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No es fácil ser buen político (II)


En su interesante artículo "No es fácil ser un buen político", la distinguida escritora mexicana Mariluz Barrera González, expresa que no es necesario tener un título universitario, ni una historia profesional que avale el trabajo, no se tiene un jefe que exija un horario a cumplir. Son libres de actuar y proceder, las leyes los protejen y pueden usarlas para obtener lo que deseen. Su sueldo no está en proporción a su capacidad, ni mucho menos a lo que rindan, representan a un partido, no a la sociedad y por último, no olvidemos las buenas relaciones tan necesarias para conseguir, después de la carrera política, un buen puesto que sostenga y mantenga el tren de vida adquirida hasta el final de sus días.

Algo que llama mi atención en las personas que alcanzan el poder en un puesto político o como funcionario, es la necesidad de rodearse de personas que les digan que sí a todo, sin importar si están cometiendo un error o si van a fracasar en lo que emprendan, lo que me hace recordar el cuento famoso del traje del emperador, en donde todos los que estaban a su alrededor decían que el traje le queda estupendamente, pero todos los ciudadanos veían que, en realidad, el emperador caminaba desnudo por las calles.

La mayoría de los políticos son personas que tienen la capacidad impresionante de negar la realidad y desvirtuarla muchas veces a su total conveniencia, y aún así conservan la sangre fría de convencer a quienes los observamos día a día, detenidamente de que no lo hacen queriendo presentar sus verdades como la total realidad. En la democracia todos somos políticos, nadie puede excluirse, todos participamos del bien común de la sociedad con nuestras actitudes, sueños y valores. Así mismo no podemos hablar todo el tiempo de que los políticos son corruptos y malos, pues lo son, porque nosotros dejamos que lo sean, porque estamos fracasando al elegirlos y controlarlos y porque nosotros, como ciudadanos, no somos al parecer una mejor alternativa frente a ellos, pues también somos corruptos y deshonestos.

Ser buen político es bastante complicado, ya que ser buena persona implica una árdua labor, que por naturaleza se vuelve exigencia ante la cual muchos nos estamos volviendo sordos.

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