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No confundir…


Como manifesté en mi columna anterior, el tema de seguridad es un punto neurálgico en las campañas electorales. Pero no olvidemos algo muy importante que hasta ahora nadie ha podido distinguir: la seguridad nacional es muy distinta a la seguridad ciudadana.

La Seguridad Nacional se refiere a la noción de relativa estabilidad o calma que beneficia el desarrollo de un país; así como a los recursos y estrategias para conseguirla principalmente a través de la defensa nacional. En la actualidad, las amenazas a la seguridad nacional son más difusas, e incluyen el terrorismo, los riesgos medioambientales y las migraciones masivas.

El PNUD, por ejemplo, define la seguridad ciudadana como la condición personal, objetiva y subjetiva de encontrarse libre de violencia o despojo intencional por parte de otros. Es decir, son las políticas que apuntan hacia la protección de la población ante esas amenazas.

En esta semana conocimos el plan de gobierno de Balbina Herrera. En su discurso resalta el tema de seguridad en el que no acaba de definir su estrategia, pues en su afán de puntualizar el orden confunde la seguridad nacional y la ciudadana. Pretende proyectar disciplina a través de un cuerpo uniformado cuando se refiere a los militares, plantea "enderezar" a la policía con una "disciplina correcta" o un cuerpo elite, pero enreda el tema cuando dice que una disciplina militar será capaz de rebatir el narcotráfico.

Hay que tener cuidado cuando tocamos temas tan sensitivos, pues si los narcotraficantes se han tomado nuestros barrios, alguien los dejó entrar y actuar. La literatura es clara cuando explica el "modus operantdi" de los narcos; no pueden trabajar sin la complicidad del Estado entre los que incluye a altas autoridades, y por este hecho, no hay nadie preso, por lo menos de alta jerarquía. Lo que podría interpretarse como que el gobierno de Torrijos está en componenda con el crimen organizado como sucede en otros países.

101 años de Panamá América

 
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