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¡No hay apuro!


Un buen amigo me contó la fábula que sigue. Una inmensa tortuga de mar salió a tierra. Su paso era tan lento, pero tan lento, que parecía que nunca llegaría a su destino. El tío conejo sintió lástima por ella y se le acercó para enseñarle los trucos de velocidad que él conocía.
La tortuga no le hizo caso, el consejero se enojó y le pronosticó que se vararía en tierra. La tortuga sacó la cabeza de su caparazón, lo miró con desdén y le contestó: "No importa, yo no tengo apuro". He usado este introito porque me pareció muchísimo a lo que se está viviendo en Panamá. El ministro Joaquín Jácome, ese mismo que firmó la equiparación de Panamá Ports, a pregunta que se le hiciera como asesor presidencial responsable de evaluar la aplicación de las recomendaciones para disminuir la corrupción, contestó que "no hay apuro" para cumplir tales recomendaciones, y agregó que la percepción que hay de corrupción, el gobierno la lidiaría hasta el fin del mandato. (El Panamá América, 7.28.02).
Una familia reportó tres muertos abaleados en una semana y los que manejan taxis tienen el mismo índice. Hay prisa para una Asamblea extraordinaria que costará B/.5,680 diariamente, pero no hay apuro para ubicar a los policías en todos los barrios de Panamá. No hay apuro para reubicar a las víctimas de incendios y mucho menos para los que vivían, si es que a eso se le llama vivir, en Renta Cinco.
No hay apuro para construir viviendas decentes a la gente de extrema pobreza. Un país tan pequeño como el nuestro no debía tener latones por techo y piedras por cama. La miseria, por ejemplo, reina en Sta. Eduviges y en las comarcas indígenas. En mi país los privilegiados drenan las planillas del gobierno. Hay familias, allegadas a esta gestión, cuyos salarios mensuales suman 16 mil dólares, y en el otro extremo las hay que no ganan suficiente para alimentarse. (La Prensa, 7.28.02) La Sra. Presidenta, sin embargo, manifestó por TV que ella no tiene por qué rebajar los salarios a su gente. No hay apuro, lo que hay es crisis.
222Hay prisa para una Asamblea extraordinaria que costará B/.5,680 diariamente, pero no hay apuro para ubicar a los policías en todos los barrios de Panamá.
El FMI recomienda un paquete veloz para solucionar debilidades estructurales en el sistema tributario y seguridad social; eliminar aumentos automáticos de salarios en el sector público (La Prensa,7.20.02). El Gobierno, sin embargo, no tiene apuro ni siquiera en pagar los 70 millones de balboas que debe a la CSS.
Un buen ejemplo de esta lentitud que pareciera contagiosa es el que sigue. El Centro de Salud de Veranillo es lo más desordenado que hay, según me cuenta mi amiga Isabel. Hay que salir de casa en la madrugada para estar a las 6:00a.m, en ese centro. Se forma una fila para el cupo y otra para pagar el importe que se cobra por consulta. A las 6:00 a.m. ya han llegado los doctores de distintas especialidades y el resto del personal, menos la cajera. Esta llega a las 7:30 a.m. ¡Ella no tiene apuro!
Cuando los pacientes ya están listos para su consulta, sus expedientes no están en orden según el cupo. Pueden llamar el número 47 antes del 15. Es decir, sacan los cartapacios, como en una tómbola, por purita suerte.
Yo me pregunto, ¿por qué la cajera, por donde se comienza el movimiento, no llega a las 6:00 a.m. como el personal realmente importante de ese centro de salud? Repito, no hay apuro. ¡Que esperen!. Desde hace casi dos años se anunciaron megaproyectos por un valor de 4,200 millones de balboas. Estos se han convertido en "Sombras nada más", como dice el bolero que estuvo de moda durante mi juventud.
El comienzo de algunos, por lo menos, como el segundo puente (95.7 millones de balboas), contemplado en el uso planificado del FFD; autopista Panamá-Colón B/.234 millones; carreteras B/.133 millones; IDAAN B/.70 millones también incluido en la Ley "3 en uno", hubiera sido la salvación de nuestra economía y el pan nuestro de cada día para por lo menos 50% de los desempleados (cifras La Prensa,6.08.02). Todos esos megaproyectos son demasiado buenos para convertirse en realidad. Primero, no hay apuro; segundo, ¡no hay apuro!.

101 años de Panamá América

 
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