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No habrá ganadores, pero sí perdedores



El fin de la huelga de educadores está cerca. No hay ganadores, pero sí perdedores. El gobierno habrá mostrado que no es un negociador sagaz, porque accedió a un importante reclamo salarial, muy superior al que había prometido originalmente y no logró detener la huelga. Los gremios de educadores también habrán perdido porque mostraron que no están unidos en torno a aspiraciones comunes, sino que la rivalidad puede hacer más que lo que debiera unirlos. Cuando la huelga llegue a su fin, nos daremos cuenta de que todos, absolutamente todos, habremos perdido. Pero no todos perdemos igual, ni perdemos lo mismo. Hay quien pierde poder, hay quien pierde parte de su salario.
Pero quienes más pierden son los niños y los adolescentes que han visto interrumpido su proceso de aprendizaje. Cuando no sepan cómo resolver adecuadamente una compleja operación matemática, de nada les servirá recordar los discursos de este o aquel líder magisterial. Los que fracasen el examen de admisión el próximo año y vean frustrados sus planes de ingreso a una carrera universitaria, no podrán apelar a ninguna de las organizaciones que tanto han hecho para que la huelga se extendiese por el mayor tiempo posible. Los chicos y las chicas no sabrán por qué no saben lo que otros sí.
No podrán saber si su fracaso escolar o universitario habría sido un éxito si su año escolar hubiese sido completo y sin interrupciones. Algunos le seguirán echando la culpa del difícil acceso a la educación y a puestos de trabajo a las desigualdades sociales y algunos dirán que el capitalismo es el culpable. El tiempo perdido para la enseñanza y el aprendizaje, para el desarrollo de las cualidades, destrezas y conocimientos de las generaciones más jóvenes se habrá perdido sin que sea posible recuperarlo. ¿Aprenderemos alguna vez la lección?

101 años de Panamá América

 
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