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No hemos tocado fondo


Alarmantes son los informes de las actividades económicas en Panamá. Dificultades financieras de grandes empresas, en otrora consideradas como pilares de nuestra economía, amenazan con incrementar aún más el desempleo. La presente situación económica muy confuso inicio de siglo nos depara a todos los panameños y lo peor es que se agravará, pues las causas fundamentales de lo que está ocurriendo, además de persistir, nada se hace por corregirlas.
Es notorio la falta de circulante ocurrido en nuestra economía desde que los norteamericanos abandonaron el suelo patrio. Las propiedades, sólo por poner un ejemplo, se devaluaron a casi la mitad de su valor. Miles de panameños perdieron sus empleos en la ex Zona del Canal. Las ventas de los supermercados, restaurantes, lugares de esparcimiento y los arriendos de viviendas bajaron a niveles dramáticos. Muchos fuimos los que dimos nuestra voz de alerta, pero la ineptitud o el que me importa de los gobiernos prevaleció y se prosiguió con la implementación de un tratado que respondió a épocas de un absurdo nacionalismo ya superado. También hubo los vendedores de falsas esperanzas que hicieron ver al pueblo que el fin de sus penurias se daría, una vez que el Canal retornara a manos panameñas, lo que evidentemente no sólo no ha acontecido, sino que ha sido todo lo contrario. ¿Y qué decir de los que vendieron la idea de un prominente desarrollo con la explotación de las miles de hectáreas revertidas? ¿Dónde están los inversionistas que tanto se proclamó desarrollarían esas áreas y sustituirían los ingresos que se dejarían de percibir como consecuencia de la salida de los norteamericanos del suelo patrio?
¿Y qué decir de las privatizaciones del INTEL y del IRHE, ambas fuentes directas de ingresos multimillonarios del Estado panameño que ha cesado y que además han encarecido enormemente los costos de esos servicios, haciéndolos más que un producto de primera necesidad, bienes de consumo de lujo? Cientos de millones de dólares, que en antiguamente circulaban en Panamá, producto del pago de esos servicios, hoy las trasnacionales se los llevan a otros litorales. ¿Tan complejo era percibir esta situación por los que manejaban el Estado, o simplemente otros eran los intereses prioritarios?
¿Por qué todos los responsables no salen ahora y dan la cara y explican por qué el país está en las condiciones actuales? No se trata, como algunos desean hacer ver, de la responsabilidad exclusiva del actual gobierno, como algunos pretenden endosarle. Tampoco podemos exonerarlos, porque lo cierto es que la clase política de este país es la principalmente responsable de la crisis en la que se encuentra Panamá. Han sido unos ineptos en el manejo del Estado y los resultados están allí, justamente enfrente de nuestras narices.
Es obligación del presente gobierno ofrecer soluciones inmediatas a la presente situación que todos sabemos cómo y por qué inició, pero no sabemos cómo ni cuándo concluirá. Inculpando a los otros gobiernos no se resolverá nada. Deben aportar iniciativas innovadoras cónsonas con la realidad nacional. Tienen que resolver, total para eso están allí. El gobierno debe de olvidarse de las promesas electorales, definitivamente imposibles de cumplir en estas condiciones, y lanzarse al rescate del país que está zozobrando. Ese es su ineludible deber y de acuerdo con el grado de éxito que obtenga, así merecerá el reconocimiento de la ciudadanía. Mediante el corte de cintas, con la realización y participación en Cumbres inútiles, participando en desfiles de antorchas, entregando en la Teletón cheques que luego carecen de fondos por no tener partida en el presupuesto del Estado, sólo se logrará un reconocimiento personal efímero, pero el país, que es por el que debe existir el mayor grado de preocupación, ningún beneficio logrará.
Es preciso valorar con objetividad y amplitud las causas y la dinámica del país. No es posible lograr una comprensión cabal de lo que está ocurriendo sin tener a la vista el impacto de los cambios que ha experimentado el país en la última década. La mayor complejidad que hoy tiene el país responde directamente a las condiciones económicas existentes. El presente gobierno tiene el desafío de redefinir la estrategia de desarrollo de manera de superar la vulnerabilidad de la economía y dar respuesta a las demandas planteadas por la incorporación de la clase trabajadora al sistema político-económico. El presente gobierno debe verse abocado a la tarea de fomentar el consumo masivo y la redistribución de la riqueza en favor de las masas asalariadas y para ello debe utilizar las instituciones del Estado para dar forma a un nuevo modelo socio-económico que redefina las relaciones entre actores sociales al transferir recursos, derechos y obligaciones de unos a otros. Las consecuencias de tamaña redefinición para la vida política y económica del país no pueden esperar y para ello es menester acabar con la politiquería. Es menester el concurso sincero de los mejores hombres. ¿Podrá el presente gobierno con tamaña empresa? ¡Dios quiera que sí, porque también está en juego su cabeza!

101 años de Panamá América

 
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