NO a la propuesta Martinelli
Muchos panameños, sobre todo los hijos del humilde pueblo, han expresado, con justa razón, que vender las acciones que mantiene el gobierno en las transnacionales de los teléfonos y de la energía eléctrica, sería un grave error, ya que ello daría lugar a que estas empresas que están explotando a las grandes mayorías nacionales, aumenten sus tarifas sin que nada ni nadie pueda evitarlo. Han sido estas privatizaciones ocurridas durante el régimen perredista, una de las causas de la grave crisis económica que sufre la nación, conjuntamente con la desconfianza y falta de credibilidad que mantiene tanto la empresa nacional como la extranjera en un gobierno que camina muy lento, luego de 20 meses de administración, pese al respaldo incondicional que diera el país a la presidenta Mireya Moscoso.
El Fondo Fiduciario pertenece al pueblo, porque es producto de las privatizaciones descabelladas que llevó a cabo la administración pasada y su uso tiene que estar supeditado a condiciones como: 1. Confianza en la gestión de gobierno. 2. Preparación de planes y programas de trabajo. 3. Funcionarios dentro del campo de la economía que conozcan a profundidad, la realidad económica nacional y la forma en que debe ser promovida. 4. Clima de confianza que eche por tierra todo virus de corrupción que ha venido, en los últimos años, haciendo mucho daño a la imagen de la nación.
Decir que el país atraviesa por una grave crisis es descubrir el agua tibia, porque son centenares de miles de panameños que la están padeciendo y no creemos que al ministro Martinelli le esté ocurriendo lo mismo. También sabe el pueblo que este estado de cosas es consecuencia de la falta de buenos asesores y colaboradores que ayuden a la señora presidenta a conducir la "cosa pública" con acierto y eficiencia. Muchos de ellos no han logrado caminar a la par de los problemas de las comunidades y así vemos cómo la carretera interamericana, tan importante para el desarrollo de la República, se ha quedado estancada en Aguadulce.
Los exorbitantes salarios a una burocracia que es muy poco lo que aporta al desarrollo de la nación, el interés partidista y las ambiciones de poder, el mal uso de los recursos del Estado, la violencia, el crimen, la impunidad, el desempleo han venido resquebrajando las instituciones hasta el punto que es necesaria una reestructuración para hacerle frente a la crisis existente.
Lo único que queda al pueblo panameño de estas privatizaciones es un Fondo Fiduciario, que debe ser motivo de protección y buen manejo. A este respecto, la distinguida profesora universitaria Emma Mendoza A., en un interesante artículo: "Este sufrido pueblo" publicado en "El Panamá América" (2 de marzo de 2000) dice: "Otra medida peligrosa nos parece la enajenación del Fondo Fiduciario, en otras palabras, echar manos a los ahorros colectivos con la desventurada intención de pagar deudas a los acreedores internacionales. ¿Pagar deudas, para qué? ¿Para seguir endeudándonos, para seguir hipotecando el futuro de las subsiguientes generaciones? Del mismo modo acudimos al buen juicio de la mandataria para que no se comprometan los dineros del Fondo Fiduciario que no están allí para malgastarlos, búsquese alternativas más creativas, organícese un consejo de economistas y financistas que los hay buenos, ajusten el gasto público, rebajen sueldos a ministros, legisladores y otros en fin, incorpórese otras estrategias que eximan al pueblo a sufrir la peor parte".
Desde este espacio decimos al ministro Martinelli: No a su propuesta de utilizar el Fondo Fiduciario, alegremente.
El Fondo Fiduciario pertenece al pueblo, porque es producto de las privatizaciones descabelladas que llevó a cabo la administración pasada y su uso tiene que estar supeditado a condiciones como: 1. Confianza en la gestión de gobierno. 2. Preparación de planes y programas de trabajo. 3. Funcionarios dentro del campo de la economía que conozcan a profundidad, la realidad económica nacional y la forma en que debe ser promovida. 4. Clima de confianza que eche por tierra todo virus de corrupción que ha venido, en los últimos años, haciendo mucho daño a la imagen de la nación.
Decir que el país atraviesa por una grave crisis es descubrir el agua tibia, porque son centenares de miles de panameños que la están padeciendo y no creemos que al ministro Martinelli le esté ocurriendo lo mismo. También sabe el pueblo que este estado de cosas es consecuencia de la falta de buenos asesores y colaboradores que ayuden a la señora presidenta a conducir la "cosa pública" con acierto y eficiencia. Muchos de ellos no han logrado caminar a la par de los problemas de las comunidades y así vemos cómo la carretera interamericana, tan importante para el desarrollo de la República, se ha quedado estancada en Aguadulce.
Los exorbitantes salarios a una burocracia que es muy poco lo que aporta al desarrollo de la nación, el interés partidista y las ambiciones de poder, el mal uso de los recursos del Estado, la violencia, el crimen, la impunidad, el desempleo han venido resquebrajando las instituciones hasta el punto que es necesaria una reestructuración para hacerle frente a la crisis existente.
Lo único que queda al pueblo panameño de estas privatizaciones es un Fondo Fiduciario, que debe ser motivo de protección y buen manejo. A este respecto, la distinguida profesora universitaria Emma Mendoza A., en un interesante artículo: "Este sufrido pueblo" publicado en "El Panamá América" (2 de marzo de 2000) dice: "Otra medida peligrosa nos parece la enajenación del Fondo Fiduciario, en otras palabras, echar manos a los ahorros colectivos con la desventurada intención de pagar deudas a los acreedores internacionales. ¿Pagar deudas, para qué? ¿Para seguir endeudándonos, para seguir hipotecando el futuro de las subsiguientes generaciones? Del mismo modo acudimos al buen juicio de la mandataria para que no se comprometan los dineros del Fondo Fiduciario que no están allí para malgastarlos, búsquese alternativas más creativas, organícese un consejo de economistas y financistas que los hay buenos, ajusten el gasto público, rebajen sueldos a ministros, legisladores y otros en fin, incorpórese otras estrategias que eximan al pueblo a sufrir la peor parte".
Desde este espacio decimos al ministro Martinelli: No a su propuesta de utilizar el Fondo Fiduciario, alegremente.