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No hay que destruir, sino construir


Todo gobierno en los regímenes democráticos necesita de la crítica constructiva de la oposición. Ese es su papel y tiene la obligación de hacerlo. Es la oposición un freno a todo exceso que los gobiernos puedan cometer.

Panamá no es la excepción. Las críticas de la oposición se dan constantemente, en ocasiones hasta en forma exagerada. El gobierno actual, por su inconsistencia y por su práctica de reaccionar frente a los problemas y no adelantarse a resolverlos, ha ido perdiendo parte de la confianza pública. Por otro lado, los grupos de oposición no han logrado gozar de la simpatía popular. Ello se puede explicar sencillamente: El pueblo siente que frente a los graves problemas existentes la oposición no tiene respuestas concretas con enfoques realistas. Eso lleva a la pérdida de credibilidad de toda la clase política nacional. Unos porque no resuelven y otros porque no presentan propuestas creíbles.

Es fácil criticar, pero más difícil es construir. Es necesario para quien aspira llegar a la Presidencia de la República que ofrezca a la sociedad planes, muy puntuales, de soluciones frente a la falta de seguridad, la mala distribución de la riqueza, el alto costo de la vida, el problema latente de transporte público, la carencia de política educativa moderna, la inflación (el impuesto a los pobres) y un deterioro en la estructura de la salud pública. Hay que hablarle al elector con compromiso si es que se quiere conseguir su voto. El pueblo, con justificada razón, no le va a dar su voto a quien no le brinde seguridades plenas de poder enfrentar con éxito los graves problemas que afectan al país.

Las críticas sin soluciones pasaron de moda. El elector quiere soluciones. Sus problemas los conoce muy bien, pues los está sufriendo.

101 años de Panamá América

 
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