No juzgue el libro por su título
Uno no debe juzgar un libro por su título. "Cartas del Diablo a su Sobrino" por C.S Lewis, es una obra sobre dos seres espirituales denominados "demonios". Uno, el mayor, entrena al otro, el aprendiz, sobre cómo hacerle travesuras a un soldado inglés (el paciente); quien se hallaba ya cargado de miedos hacia la II Guerra Mundial contra los nazis. Recuerdo el segmento de la obra con relación a aquella mujer que estaba en la Iglesia, tranquilita , escuchando un sermón, luego vio entrar a otra mujer con un traje más lujoso; y comenzó su "pereque" mental: "Y ella quién cree que es? Es una misma rakataka, si te lo cuento, y yare, yare, yare".
Procesos mentales similares al anterior, pero con actos comunicativos para acompañarlos, son frecuentes por parte de muchos, cosa que tampoco escapa a los integrantes de la etnia negra de Panamá. Ocurre, primordialmente, cuando reciben un mal servicio acompañado del "mal del ojo". Interesantemente, siempre eligen centrar la pelea en el "mal del ojo" del racismo y mucho menos en el mal servicio, el cual impacta a todos por igual.
En la obra, aquel soldado denominado el paciente, es una representación simbólica de cualquier persona en su diario ir y venir. Pero en un momento dado, el lector se dará cuenta que la obra, en realidad, nos está indicando que "Por nuestras carreteras de vida y bien colocados en ubicaciones apropiadas, encontramos los signos oficiales que nos dan dirección y nos advierten del peligro".
Fíjense que cada uno de nosotros también albergaría el potencial de andar dando el "mal del ojo" y mal servicio a otros, de acuerdo a la sociedad donde uno se desenvuelve. En el caso de Panamá, especialmente si tuviésemos que levantarnos a las cuatro de la mañana, formar un filón para el bus, o aportar uncuentón para la gasolina, o si nos van a cortar la luz, o si no tenemos para cargar el celular, o si tuviésemos chiquillos en una escuela jodida, o si una financiera estuviera acosándonos día y noche y al mismo tiempo cobrándonos intereses exorbitantes. En lo que nos gusta o nos disgusta, la obra, alberga el potencial de, "paulatinamente", ir desarrollando en el lector la capacidad de sentir empatía por las condiciones espirituales de quien le ofende, o pretende hacerlo, antes de actuar impulsivamente, porque sólo así viene a la mente eso de "luchamos no contra carne y hueso".