¡No a la amenaza de exterminio!
Deploramos y rechazamos por tendencioso, arbitrario e improcedente el contenido del discurso del presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, pronunciado el 26 de octubre, ante un grupo de estudiantes. Fueron inaceptables sus amenazas al decir entre otras cosas: "Israel debe ser borrado del mapa".
Panamá y los panameños siempre hemos demostrado y defendido nuestra vocación de paz, dentro y fuera del país, y en las circunstancias más críticas. Nos caracterizamos por nuestra labor tesonera y permanente en defensa de la libertad, la democracia, la libre determinación de los pueblos y la paz internacional. Además, el país históricamente está ligado a la creación del Estado de Israel, por su participación activa en el seno de las Naciones Unidas, en 1947, al aprobarse la Resolución que autorizaba la partición de Palestina. Luego, en la década de 60 del siglo pasado, se establecieron formalmente las relaciones diplomáticas entre la República de Panamá y el Estado de Israel, relaciones que aún se mantienen y se fortalecen cada vez más, basadas en la libre determinación de los pueblos, en la democracia y la libertad; en el intercambio cultural, económico, científico y técnico y en el respeto a los derechos humanos.
Preocupa la situación actual: la humanidad atraviesa la grave crisis consistente en que, como ayer, existe sobre la tierra una intención, un deseo de poder temible que aspira a la dominación universal. Hoy como ayer la pugna es entre el totalitarismo y la democracia, entre la dictadura y la libertad, entre la esclavitud y la independencia, entre el terror y los derechos humanos.
Hoy como ayer el problema es el de saber si los hombres y mujeres de todo el mundo que tienen conciencia de los derechos del ser humano se resignan a vivir bajo el régimen que tiene como dogma fundamental la destrucción de esos derechos, la completa, absoluta, implacable y despiadada subyugación del individuo por el Estado, la negación de todos los postulados políticos, filosóficos y morales que constituyen la esencia misma de la civilización. Debemos luchar unidos contra todo aquello que perturbe la convivencia internacional y lo que lleva la alarma al ánimo de los pueblos libres. Nos motiva, sin embargo, la seria llamada de atención formulada por las Naciones Unidas, la Unión Europea y los países desarrollados como Estados Unidos, Francia, Alemania e Inglaterra, al censurar ejemplarmente al gobierno de Irán por la declaración impropia de su presidente, y porque alienta la decisión inquebrantable de luchar por el mantenimiento de la paz en el mundo y por la supervivencia del derecho.
Panamá y los panameños siempre hemos demostrado y defendido nuestra vocación de paz, dentro y fuera del país, y en las circunstancias más críticas. Nos caracterizamos por nuestra labor tesonera y permanente en defensa de la libertad, la democracia, la libre determinación de los pueblos y la paz internacional. Además, el país históricamente está ligado a la creación del Estado de Israel, por su participación activa en el seno de las Naciones Unidas, en 1947, al aprobarse la Resolución que autorizaba la partición de Palestina. Luego, en la década de 60 del siglo pasado, se establecieron formalmente las relaciones diplomáticas entre la República de Panamá y el Estado de Israel, relaciones que aún se mantienen y se fortalecen cada vez más, basadas en la libre determinación de los pueblos, en la democracia y la libertad; en el intercambio cultural, económico, científico y técnico y en el respeto a los derechos humanos.
Preocupa la situación actual: la humanidad atraviesa la grave crisis consistente en que, como ayer, existe sobre la tierra una intención, un deseo de poder temible que aspira a la dominación universal. Hoy como ayer la pugna es entre el totalitarismo y la democracia, entre la dictadura y la libertad, entre la esclavitud y la independencia, entre el terror y los derechos humanos.
Hoy como ayer el problema es el de saber si los hombres y mujeres de todo el mundo que tienen conciencia de los derechos del ser humano se resignan a vivir bajo el régimen que tiene como dogma fundamental la destrucción de esos derechos, la completa, absoluta, implacable y despiadada subyugación del individuo por el Estado, la negación de todos los postulados políticos, filosóficos y morales que constituyen la esencia misma de la civilización. Debemos luchar unidos contra todo aquello que perturbe la convivencia internacional y lo que lleva la alarma al ánimo de los pueblos libres. Nos motiva, sin embargo, la seria llamada de atención formulada por las Naciones Unidas, la Unión Europea y los países desarrollados como Estados Unidos, Francia, Alemania e Inglaterra, al censurar ejemplarmente al gobierno de Irán por la declaración impropia de su presidente, y porque alienta la decisión inquebrantable de luchar por el mantenimiento de la paz en el mundo y por la supervivencia del derecho.