No debiéramos tener problemas
Vivimos en un país privilegiado, colmado de riquezas, de agua, de aire más o menos limpio, en donde el dinero hace falta, pero corre a raudales. Si creen que no es cierto, vayan a los espectáculos que se presentan y que últimamente han sido seguidos, para que no encuentren boletos porque está lleno. No había visto locura más grande que la que vivimos en Navidad con los almacenes colmados de gente comprando regalos que, unidos al día de la madre, ocuparon el mes de noviembre y pasaron la fecha indicada. El tránsito era horrendo, no se podía andar y para todos parecía que se acababa el mundo. El panameño es consumista por antonomasia, pero quisiera saber de dónde sale el dinero que se malgastó durante las fiestas.
Ahora se oyen los lamentos porque enero nos agarró limpios y, ¿de dónde sacaremos para sobrevivir? Sin embargo, veremos los Carnavales aquí y en el interior, la cantidad de gente que va a Las Tablas y a otros lugares y eso sale caro. Para mí, es un misterio indescifrable que solo los panameños lo conocemos y lo ponemos en práctica. Ahora, no todo es color de rosas y los problemas nos arrullan y, a veces, nos golpean. Pienso que el de la Sra. Procuradora es más serio de lo que creemos y, a la larga, podrá afectar la estabilidad del país. No se trata de si tiene o no la razón; se trata de la alta magistratura de la señora y nos da la sensación de inseguridad e inestabilidad por lo complejo y tratándose de altos personajes, jugarán intereses desconocidos y podrá salir a relucir la cadena de horrores que tienen otras personas, errores que irán al exterior perjudicando las inversiones extranjeras.
Decía un amigo que el Presidente tiene control de todo; otra amiga le contestó que era la única manera de poner orden en la porquería que encontramos del PRD y que tiene una sociedad destruida. Tiene que haber mano fuerte que ponga orden en la falta de disciplina y de respeto para con nosotros mismos, que se había venido cocinando en el Gobierno, en la sociedad y en las personas solitarias. Demos tiempo y la oportunidad de hacer un buen Gobierno, para luego poder hablar y criticar; pero no nos opongamos a todo por oponernos. Las buenas intenciones bastan para sacar este país del hoyo donde nos han metido; demos esa oportunidad.
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