No hay derecho contra derecho
En su obra La Lucha por el Derecho, Rudolph von Ihering recalca a sus lectores que: “El que se ve atacado en su derecho, debe resistir, éste es un deber que tiene para consigo mismo". Más adelante nos recuerda que en la novela de Enrique Kleist, intitulada Miguel Kohlaas, el autor pone en boca de su héroe: "más vale ser un perro que ser un hombre y verse pisoteado". Lo anterior conlleva entonces, que toda injusticia no es más que una acción arbitraria; es decir, un ataque contra la idea del derecho. Y es este punto -en especial- el que hay que resaltar en el fallo que la Corte Suprema de Justicia de la República de Panamá, dictó a través de la Sala Civil bajo ponencia del ciudadano magistrado Alberto Cigarruista Cortez, en el caso de la demanda de los trabajadores de Corporación La Prensa contra el Estado.
Si partimos de la base que los jueces y magistrados no deben defender los privilegios de los poderosos o discriminar a los débiles, sino asegurar que los derechos de todos los ciudadanos sean protegidos de manera igualitaria, resulta entonces inadmisible que se actúe en base a la politiquería completamente ajena a lo jurídico y que se olvide, parodiando a Mauriac, que los fallos de los magistrados son como los cirujanos, sus errores son mortales.
Dado que el propio magistrado ponente se encargó, a través de los medios de comunicación, de confesar públicamente las particularidades de la corrupción que envolvió su nombramiento en la posición desde la cual ha violentado el principio de cosa juzgada para hacer prevalecer la venganza y la desfachatez, cabe que recordemos sus manifestaciones y confesiones, cuando expresó:
"Yo estoy aquí en la esfera civil donde conozco sobre todo interés de particulares, Aquí en la esfera civil no prepondera absolutamente nada de política, aquí no llega la política, aquí la política no alcanza. Cuando yo vine de la Asamblea a ocupar un cargo que nunca lo pedí, que lo sepa el país. Nunca lo pedí, nunca lo quiso (sic.)".
"Hubo una serie de compromisos entre la Presidenta y los legisladores de la República para solicitar que yo viniera a la Corte Suprema de Justicia, cosa que yo no he querido decir nunca al país. Porque al llegar aquí me he querido olvidar de la política, pero ya no voy a soportar más palo Don Mario. Aquí todo el mundo quiere decir lo que le da la gana y apalea al que le da la gana, yo no soy hombre de recibir palo y ya me voy a defender Don Mario, cuésteme lo que me cueste..." (Declaraciones del magistrado Alberto Cigarruista en el programa de Mario Velásquez, KW Continente, martes 11 de febrero de 2003)
En otra parte de esa misma intervención, el mismo magistrado en forma airada, calificó de "negligentes" a los jueces de circuito y magistrados del Tribunal Superior-Civil que dictaron fallos de primera y segunda instancia a favor de los demandantes en el caso que nos ocupa y que, durante siete años, recorrió los tribunales en la jurisdicción civil. ¿Negligentes acaso los jueces de circuito porque actuaron en derecho y no se doblegaron a las pretensiones del Procurador? ¿Negligentes acaso los magistrados del Tribunal Superior porque no fallaron recurriendo a la politiquería como se lo exigía la Fiscalía?
Son muchas las interrogantes que surgen de las declaraciones, confesiones y retos del airado magistrado ponente. Sin embargo, un inmenso manto de impunidad continuó a ser tejido a las faldas del Ancón, la misma tarde del 11 de febrero, para arropar el atropello a la justicia, el insulto al derecho y mantener el "esprit de corps" . Sin embargo, ha quedado claro que el -hasta ahora- dudoso nombramiento, ha pasado de sospechoso a confeso. Pero volvamos a von Ihering: "El asesinato judicial, como lo llama perfectamente nuestra lengua alemana, es el verdadero pecado mortal del derecho. El que estando encargado de la administración de justicia se hace asesino, es como el médico que envenena al enfermo, como el tutor que hace perecer a su pupilo..."
Si partimos de la base que los jueces y magistrados no deben defender los privilegios de los poderosos o discriminar a los débiles, sino asegurar que los derechos de todos los ciudadanos sean protegidos de manera igualitaria, resulta entonces inadmisible que se actúe en base a la politiquería completamente ajena a lo jurídico y que se olvide, parodiando a Mauriac, que los fallos de los magistrados son como los cirujanos, sus errores son mortales.
Dado que el propio magistrado ponente se encargó, a través de los medios de comunicación, de confesar públicamente las particularidades de la corrupción que envolvió su nombramiento en la posición desde la cual ha violentado el principio de cosa juzgada para hacer prevalecer la venganza y la desfachatez, cabe que recordemos sus manifestaciones y confesiones, cuando expresó:
"Yo estoy aquí en la esfera civil donde conozco sobre todo interés de particulares, Aquí en la esfera civil no prepondera absolutamente nada de política, aquí no llega la política, aquí la política no alcanza. Cuando yo vine de la Asamblea a ocupar un cargo que nunca lo pedí, que lo sepa el país. Nunca lo pedí, nunca lo quiso (sic.)".
"Hubo una serie de compromisos entre la Presidenta y los legisladores de la República para solicitar que yo viniera a la Corte Suprema de Justicia, cosa que yo no he querido decir nunca al país. Porque al llegar aquí me he querido olvidar de la política, pero ya no voy a soportar más palo Don Mario. Aquí todo el mundo quiere decir lo que le da la gana y apalea al que le da la gana, yo no soy hombre de recibir palo y ya me voy a defender Don Mario, cuésteme lo que me cueste..." (Declaraciones del magistrado Alberto Cigarruista en el programa de Mario Velásquez, KW Continente, martes 11 de febrero de 2003)
En otra parte de esa misma intervención, el mismo magistrado en forma airada, calificó de "negligentes" a los jueces de circuito y magistrados del Tribunal Superior-Civil que dictaron fallos de primera y segunda instancia a favor de los demandantes en el caso que nos ocupa y que, durante siete años, recorrió los tribunales en la jurisdicción civil. ¿Negligentes acaso los jueces de circuito porque actuaron en derecho y no se doblegaron a las pretensiones del Procurador? ¿Negligentes acaso los magistrados del Tribunal Superior porque no fallaron recurriendo a la politiquería como se lo exigía la Fiscalía?
Son muchas las interrogantes que surgen de las declaraciones, confesiones y retos del airado magistrado ponente. Sin embargo, un inmenso manto de impunidad continuó a ser tejido a las faldas del Ancón, la misma tarde del 11 de febrero, para arropar el atropello a la justicia, el insulto al derecho y mantener el "esprit de corps" . Sin embargo, ha quedado claro que el -hasta ahora- dudoso nombramiento, ha pasado de sospechoso a confeso. Pero volvamos a von Ihering: "El asesinato judicial, como lo llama perfectamente nuestra lengua alemana, es el verdadero pecado mortal del derecho. El que estando encargado de la administración de justicia se hace asesino, es como el médico que envenena al enfermo, como el tutor que hace perecer a su pupilo..."