No hay tal campaña sucia
Aquellos que se quieren acomodar con la victoria del partido de la narcodictadura, es decir de todos sus seguidores, creen que han encontrado un argumento válido alegando que se ha iniciado una campaña sucia contra Omar para perjudicar las posibilidades electorales de su hijo, Martincito. Aparte de que estos "huevos quieren sal", las razones de aludir al tenebroso pasado torrijista son obvias.
En las campañas de 1989 y 1994 se caía de su peso que "la campaña sucia" estuviera dirigida a "cara-de-piña". No creo que se necesita mayor sustentación de este aserto. Estaban muy frescas las iniquidades de Noriega, comenzando por el crimen más atroz que se registra en nuestra historia, la decapitación de Hugo Spadafora. Esto se hizo evidente con la arrolladora victoria de la oposición a la narcodictadura y a la determinación de los sectores populares, que nunca de verdad participaban en política, de avasallar a los "forzudos" que a pesar de ser criminales contaron con el apoyo del coloso. ¿O no?
Para la campaña de 1994, la restauración de nuestro tipo de democracia y, principalmente de nuestra situación económica, atemperó el ansia de justicia del pueblo panameño que, por otra parte, se comporta de manera muy distinta a otros pueblos hermanos en situaciones similares.
Ayudó a la victoria del PRD la participación de una tercera fuerza que todos sabemos hoy, sin la menor duda, que dividió los votos civilistas; lo que llevó a la victoria de un trío de millonarios que para qué recordarlos, aparte de señalar que su líder de valiente tiene nada.
Los comicios de 1999 fueron ganados por la astucia política y la tozudez de una dama que se asió de la cola de Arnulfo Arias, el líder más carismático que hemos tenido, y por la oposición a la política de neoliberalsmo y globalización que se siguió con la hoja de ruta de las IFI´S. Pero en aquella ocasión poco se dijo acerca de Omar porque simplemente no era buena táctica.
Otra cosa son las elecciones generales de 2004. Será la segunda vez que Martincito correrá para presidente, casi exclusivamente porque es el hijo de Omar. Por bien que pueda caer este joven, no deja de estar rodeado de todos los sinvergüenzas que se aprovecharon de los abusos de Omar y Noriega, para mencionar a los dos principales actores.
Además, no tiene mayor experiencia que presentar y tiene la ventaja de que el partido mireyista es un pesadísimo lastre debido a la corrupción rampante que protagonizó y que continúa protagonizando.
Por lo tanto, se cae de su peso que se ilustre al pueblo, principalmente a los jóvenes, acerca de la corrupción que reinó en los tiempos de Omar y de Noriega. Es necesario repetir una y otra vez que Hugo Spadafora advirtió acerca de los vínculos de Noriega al narcotráfico, que hubo repetidos runrunes de lo mismo por parte de los tres hermanos mayores de Omar y, a pesar de la advertencia de Hugo, Omar encubrió una vez más a "cara-de-piña", uno de sus más crueles bienmandados, por no llamarlo sicario. El efecto fue que Noriega llegó a ser el dictador omnímodo, tal como Omar.
Omar siempre permanecía tras bastidores, con pocas excepciones, como cuando mandó a estrellar 2-3 buses de CUTSA -compañía que fue objeto de críticas de corrupción, quizás sin pruebas sumarias, en un ambiente que la justicia era aún peor que la que existe hoy día. Pero en este caso, Omar personalmente recordó a los transportistas cómo podría ser la represión si él se disponía a aplicarla.
También en sus patrullajes domésticos viajaba acompañado de un maletín del cual sacaba billetes de $20 y hasta de $100 para regalarlos según su capricho. Sus derroches no tenían partidas, simplemente salían a la libre de los dineros que pagaba el pueblo.
Ahora bien, Omar tuvo gran éxito en globalizar nuestra lucha por recuperar nuestro canal, con la ayuda de varios notorios dictadores tercermundistas y comunistas. No obstante, reitero, es una herejía ignorar a los mártires de enero de 1964 y la firme decisión del Presidente Roberto F. Chiari de exigir la eliminación de todas las causas de conflicto, primordialmente el Tratado Bunau-Varilla, para lo cual rompió relaciones con el coloso. En breve: Martincito no tiene la culpa de los errores de su padre, pero ciertamente no es aceptable que llegue a la presidencia sólo porque es hijo de Omar.
Debemos proteger los bosques, son amigos leales y están indefensos. Debemos entender que, en cierta medida, Protágoras erró y que los seres humanos somos sólo un eslabón más en la cadena trófica del planeta. Debemos dejar que los parques nacionales sean precisamente eso, lugares de recreo y estudio para los jóvenes panameños, santuarios de vida donde el miserable afán de lucro de nuestra sociedad sea detenido y revertido a mejores fines. Debemos dejar de talar irresponsablemente en Darién, en Bocas del Toro, en los remanentes de bosques nubosos de Azuero. Debemos dejar de lado proyectos insensatos y oscuros intereses en bienes raíces y turismo de alto impacto como los que están detrás de la decisión política de construir la carretera entre Boquete y Cerro Punta en el Parque Nacional del Volcán Barú.
En el Centenario de nuestra República ocupamos con urgencia proteger a una especie endémica, amenazada de extinción al igual que los bosques y el resto de la biota del país, la especie de jóvenes panameñas y panameños que en un futuro muy cercano heredaran sólo los jirones depredados de la patria de sus mayores.
En las campañas de 1989 y 1994 se caía de su peso que "la campaña sucia" estuviera dirigida a "cara-de-piña". No creo que se necesita mayor sustentación de este aserto. Estaban muy frescas las iniquidades de Noriega, comenzando por el crimen más atroz que se registra en nuestra historia, la decapitación de Hugo Spadafora. Esto se hizo evidente con la arrolladora victoria de la oposición a la narcodictadura y a la determinación de los sectores populares, que nunca de verdad participaban en política, de avasallar a los "forzudos" que a pesar de ser criminales contaron con el apoyo del coloso. ¿O no?
Para la campaña de 1994, la restauración de nuestro tipo de democracia y, principalmente de nuestra situación económica, atemperó el ansia de justicia del pueblo panameño que, por otra parte, se comporta de manera muy distinta a otros pueblos hermanos en situaciones similares.
Ayudó a la victoria del PRD la participación de una tercera fuerza que todos sabemos hoy, sin la menor duda, que dividió los votos civilistas; lo que llevó a la victoria de un trío de millonarios que para qué recordarlos, aparte de señalar que su líder de valiente tiene nada.
Los comicios de 1999 fueron ganados por la astucia política y la tozudez de una dama que se asió de la cola de Arnulfo Arias, el líder más carismático que hemos tenido, y por la oposición a la política de neoliberalsmo y globalización que se siguió con la hoja de ruta de las IFI´S. Pero en aquella ocasión poco se dijo acerca de Omar porque simplemente no era buena táctica.
Otra cosa son las elecciones generales de 2004. Será la segunda vez que Martincito correrá para presidente, casi exclusivamente porque es el hijo de Omar. Por bien que pueda caer este joven, no deja de estar rodeado de todos los sinvergüenzas que se aprovecharon de los abusos de Omar y Noriega, para mencionar a los dos principales actores.
Además, no tiene mayor experiencia que presentar y tiene la ventaja de que el partido mireyista es un pesadísimo lastre debido a la corrupción rampante que protagonizó y que continúa protagonizando.
Por lo tanto, se cae de su peso que se ilustre al pueblo, principalmente a los jóvenes, acerca de la corrupción que reinó en los tiempos de Omar y de Noriega. Es necesario repetir una y otra vez que Hugo Spadafora advirtió acerca de los vínculos de Noriega al narcotráfico, que hubo repetidos runrunes de lo mismo por parte de los tres hermanos mayores de Omar y, a pesar de la advertencia de Hugo, Omar encubrió una vez más a "cara-de-piña", uno de sus más crueles bienmandados, por no llamarlo sicario. El efecto fue que Noriega llegó a ser el dictador omnímodo, tal como Omar.
Omar siempre permanecía tras bastidores, con pocas excepciones, como cuando mandó a estrellar 2-3 buses de CUTSA -compañía que fue objeto de críticas de corrupción, quizás sin pruebas sumarias, en un ambiente que la justicia era aún peor que la que existe hoy día. Pero en este caso, Omar personalmente recordó a los transportistas cómo podría ser la represión si él se disponía a aplicarla.
También en sus patrullajes domésticos viajaba acompañado de un maletín del cual sacaba billetes de $20 y hasta de $100 para regalarlos según su capricho. Sus derroches no tenían partidas, simplemente salían a la libre de los dineros que pagaba el pueblo.
Ahora bien, Omar tuvo gran éxito en globalizar nuestra lucha por recuperar nuestro canal, con la ayuda de varios notorios dictadores tercermundistas y comunistas. No obstante, reitero, es una herejía ignorar a los mártires de enero de 1964 y la firme decisión del Presidente Roberto F. Chiari de exigir la eliminación de todas las causas de conflicto, primordialmente el Tratado Bunau-Varilla, para lo cual rompió relaciones con el coloso. En breve: Martincito no tiene la culpa de los errores de su padre, pero ciertamente no es aceptable que llegue a la presidencia sólo porque es hijo de Omar.
Debemos proteger los bosques, son amigos leales y están indefensos. Debemos entender que, en cierta medida, Protágoras erró y que los seres humanos somos sólo un eslabón más en la cadena trófica del planeta. Debemos dejar que los parques nacionales sean precisamente eso, lugares de recreo y estudio para los jóvenes panameños, santuarios de vida donde el miserable afán de lucro de nuestra sociedad sea detenido y revertido a mejores fines. Debemos dejar de talar irresponsablemente en Darién, en Bocas del Toro, en los remanentes de bosques nubosos de Azuero. Debemos dejar de lado proyectos insensatos y oscuros intereses en bienes raíces y turismo de alto impacto como los que están detrás de la decisión política de construir la carretera entre Boquete y Cerro Punta en el Parque Nacional del Volcán Barú.
En el Centenario de nuestra República ocupamos con urgencia proteger a una especie endémica, amenazada de extinción al igual que los bosques y el resto de la biota del país, la especie de jóvenes panameñas y panameños que en un futuro muy cercano heredaran sólo los jirones depredados de la patria de sus mayores.