No cede la crisis de Asia
Tradicionalmente, Asia es el segundo mayor usuario del Canal de Panamá, por debajo de Estados Unidos y por encima de América Latina y Europa.
Pero el volumen de mercancías que se mueven a través de él más la que manejan los puertos nacionales y la Zona Libre de Colón, podría mermar con la insidiosa crisis económica que continúa padeciendo Asia.
Y es que en el mundo globalizado de hoy, como con las gripes, el Sida y otros males, las crisis se contagian con facilidad de un continente a otro. Tal es el grado de interdependencia internacional, que hoy la propia prosperidad depende más que nunca, de la de los demás y viceversa.
Por eso, cuando el presidente Clinton echó mano a las extraordinarias facultades del Ejecutivo para lanzar un salvavidas a México aquel inolvidable 1994, lo hizo más que por generosidad por propia supervivencia. Más temprano que tarde, los resultados de la debacle mexicana habría arrastrado consigo hacia el abismo a la pujante economía norteamericana.
Lo anterior es indicativo de cuán importante es seguir la pista a la crisis asiática. De allí nuestra periódica insistencia en tomar la temperatura a lo que allá ocurre.
Sabemos que el presidente norteamericano obtuvo la promesa de China en no especular a su favor con los efectos de la crisis. Conocemos también que, mientras él suscribía con sus anfitriones una serie de lucrativos convenios comerciales, el Secretario del Tesoro de su país realizaba una intensa gira de una semana por Corea del Sur, Malasia, Tailandia y la propia China, de la que concluyó que no hay salida fácil y rápida a la situación.
Los atribulados tigres asiáticos tendrán que sujetarse a las estrictas políticas de control fiscal y financiero que en su momento fueron implementadas en nuestro continente y que provocaron tanta inquietud social y desasosiego.
Así, el Fondo Monetario Internacional tiene destinado un paquete inicial de ayuda de 120 millones de dólares para Tailandia, Indonesia y Corea del Sur. Pero tal viene condicionado a cuentagotas, a cambio de la simultánea aplicación de programas para sanear la banca enferma de malos créditos, la adopción de una férrea disciplina fiscal, la reducción del nepotismo y amiguismo y la apertura de sus mercados protegidos a la competencia extranjera, como único remedio para eliminar los subsidios de industrias deficitarias e ineficientes.
Pero mientras se aplican las recetas de las IFI"s, los efectos son los mismos que los padecidos durante años en nuestra región: desempleo y agudización de la pobreza. Al respecto, Rubín fue categórico: no hay parto sin dolor y habrá que ajustar los cinturones.
Por nuestro lado no queda más que poner las propias barbas en remojo. Se estima que la crisis asiática tendrá en el Producto Interno Bruto de América Latina, un impacto negativo de 1.5%, de modo que si para este año teníamos previsto un crecimiento conjunto de 5%, creceremos tan sólo 3.5%.
Pero el volumen de mercancías que se mueven a través de él más la que manejan los puertos nacionales y la Zona Libre de Colón, podría mermar con la insidiosa crisis económica que continúa padeciendo Asia.
Y es que en el mundo globalizado de hoy, como con las gripes, el Sida y otros males, las crisis se contagian con facilidad de un continente a otro. Tal es el grado de interdependencia internacional, que hoy la propia prosperidad depende más que nunca, de la de los demás y viceversa.
Por eso, cuando el presidente Clinton echó mano a las extraordinarias facultades del Ejecutivo para lanzar un salvavidas a México aquel inolvidable 1994, lo hizo más que por generosidad por propia supervivencia. Más temprano que tarde, los resultados de la debacle mexicana habría arrastrado consigo hacia el abismo a la pujante economía norteamericana.
Lo anterior es indicativo de cuán importante es seguir la pista a la crisis asiática. De allí nuestra periódica insistencia en tomar la temperatura a lo que allá ocurre.
Sabemos que el presidente norteamericano obtuvo la promesa de China en no especular a su favor con los efectos de la crisis. Conocemos también que, mientras él suscribía con sus anfitriones una serie de lucrativos convenios comerciales, el Secretario del Tesoro de su país realizaba una intensa gira de una semana por Corea del Sur, Malasia, Tailandia y la propia China, de la que concluyó que no hay salida fácil y rápida a la situación.
Los atribulados tigres asiáticos tendrán que sujetarse a las estrictas políticas de control fiscal y financiero que en su momento fueron implementadas en nuestro continente y que provocaron tanta inquietud social y desasosiego.
Así, el Fondo Monetario Internacional tiene destinado un paquete inicial de ayuda de 120 millones de dólares para Tailandia, Indonesia y Corea del Sur. Pero tal viene condicionado a cuentagotas, a cambio de la simultánea aplicación de programas para sanear la banca enferma de malos créditos, la adopción de una férrea disciplina fiscal, la reducción del nepotismo y amiguismo y la apertura de sus mercados protegidos a la competencia extranjera, como único remedio para eliminar los subsidios de industrias deficitarias e ineficientes.
Pero mientras se aplican las recetas de las IFI"s, los efectos son los mismos que los padecidos durante años en nuestra región: desempleo y agudización de la pobreza. Al respecto, Rubín fue categórico: no hay parto sin dolor y habrá que ajustar los cinturones.
Por nuestro lado no queda más que poner las propias barbas en remojo. Se estima que la crisis asiática tendrá en el Producto Interno Bruto de América Latina, un impacto negativo de 1.5%, de modo que si para este año teníamos previsto un crecimiento conjunto de 5%, creceremos tan sólo 3.5%.