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No hay que esperar otro 25 de noviembre


El 25 de noviembre fue declarado como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y se ha invitado a los gobiernos, las organizaciones internacionales y a toda la sociedad civil a que organicen ese día actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública en relación a este tipo de violencia. Sin embargo, en Panamá parece ser que no debemos esperar a esa fecha para hacer un alto y recapacitar sobre un problema que se nos está saliendo de las manos.

La violencia doméstica está sumando cifras escandalosas en nuestro país y más que escandalosas, preocupantes, porque reflejan la pérdida de valores  en que ha caído nuestra sociedad. Los hechos hablan por sí solos. Los titulares de los diarios y los medios televisivos reflejan, claramente, la forma y los métodos con que se cometen los crímenes. Cada ataque refleja la ira, la crueldad y, hasta se podría decir tristemente, la satisfacción con que es cometido el hecho. Para incrementar el dolor y el sufrimiento de muchas de nuestras mujeres, cada uno de nosotros nos hemos convertido en cómplices de esta realidad que azota a miles de mujeres panameñas.

El silencio que guardamos ante las voces que claman por ayuda se ha transformado, hoy, en el arma más poderosa con que cuenta un victimario. Cuántas veces nos hemos convertido en observadores directos de un hecho de crueldad contra una vecina, hermana o alguna amiga y, simplemente, no hemos hecho nada, muchas veces, por temor y otras tantas porque nos hemos acostumbrado a decir "ese no es mi problema". Pero es que el punto aquí es que nuestra actuación debe ser más desligada del egoísmo y el poco me importa. Es cierto que, en muchos casos cuando se hace un llamado a las autoridades, éstas responden, como me contaba una señora, "¿La mató... No?, entonces no ha pasado nada. Cuando la mate nos avisa". Esta es la conducta que está causando que el espiral de violencia cada día sea mayor, y aunque pensemos que no nos va a tocar, déjenme decirles que se equivocan. Estos hechos nos afectan directa o indirectamente.

Decir que hoy se tiene una cifra exacta de este flagelo, sería como decir mentiras. Muchos casos viven en la penumbra y en el reflejo de un dulce hogar que es por muchos envidiado sin siquiera dar muestra de la oscura realidad que está viviendo un ser de grandes cualidades y atributos que es menospreciado y ultrajado en todos los sentidos.

Como sociedad, tomemos cartas en el asunto. Esperar hasta el 25 de noviembre es inhumano y escandalizarnos ese día por las cifras sería una burla. A las autoridades les recuerdo que al que hay que reprimir no es a quien protesta por el alza del combustible y de la canasta básica o al que exige que sus derechos sean respetados ¡No señores! A quienes es necesario reprimir y sobre los cuales debe caer todo el peso de la ley es sobre aquellos que están convirtiendo a este hermoso Panamá en un país marcado por la violencia y que cada día amanece con su suelo manchado de sangre inocente. Panameño, no seas parte de la violencia contra la mujer.

101 años de Panamá América

 
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