¿No estamos aquí?
Con la parca difusión que se le dispensó a los preparativos de la X Cumbre Iberoamericana, celebrada en esta capital el 17 y 18 pasado, muchos eran los panameños y panameñas que poco o nada sabían sobre el evento. Así quedó en evidencia, conforme las agencias de prensa fueron realizando entrevistas en vísperas de la reunión de mandatarios(as).
Durante las últimas semanas, los medios de comunicación locales realizaron un esfuerzo adicional por proveer información sobre los objetivos de la convocatoria, amén de entregar algunos "datos" sobre aspectos organizativos y de logística, entre las cuales destacaron la adquisición, aún cuestionada, de varios automóviles de lujo para transportar a los mandatarios que asistieron, y, más recientemente, las extrañas coincidencias que giraron en torno a la contratación de los servicios profesionales de un maestro de ceremonias para los distintos eventos que conformaron la Cumbre y la compra de un importante número de computadoras para las tareas que habrían de desarrollarse. Finalmente, se desplegó información más sustantiva sobre el sentido de la iniciativa que congregó a más de una veintena de mandatarios.
En medio de la madeja informativa que se generó, nos pareció algo inaudito que se desprendiera de la lectura de un medio de comunicación social (La Prensa, 15 de nov.) que en Panamá no existe una población negra como grupo étnico. Sí, así fue, aunque parezca inverosímil. Contra toda constatación histórica, fáctica, y cotidiana, además, en una cobertura especial que llevaba por título ¿Quiénes vienen a la Cumbre?, y, citando como fuente de las cifras consignadas en el texto del reportaje, a The World Factbook de la CIA (algo así como el Almanaque Mundial de la Agencia Central de Inteligencia), edición de 2000, se indicaba que la población de Panamá alcanza la cifra de 2,808,268, y que está conformada por mestizos (70%); indígenas (14%) y blancos (6%). Según la publicación, en el istmo no hay nadie más. Allí se agota el 100% de la población panameña. Ocurrió otro tanto con Perú y Guatemala.
Que una fuente como la CIA desfigure la real composición de nuestro país, en términos de su constitución étnica, no debe sorprendernos mucho. Total, como principal agencia de inteligencia estadounidense, ha tenido desaciertos más estratégicos que borrar, de un solo plumazo, a parte de la población de un país. Pero otra cosa es que un medio de comunicación local reproduzca tal aberración, a sabiendas que la misma es eso, una aberración. Ello no puede menos que motivarnos a llamar la atención sobre el particular, máxime, cuando la intención del citado medio no fue solamente informar, sino hacer docencia como, al parecer, ha sido el caso.
En la relación ofrecida sobre Perú, un país andino, con una población de más de 27 millones de personas, de las cuales, poco menos de la mitad son indígenas, y con una presencia incuestionable de negros en su territorio, allí, the World Factbook de la CIA también invisibiliza a esta parte de la población peruana. Sobre los grupos étnicos, la fuente entrega las cifras siguientes: indígenas (45%); mestizos (37%); blancos (15%); japoneses, chinos y otros (3%). También, al referirse a la hermana República de Guatemala, que tiene una población de 12,639,939, ésta queda confinada a 56% mestizos y 44 % indios. Aquí, los grupos Garífonas (de ascendencia africana) también fueron excluidos. En ese sentido, es de suponer que las cifras que se exhiben para Argentina, entre ellas, 3% para el renglón "otros grupos", contempla a la población negra de ese país septentrional, grupo étnico del cual casi nunca se dan referencias. Afortunadamente, las estadísticas que sirvieron de apoyo a la cobertura periodística del diario, parecen ser más confiables cuando se aborda la realidad de otras naciones Iberoamericanas como Costa Rica, Nicaragua, Honduras, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Ecuador, Brasil, Uruguay y Portugal, todas con una indiscutible presencia de nacionales de ascendencia africana.
La reseña periodística adoleció, igualmente, de cifras adecuadas con respecto a la diversidad que conoce nuestro país en cuanto a la profesión de la fe religiosa. La fuente limita la misma a católicos (85%) y protestantes (15%), obviando, por supuesto, el resto del universo que integran otras religiones con firmes adeptos en Panamá.
Por fortuna, los nacionales y extranjeros que vivimos en territorio panameño sabemos, más allá de la información contenida en los archivos de la CIA, que en este pequeño país centroamericano, en efecto, hay negros, y que éstos hacen parte de un amplio mosaico étnico que constituye una de nuestras fortalezas como nación. De paso ¿saben los editores de The World Factbook de la CIA dónde esta ubicada la República de Panamá?
Durante las últimas semanas, los medios de comunicación locales realizaron un esfuerzo adicional por proveer información sobre los objetivos de la convocatoria, amén de entregar algunos "datos" sobre aspectos organizativos y de logística, entre las cuales destacaron la adquisición, aún cuestionada, de varios automóviles de lujo para transportar a los mandatarios que asistieron, y, más recientemente, las extrañas coincidencias que giraron en torno a la contratación de los servicios profesionales de un maestro de ceremonias para los distintos eventos que conformaron la Cumbre y la compra de un importante número de computadoras para las tareas que habrían de desarrollarse. Finalmente, se desplegó información más sustantiva sobre el sentido de la iniciativa que congregó a más de una veintena de mandatarios.
En medio de la madeja informativa que se generó, nos pareció algo inaudito que se desprendiera de la lectura de un medio de comunicación social (La Prensa, 15 de nov.) que en Panamá no existe una población negra como grupo étnico. Sí, así fue, aunque parezca inverosímil. Contra toda constatación histórica, fáctica, y cotidiana, además, en una cobertura especial que llevaba por título ¿Quiénes vienen a la Cumbre?, y, citando como fuente de las cifras consignadas en el texto del reportaje, a The World Factbook de la CIA (algo así como el Almanaque Mundial de la Agencia Central de Inteligencia), edición de 2000, se indicaba que la población de Panamá alcanza la cifra de 2,808,268, y que está conformada por mestizos (70%); indígenas (14%) y blancos (6%). Según la publicación, en el istmo no hay nadie más. Allí se agota el 100% de la población panameña. Ocurrió otro tanto con Perú y Guatemala.
Que una fuente como la CIA desfigure la real composición de nuestro país, en términos de su constitución étnica, no debe sorprendernos mucho. Total, como principal agencia de inteligencia estadounidense, ha tenido desaciertos más estratégicos que borrar, de un solo plumazo, a parte de la población de un país. Pero otra cosa es que un medio de comunicación local reproduzca tal aberración, a sabiendas que la misma es eso, una aberración. Ello no puede menos que motivarnos a llamar la atención sobre el particular, máxime, cuando la intención del citado medio no fue solamente informar, sino hacer docencia como, al parecer, ha sido el caso.
En la relación ofrecida sobre Perú, un país andino, con una población de más de 27 millones de personas, de las cuales, poco menos de la mitad son indígenas, y con una presencia incuestionable de negros en su territorio, allí, the World Factbook de la CIA también invisibiliza a esta parte de la población peruana. Sobre los grupos étnicos, la fuente entrega las cifras siguientes: indígenas (45%); mestizos (37%); blancos (15%); japoneses, chinos y otros (3%). También, al referirse a la hermana República de Guatemala, que tiene una población de 12,639,939, ésta queda confinada a 56% mestizos y 44 % indios. Aquí, los grupos Garífonas (de ascendencia africana) también fueron excluidos. En ese sentido, es de suponer que las cifras que se exhiben para Argentina, entre ellas, 3% para el renglón "otros grupos", contempla a la población negra de ese país septentrional, grupo étnico del cual casi nunca se dan referencias. Afortunadamente, las estadísticas que sirvieron de apoyo a la cobertura periodística del diario, parecen ser más confiables cuando se aborda la realidad de otras naciones Iberoamericanas como Costa Rica, Nicaragua, Honduras, República Dominicana, Colombia, Venezuela, Ecuador, Brasil, Uruguay y Portugal, todas con una indiscutible presencia de nacionales de ascendencia africana.
La reseña periodística adoleció, igualmente, de cifras adecuadas con respecto a la diversidad que conoce nuestro país en cuanto a la profesión de la fe religiosa. La fuente limita la misma a católicos (85%) y protestantes (15%), obviando, por supuesto, el resto del universo que integran otras religiones con firmes adeptos en Panamá.
Por fortuna, los nacionales y extranjeros que vivimos en territorio panameño sabemos, más allá de la información contenida en los archivos de la CIA, que en este pequeño país centroamericano, en efecto, hay negros, y que éstos hacen parte de un amplio mosaico étnico que constituye una de nuestras fortalezas como nación. De paso ¿saben los editores de The World Factbook de la CIA dónde esta ubicada la República de Panamá?