No hay que temer al diálogo
Hemos aplaudido la decisión del Presidente de la República, Martín Torrijos, de ampliar el actual diálogo que se lleva a cabo con FRENADESSO, a objeto de precisar si, en el término de 90 días, es posible mejorar algunos puntos de la reciente ley que reforma a la Caja de Seguro Social.
La historia y la experiencia nos enseñan que lo único a temer es a la confrontación, no al diálogo, por agrio que éste sea. Tarde o temprano, la colisión o interacción entre dos extremos termina en una tercera posición que sintetiza el resultado de las dos originales, con tal que no se interrumpa y se desarrolle con cierto orden.
Por eso es también positiva la mediación de la Iglesia y la Conferencia Episcopal, y la incorporación de otros sectores, ausentes hasta ahora del proceso. Porque con la presencia de la Iglesia, se moderarán los ánimos y el lenguaje de los participantes; y con la intervención de los demás, se hará más universal y enriquecedor el diálogo que, a fin de cuentas debe ser la suma de inteligencias para lograr un acuerdo o fin común. Porque ningún sentido tiene dejar por fuera al sector empresarial que mucho aporta, ni al sector de la clase media que lleva sobre sus hombros la parte más pesada de la reforma.
Todos queremos salvar el Seguro Social al menor costo individual y social posible. La cuestión es ponernos de acuerdo y adoptar una decisión que, aunque no satisfaga a todos, al menos se haya consultado a todos.
La historia y la experiencia nos enseñan que lo único a temer es a la confrontación, no al diálogo, por agrio que éste sea. Tarde o temprano, la colisión o interacción entre dos extremos termina en una tercera posición que sintetiza el resultado de las dos originales, con tal que no se interrumpa y se desarrolle con cierto orden.
Por eso es también positiva la mediación de la Iglesia y la Conferencia Episcopal, y la incorporación de otros sectores, ausentes hasta ahora del proceso. Porque con la presencia de la Iglesia, se moderarán los ánimos y el lenguaje de los participantes; y con la intervención de los demás, se hará más universal y enriquecedor el diálogo que, a fin de cuentas debe ser la suma de inteligencias para lograr un acuerdo o fin común. Porque ningún sentido tiene dejar por fuera al sector empresarial que mucho aporta, ni al sector de la clase media que lleva sobre sus hombros la parte más pesada de la reforma.
Todos queremos salvar el Seguro Social al menor costo individual y social posible. La cuestión es ponernos de acuerdo y adoptar una decisión que, aunque no satisfaga a todos, al menos se haya consultado a todos.