No es tarde para saludar a las mujeres
Este año pasó desapercibido el Día Internacional de la Mujer, porque el 8 de marzo cayó miércoles de cenizas. Entre que la gente estaba engomada por tanta parranda, otros que regresaban del interior o de las playas; otros que empezaban a trabajar después de cinco días libres, la cantidad de ropa sucia que teníamos que lavar. En fin, nadie se acordó de nosotras, que hemos tenido que dejar la celebración para el próximo año. Sin embargo, quisiera decir algo aunque sea un poco tarde; pero, nunca es tarde cuando la dicha es buena.
Me siento bastante satisfecha con los logros que hemos alcanzado en las últimas décadas y, si bien es cierto que aún las mujeres nos sentimos discriminadas en algunos sectores, la violencia de los hombres hacia nosotras todavía existe y ahora ha tomado importancia porque tanto se ha hablado de la misma, que las mujeres violentadas están más conscientes de que no puede ocultar por más tiempo lo que les sucede.
En el campo laboral, aunque todavía no se les paga a las mujeres igual salario por igual trabajo que a los hombres, se ha ido igualando en muchos campos. En nuestro país, las mujeres han tomado control de gran cantidad de empresas, sobre todo medianas y pequeñas; pero algo se consigue.
Lo malo es que las mujeres en Panamá son las menos preparadas y se dedican a atender la casa o a trabajar en lo que se les dé para llevar sustento a sus hogares. De allí, de esa necesidad urgente, resulta que las mujeres acepten trabajar por el salario que les ofrezcan. Estos dos factores ayudan a que no podamos mejorar totalmente la discriminación laboral. En toda el área centroamericana y del Caribe encontramos un porcentaje muy alto de mujeres que son cabeza de familia y, en la mayoría, los hombres que un día existieron, no aportan mucho o nada.
En lo que sí siento que hemos progresado notablemente es en el concepto que tienen los hombres de ahora sobre los derechos igualitarios de las mujeres. Aquel machismo que existía en las generaciones anteriores y que aún persiste, ha ido desapareciendo, ha dado paso a una aceptación de la presencia de las mujeres en el área laboral, tratándolas con naturalidad y permitiéndoles ser iguales en el desempeño de su trabajo.
Esta columna quiere saludar con todo cariño a las mujeres panameñas, las que me lean y las que no, las que trabajen o las que sean amas de casa; las de tercera edad que ya están jubiladas. Pero, quisiera decirles que no se aprovechen de su situación de mujeres para sacar ventaja ante los hombres. Si queremos derechos igualitarios, si queremos iguales salarios, iguales posiciones, si deseamos eliminar la violencia intrafamiliar y el acoso sexual, tenemos que actuar con firmeza sin perder nuestra feminidad; no es cuestión de convertirnos en hombres y caminar y movernos como ellos; es ser mujeres con igualdad de sentimientos y permitir que los hombres se sientan hombres también con sentimientos, con lágrimas que puedan dejar aflorar a sus ojos, si es necesario
Es cuestión de que no haya profesiones femeninas y masculinas; de que no haya feminismo ni machismo; de que si la mujer habla, los hombres escuchen y viceversa. Por eso, aunque tarde, quiero decirle a las mujeres panameñas que estoy dispuesta a continuar luchando por sus derechos, a poner en práctica lo que digo en mi libro MUJERES CON ROSTROS, para que no sean palabras escritas en un papel, sino que sirvan como base para igualarnos, para superarnos, no para sobrepasar a los hombres, porque continuaría el desequilibrio y no es beneficioso en lo absoluto.
¡Adelante mujeres! A poner en práctica lo que sabemos y mostrar nuestras cualidades para rendir al país positivamente.
Me siento bastante satisfecha con los logros que hemos alcanzado en las últimas décadas y, si bien es cierto que aún las mujeres nos sentimos discriminadas en algunos sectores, la violencia de los hombres hacia nosotras todavía existe y ahora ha tomado importancia porque tanto se ha hablado de la misma, que las mujeres violentadas están más conscientes de que no puede ocultar por más tiempo lo que les sucede.
En el campo laboral, aunque todavía no se les paga a las mujeres igual salario por igual trabajo que a los hombres, se ha ido igualando en muchos campos. En nuestro país, las mujeres han tomado control de gran cantidad de empresas, sobre todo medianas y pequeñas; pero algo se consigue.
Lo malo es que las mujeres en Panamá son las menos preparadas y se dedican a atender la casa o a trabajar en lo que se les dé para llevar sustento a sus hogares. De allí, de esa necesidad urgente, resulta que las mujeres acepten trabajar por el salario que les ofrezcan. Estos dos factores ayudan a que no podamos mejorar totalmente la discriminación laboral. En toda el área centroamericana y del Caribe encontramos un porcentaje muy alto de mujeres que son cabeza de familia y, en la mayoría, los hombres que un día existieron, no aportan mucho o nada.
En lo que sí siento que hemos progresado notablemente es en el concepto que tienen los hombres de ahora sobre los derechos igualitarios de las mujeres. Aquel machismo que existía en las generaciones anteriores y que aún persiste, ha ido desapareciendo, ha dado paso a una aceptación de la presencia de las mujeres en el área laboral, tratándolas con naturalidad y permitiéndoles ser iguales en el desempeño de su trabajo.
Esta columna quiere saludar con todo cariño a las mujeres panameñas, las que me lean y las que no, las que trabajen o las que sean amas de casa; las de tercera edad que ya están jubiladas. Pero, quisiera decirles que no se aprovechen de su situación de mujeres para sacar ventaja ante los hombres. Si queremos derechos igualitarios, si queremos iguales salarios, iguales posiciones, si deseamos eliminar la violencia intrafamiliar y el acoso sexual, tenemos que actuar con firmeza sin perder nuestra feminidad; no es cuestión de convertirnos en hombres y caminar y movernos como ellos; es ser mujeres con igualdad de sentimientos y permitir que los hombres se sientan hombres también con sentimientos, con lágrimas que puedan dejar aflorar a sus ojos, si es necesario
Es cuestión de que no haya profesiones femeninas y masculinas; de que no haya feminismo ni machismo; de que si la mujer habla, los hombres escuchen y viceversa. Por eso, aunque tarde, quiero decirle a las mujeres panameñas que estoy dispuesta a continuar luchando por sus derechos, a poner en práctica lo que digo en mi libro MUJERES CON ROSTROS, para que no sean palabras escritas en un papel, sino que sirvan como base para igualarnos, para superarnos, no para sobrepasar a los hombres, porque continuaría el desequilibrio y no es beneficioso en lo absoluto.
¡Adelante mujeres! A poner en práctica lo que sabemos y mostrar nuestras cualidades para rendir al país positivamente.