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No es complicado ser millonario en Panamá


Desde hace bastante tiempo he estado al tanto de una serie de publicaciones que indican al lector cómo ser millonario.

La producción literaria de ese tipo se cuenta en millones y casi todos sus autores hoy día también son millonarios, lo que indica que el objetivo de la gente actualmente es amasar fortuna, cueste lo que cueste.

Para ser honesto, no he comprado hasta ahora un sólo ejemplar de esos libros y como resultado de ello, por una simple regla de tres, no soy millonario. Como ejemplo podemos citar a aquellos que lograron una concesión de terrenos del Estado, obteniendo en el desarrollo del proyecto ingentes ganancias y se niegan, incluso, a pagar los risibles valores acordados por metro cuadrado porque, supuestamente, hubo concesiones a precios menores en el pasado. Esta soberana desfachatez, sólo es posible en nuestro querido Panamá.

Mientras los individuos se llenan de dinero, sencillamente le dicen al Estado "no quiero ni debo pagarte, y punto". También están incluidos aquellos a quienes se les otorgan concesiones para construir edificaciones que, a su vez, deben ser concesionadas por cuanto no poseen la tenencia de la tierra y que de sus "wever" quieren vender las mismas, disimulan visualmente pisos y estacionamientos para "vender" más de lo permitido. Estos preclaros inversionistas serán millonarios de la noche a la mañana, como debe decir uno de los libros.

Y qué decir de aquellos jugosos y millonarios contratos que se están asignando para recibir una serie de obras apresuradas y sin fiscalización en la recta final de la Administración del Presidente Torrijos. Algunas de éstas, al poco tiempo de recibidas, están hechas un verdadero desastre.

Pero lo más espeluznante de todo es la cantidad de demandas que tiene el Estado panameño, al parecer, por más de B/ 300 millones, producto de la ineficiencia e irresponsabilidad de los órganos de gobierno que dan pie o abonan el camino para que, justificadamente o en evidente componenda, algunas empresas e individuos agreguen más haberes a sus patrimonios, de acogerse las demandas. Como muestra de ello, Figali demanda al Estado por más de B/ 100 millones y el ex ministro Orange, miembro destacado del partido en el poder, por B/. 48 millones.

Las únicas demandas que proceden, a mi juicio, son las que tienen que ver con casos de abusos y arbitrariedades como la desaparición de Heliodoro Portugal y otros seres humanos; así como otras que pudiesen derivarse del dietilenglicol, bus incendiado, Prados del Este, etc. Desde luego, los verdaderos responsables de tales desatinos jamás se meterán la mano al bolsillo para pagar por sus irresponsabilidades y será la propia sociedad la que sufragará los costos.

Como pueden ver, quienes hayan leído al menos uno de esos libros, tengan muy buenos contactos, sean arrogantes y les importe un bledo su prestigio personal y familiar, pueden estar seguros de estar en la ruta fácil y definitiva de ser millonarios.

101 años de Panamá América

 
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