default

No hay mal que dure cien años


Característica inconfundible de nuestros tiempos es el que, periódicamente, estemos interesados por los esfuerzos democratizadores de nuestros países latinoamericanos y del resto del mundo. Nos alegramos cuando se da la alternabilidad y no sentimos defraudados cuando invocando todas las bondades posibles, se transtornan los procedimientos para aferrarse al poder, según malas prácticas tradicionales. Panamá puede estar bien orgullosa de que, a pesar de todos los pesares, hemos entrado en un proceso democrático, que anhelamos tenga muchos años de perseverancia. Tanto la administración 89-94 como las 94-99, dejaron un ejemplo que, pese a lo que se diga, fue excepcional e índice irrefragable de un crecimiento en la tan difícil madurez política.
Todo el mundo ha emitido su opinión. Antes y después de la consulta popular escuché opiniones que aseguraban que era imposible que perdiera el PRI y entre éstos me encontraba yo, partiendo del supuesto de que disponían de la poderosa maquinaria del Estado y de la experiencia consuetudinaria demás de 71 años en poder. Pocas esperanzas le augurábamos al PAN, aún cuando los reportajes y pronósticos nos hablaban de una cerrada lucha.
Llegó el día. Temprano nos informamos que el candidato del PAN había triunfado.
Pocas personas, de alguna manera u otra, dejaron de manifestar su regocijo. Sin autodeclararse expertos en politología, había que alegrarse. Existía la preocupación, ya de larga data, de ver cómo el ejercicio de la política en el país azteca era contradictoria: por un lado se presentaba como ejemplo de democracia, e incluso, actuaba como árbitro y parangón de lo que sucedía en otras latitudes. Mutatis mutandis de lo que diríamos de lo que ocurre en la Perla del Caribe.
Después de 71 años, llegó la alternabilidad en el poder. Alternabilidad es lo más saludable políticamente. Por supuesto, seguirá siempre discutible si en otros aspectos sería lo más conveniente. Se ha afirmado que si un gobierno lo está haciendo bien, dando respuestas, y creando un clima sano para las inversiones, habría que dejar que se reeligiera y que la alternabilidad esperara. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que el electorado no lo acepta. Como lo demuestra nuestra reciente historia.
Eco favorable ha recibido la actitud del nuevo presidente su reciente pronunciamiento en que afirmó lo que no pensaba hacer durante su gestión: no se dedicará a la "cacería de brujas" y que para integrar su gobierno, no pensaba incluir a sus amigotes. En unos comentarios que capté en Radio Neerderlands, sobre las elecciones mexicanas se hicieron algunas observaciones, que conceptúo bastante acertadas. Opinan que muchos no votaron a favor del ganador, sino en contra de lo institucional. Algo que también existe aquí, el voto de castigo.
El cambio de gobierno, después de tantos años y que ha generado tantos comentarios favorables y explosiones de alegría por haber derrotado a un gigante invencible, no era para crearse falsas expectativas. Bien poco es lo que podrá hacer en su gestión en sus cortos años de gobierno y eso contrasta con los anhelos populares que quiere que todo cambie y rápido. Cumplir con todo lo que se comprometió en los discursos de campaña va a ser muy difícil, ya que una cosa, es estar frente a la fiera y otra, ver los toros desde la talanquera. Por tanto, modestamente se puede decir que las cosas van a seguir igual.
Se ha dicho que se va a trabajar contra la corrupción. Gran aspiración. Lo que está claro es que la corrupción no está en los partidos, sino en la gente sea del gobierno, sea de la oposición, que ya está acostumbrada a ella, y la ha convertido como en su segunda naturaleza. Por tanto, si algo se logra en este aspecto, loado sea.
Recuerdo que cuando aquí en Panamá ocurrió el cambio, alguien me observó: "oyes, esta gente que está en el gobierno no sabe de política, lo que estaba antes son mucho más políticos. Y la respuesta es que uno no está en el gobierno para aprender a gobernar políticamente, sino que ya tiene que saberlo y el haber estado tanto tiempo en el poder forzosamente les tiene que haber ayudado a aprender a hacerlo. Aplicándolo al caso del candidato victorioso así va a ser. Si hasta ahora el gobierno ha sido de mano dura, y a eso está acostumbrado el pueblo, en cuanto se le trata con mano suave o menos dura, entonces comienza la gente a mostrar el cobre. Entonces, el pueblo pide y pide casi lo imposible y lo quieren ya y obviamente, deslucen al recién estrenado gobernante. Es curioso cómo en democracia, muchos hablan de que hay que ser duros, exigentes, etc..., que les resuelvan este u otro problema drásticamente.
Teniendo todo esto en cuenta, sin embargo, comparto con todos los amigos de aquel país este giro histórico con que comienzan el siglo XXI. Existen el latinajo "Iam hiems transit", ya pasó el invierno. Y el otro aforismo: "No hay mal que dure cien años, ni enfermo que lo resista". Frases que fundan la esperanza que debe siempre existir en los que desesperamos tan fácilmente y que queremos llegar a las metas excelsas donde se encuentran tantos países, con una historia más antigua que la nuestra y que han atravesado por guerras sangrientas y por crisis ecológicas de toda índole y se han recuperado y todas sus gentes han exudado los malos hábitos que nosotros tenemos y nos hacen tan insolidarios y egoístas que "queremos pececillos, pero no queremos mojarnos".
Ojalá las buenas noticias mexicanas nos sirvan a todos para que vayamos entrando por los caminos de respeto a la comunidad.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América