No hace falta más
Hay seres que jamás aceptan discrepancia con ellos. Se consideran a sí mismos dueños de la razón y depositarios de la verdad. Orgullosos, soberbios, prepotentes, altaneros y dictatoriales, suelen encarnar la megalomanía y arrastran con su pobre existencia la paranoia que llevan consigo, tristemente insospechada.
Poseedores de un ego hipertrofiado, no admiten de un técnico o amigo, un razonamiento, profundo y convincente que sea, contrario a sus opiniones y que les merezca rectificarlas.
Paradójicamente, estos desventurados son prisioneros de la mezquindad. Así los retrata de cuerpo y alma Honorato de Balzac: "Los seres mezquinos se manifiestan lo mismo por la persecución que por la beneficencia; pueden demostrar su poder mediante un imperio sobre los demás, cruel o caritativo, pero caen del lado a que los impulsa su temperamento". Ellos constituyen, por su tozudez, potenciales pero escasos pacientes de los psiquiatras y quizás los de más difícil tratamiento. Así permanecen, como cerrados en un callejón sin salida, hasta los últimos días de sus vidas. Tal es la condición humana de algunos. Cada cual tiene su manera de ser. Lo triste es que para lidiar con personas de esa índole se hace más difícil resignarse.
No hace falta decir más.
Poseedores de un ego hipertrofiado, no admiten de un técnico o amigo, un razonamiento, profundo y convincente que sea, contrario a sus opiniones y que les merezca rectificarlas.
Paradójicamente, estos desventurados son prisioneros de la mezquindad. Así los retrata de cuerpo y alma Honorato de Balzac: "Los seres mezquinos se manifiestan lo mismo por la persecución que por la beneficencia; pueden demostrar su poder mediante un imperio sobre los demás, cruel o caritativo, pero caen del lado a que los impulsa su temperamento". Ellos constituyen, por su tozudez, potenciales pero escasos pacientes de los psiquiatras y quizás los de más difícil tratamiento. Así permanecen, como cerrados en un callejón sin salida, hasta los últimos días de sus vidas. Tal es la condición humana de algunos. Cada cual tiene su manera de ser. Lo triste es que para lidiar con personas de esa índole se hace más difícil resignarse.
No hace falta decir más.