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No como masa, sino como personas


El martes por la noche en TV2 el Ing. Alberto Vallarino tuvo una presentación sobresaliente en el programa de Lucy Molinar, como la que tuvo en el programa "En la mira" de TV4 hace un par de semanas. Demostró su capacidad para analizar los problemas económicos que nos acosan a los panameños y para proponer soluciones específicas y decisivas. Concentró en sus tres principales propuestas que retan a sus contendores, como se dice tajantemente en inglés a "put up or shut up", producir o callarse.
Primero, Alberto reiteró su compromiso de crear en cinco años 250,000 empleos en base sobre todo a la acción gubernamental a favor del turismo, de la producción agropecuaria para la exportación y de las actividades económicas vinculadas al Canal y las riberas del Canal. Los voceros del Gobierno lo acusaron de demagogo, pero luego hasta el propio Presidente pretendió que él mismo ya había generado 54,000 empleos en un año, el año pasado. Dicho sea de paso una de las consecuencias de esta propuesta sería superar la crisis financiera de la Caja de Seguro Social, puesto que en materia de jubilaciones esta crisis tiene que ver con que hay actualmente demasiado pocos cotizantes por cada beneficiario y los nuevos empleos aumentarían sustancialmente el número de cotizantes.
Todavía ni Martín Torrijos ni Mireya Moscoso han propuesto nada que se le acerque a este compromiso por parte de un candidato que ha demostrado en el sector privado saber crear riqueza y trabajo, precisamente lo que el país necesita.
Luego, Vallarino formuló su segunda propuesta específica, a saber eliminar el impuesto sobre la renta a las personas que reciben menos de B/.700 al mes. Uno de los resultados injustos de la Ley de Universalización de Incentivos Tributarios que Pérez Balladares impuso y que Torrijos, Arango y Cortijo -la nómina continuista- apoyaron, es que las personas naturales en 1998 pagaron 198.2 millones de balboas en impuestos sobre la renta, mientras que las grandes empresas pagaron solamente 128.1 millones. La medida que Alberto anunció beneficiaría a más de 268,000 asalariados. En promedio esta medida pondrá a disposición de dichos trabajadores B/.18.49 más por mes y B/.221.82 más por año.
Pero como Alberto es un dirigente responsable, indicó de dónde provendrían los B/.40 millones que el Gobierno dejaría de recibir. Se ahorrarían entre 3 y 4 millones de las comisiones de corretaje de seguro y otro 2 a 3 millones de las comisiones de publicidad que el Gobierno le paga ahora a sus favoritos innecesariamente. Se incrementaría la recaudación de impuestos gracias a una supervisión más estricta de las deducciones por diversos motivos en las declaraciones del impuesto sobre la renta de las empresas. De los ingresos consulares actualmente cerca de 7 millones se van en comisiones excesivas a favor de quienes se enriquecen con el nombramiento de Cónsul. Y hay diversos créditos, deducciones, exoneraciones y subvenciones contempladas en distintas leyes y que terminarán de expirar en el año 2002. Por otra parte, al poner más dinero en el bolsillo de las personas naturales aumentará la demanda de bienes y servicios en el país, lo que será un estímulo para la economía y generará un incremento natural en la recaudación de otros impuestos, sin alterar su tasa.
Por último, Alberto mencionó su tercera propuesta de impacto sobre las condiciones de vida de las familias panameñas, a saber el aumento progresivo del salario mínimo. El más reciente aumento de 1998 fue sólo de ocho centavos ó 9%, de B/.0.94 a B/.1.02 por hora en Panamá y Colón. Pero ya este aumento fue en parte neutralizado, porque los precios al consumidor han continuado aumentando sobre todo en productos esenciales como las medicinas, y el actual nivel de salario mínimo todavía deja a los trabajadores que lo reciben con muy bajos ingresos para poder cubrir sus necesidades familiares básicas. Su propuesta implica aumentarlo inmediatamente 15 centavos o sea 14.7% y llevarlo progresivamente hasta B/.1.50 la hora al término de su gestión. Lo que propone es, por lo tanto de justicia social elemental, es congruente con su plan general y servirá también de estímulo a la economía, pues representará otro aumento de la demanda de bienes y servicios, esta vez por parte de los trabajadores más pobres.
Demostrando su decisión el Ing. Vallarino se comprometió a presentar los proyectos correspondientes a las dos últimas medidas desde el mismo día en que se juramente como Presidente. En su plan general había revelado que ya había iniciado las investigaciones sobre las actividades a través de las cuales poner en ejecución su Plan de Transición hacia el Pleno Empleo, que generaría los primeros 28,100 empleos en los primeros meses de su Gobierno. El hombre va en serio.
Realmente, ni Martín ni Mireya han presentado nada que ni siquiera de lejos se parezca a estas propuestas. Se comprueba de parte de Alberto una visión y una seguridad en poder acometer desde el primer día la solución de los principales problemas que acosan a las familias panameñas. El le infundiría al país un ritmo de transformaciones que nos devolverían el alma al cuerpo, pues los panameños y panameñas tendrían mayores y mejores oportunidades de empleo, se mejoraría el nivel de sus salarios y su nivel de vida mejoraría rápida y significativamente. Con Alberto, sí se puede, tal es el lema que comienza a calar en el país.
Pero ante esta realidad, con frecuencia se expresa una duda. ¿Podrá ganar? Quienes hacen la pregunta, no calibran que Alberto partió hace pocos meses con 0% de preferencias de voto y que ya ha llegado a más de 20%. Por otra parte, Martín y Mireya han alcanzado el techo electoral de sus respectivos partidos. Pero lo que es más importante todavía, si todas las personas que reconocen que él es el más capaz para gobernarnos y para resolver los problemas que nos impiden satisfacer nuestras necesidades fundamentales decidieran votar por él, ganaría. Si dudan hacerlo, invierten el orden racional y ético en su proceso de decisión. En efecto, primero debemos plantearnos quién es el candidato más capaz para bien del país y para nuestro propio bien y luego sobre la base de este juicio debemos determinar nuestro voto. Si, por lo contrario, comenzamos por tratar de evaluar las posibilidades de voto de los candidatos para entonces determinar nuestro voto, renunciamos a ser decisivos en las elecciones y nos subordinamos a las decisiones ajenas. Nos convertimos así en peso muerto, dejándonos arrastrar por los demás, cuando podríamos decidir las elecciones.
La ciudadanía responsable, la que necesitamos para transformar a nuestro país en una sociedad próspera, justa y animada por la esperanza, es la de quienes se la juegan por el bien común y con él por su bien propio y familiar, no la de quienes votan por quien "ya tiene los votos".- Debemos votar no como masa, sino como personas.

101 años de Panamá América

 
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