 1942, Clara colaboró en la redacción de un Decreto, que creó el Instituto de Vigilancia y Protección del Niño, el Departamento de Corrección y una Clínica Psiquiátrica Móvil. También ese año, el gobierno la envió a Estados Unidos, como integrante de una comisión, a cursar estudios sobre delincuencia juvenil, sobre instituciones de menores y sobre régimen penitenciario y a su regreso al país, fue designada Comisionada General del Instituto del Niño.
El 31 de diciembre 1944, fundó el Partido "Unión Nacional de Mujeres", teniendo destacadas dirigentes como Josefina Oller, Guillermina de Casco Díaz, Magdalena de Briceño, Stella Sierra, Gumercinda Páez y otras; establecieron escuelas de ciudadanía y centros populares de cultura en diversos barrios y además lucharon por el pleno derecho de las mujeres al sufragio, lo que finalmente lograron en 1946 cuando se promulgó la nueva Constitución panameña.
En 1945 Clara González fue postulada por el Partido Liberal Renovador, como candidata a diputada de la Asamblea Constituyente. De 1945 a 1946, doña Clara ejerció el cargo de Viceministra de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública, convirtiéndose en una de las primeras abogadas en ocupar un alto cargo en el gobierno. En las elecciones presidenciales del año 1948, Clara fue candidata a la segunda Vicepresidencia de la República por el Partido Liberal Renovador.
En 1951 presentó la ley que dio lugar a la creación del Tribunal Tutelar de Menores y fue elegida por la Corte Suprema de Justicia, como la primera Jueza de Menores, ejerciendo dicho cargo durante 13 años. Bajo su dirección se organizó esta entidad, la que lleva su nombre; institución en la que realizó una extraordinaria y fructífera labor social.
De 1931 a 1959, fue representante destacada de diversas organizaciones internacionales y participó en un gran número de congresos mundiales de la Federación de Abogadas, del Consejo Nacional del Crimen y de la Delincuencia de Estados Unidos, de los Congresos Panamericanos del Niño y de Asistencia social. Fue también fundadora de otras asociaciones de mujeres, como el Club de Mujeres Soroptimistas y la Unión Nacional de Mujeres Universitarias y fue objeto de numerosas distinciones, honores y premios en el ámbito nacional e internacional.
Dentro de su trayectoria tiene también, el ser la primera representante panameña en la Comisión Interamericana de Mujeres de 1929 a 1936; el haber colaborado en la creación de la Caja de Ahorros y en la organización del sistema penitenciario panameño.
Entre las publicaciones de Clara destacan de 1923 a 1927, diversos artículos en la revista Orientación Femenina; El Programa del Pensum Académico de la Escuela de Cultura Femenina (1924), muestra su influencia de avanzada. En 1926 escribió "La instrucción cívica en las escuelas secundarias de Panamá"; en 1930, "Las cortes juveniles y el sistema de libertad vigilada"; en 1956 "La reforma penitenciaria". Se jubiló en el año de 1964 retirándose de la vida pública y murió el 11 de febrero de 1990, a la avanzada edad de 89 años.

101 años de Panamá América

 
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