No es sólo la visa
Más de un privado de la visa americana ha dicho que ello sólo entraña no ir a Disney. Naturalmente, ese es apenas un símbolo, y alude a Estados Unidos entero, lo que entraña privarse de visitar a parientes y amigos y de atención médica en los centros de salud y de investigación más avanzados del mundo. Pero no sólo es eso.
El hecho entraña también un estigma social de por vida. El afectado nunca vuelve a ser el mismo frente a su entorno de relaciones. Y el dinero no remedia el agravio. Es humillante que un gran señor no tenga visa, y que la tenga, en cambio, el más humilde de sus empleados. Pero hay más.
Hace dos semanas, fue detenido en México, por agentes de la DEA un supuesto colaborador de Al Qaeda, de origen coreano. Un detalle insólito fue destacado en la noticia, y es que las autoridades locales de seguridad no se enteraron sino a través de los medios de comunicación, lo que sugiere que en la captura los de la DEA actuaron sin permiso ni coordinación con sus similares mexicanos. Nadie hizo olas, pero otro detalle interesante fue revelado en Estados Unidos: el individuo fue trasladado a Houston, Texas, en un avión comercial. Tengamos este detalle presente.
Semanas antes, en Coronado, Panamá, un profesional de la construcción practicaba "surf" en la playa, cuando desapareció sin dejar huella. Luego de tres días de búsqueda por tierra, mar y aire, se temió lo peor y le celebraron misa. Al décimo día, perdida las esperanzas, se presentó a su casa, bien trajeado, como si nada. Las autoridades panameñas lo interrogaron. Se lo dijo todo, pero se acordó fabricar una versión oficial, para el público. El surfista había sido secuestrado por equivocación por desconocidos y enviado a Houston, Texas, en un avión comercial. Pero no se dijo ni una palabra quién fue su autor y cómo había pasado los rigurosos controles de salida de Tocumen y Estados Unidos.
La conclusión es sencilla. Las mismas manos que pusieron en Houston Texas, sacándolo a la fuerza de México al terrorista coreano, hicieron igual con nuestro surfista de Coronado. Hace poco, William Rodríguez, hijo del narcotraficante colombiano Miguel Rodríguez Orejuela, negoció su entrega en Panamá a agentes de la DEA, quienes lo trasladaron a Estados Unidos. Las autoridades panameñas no jugaron en eso ningún papel. La lección es sencilla, será mejor que los privados de visa duerman con un ojo abierto. No vaya a ser que un día de estos amanezcan también en Houston, viajando en primera. Pero no de paseo.
El hecho entraña también un estigma social de por vida. El afectado nunca vuelve a ser el mismo frente a su entorno de relaciones. Y el dinero no remedia el agravio. Es humillante que un gran señor no tenga visa, y que la tenga, en cambio, el más humilde de sus empleados. Pero hay más.
Hace dos semanas, fue detenido en México, por agentes de la DEA un supuesto colaborador de Al Qaeda, de origen coreano. Un detalle insólito fue destacado en la noticia, y es que las autoridades locales de seguridad no se enteraron sino a través de los medios de comunicación, lo que sugiere que en la captura los de la DEA actuaron sin permiso ni coordinación con sus similares mexicanos. Nadie hizo olas, pero otro detalle interesante fue revelado en Estados Unidos: el individuo fue trasladado a Houston, Texas, en un avión comercial. Tengamos este detalle presente.
Semanas antes, en Coronado, Panamá, un profesional de la construcción practicaba "surf" en la playa, cuando desapareció sin dejar huella. Luego de tres días de búsqueda por tierra, mar y aire, se temió lo peor y le celebraron misa. Al décimo día, perdida las esperanzas, se presentó a su casa, bien trajeado, como si nada. Las autoridades panameñas lo interrogaron. Se lo dijo todo, pero se acordó fabricar una versión oficial, para el público. El surfista había sido secuestrado por equivocación por desconocidos y enviado a Houston, Texas, en un avión comercial. Pero no se dijo ni una palabra quién fue su autor y cómo había pasado los rigurosos controles de salida de Tocumen y Estados Unidos.
La conclusión es sencilla. Las mismas manos que pusieron en Houston Texas, sacándolo a la fuerza de México al terrorista coreano, hicieron igual con nuestro surfista de Coronado. Hace poco, William Rodríguez, hijo del narcotraficante colombiano Miguel Rodríguez Orejuela, negoció su entrega en Panamá a agentes de la DEA, quienes lo trasladaron a Estados Unidos. Las autoridades panameñas no jugaron en eso ningún papel. La lección es sencilla, será mejor que los privados de visa duerman con un ojo abierto. No vaya a ser que un día de estos amanezcan también en Houston, viajando en primera. Pero no de paseo.