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No a las reformas a la Ley 16 de 2004


La protección integral de la niñez y la adolescencia es un asunto que no admite concesiones de ninguna índole. Es un tema que debe ser de interés fundamental y prioritario para todo Estado que se precie de ser respetuoso y garante de los derechos humanos de un sector de la población que representa el futuro de la humanidad.
En ese sentido, Panamá dio un gran avance con la Ley 16 de 31 de marzo de 2004 que dicta disposiciones para la prevención y tipificación de delitos contra la integridad y la libertad sexual, modifica y adiciona artículos a los códigos penal y judicial. En síntesis, la Ley 16 tipifica y sanciona ejemplarmente los delitos de explotación sexual comercial contra personas menores de edad y establece políticas públicas para la prevención de tales delitos en el país.
La citada norma, en cuya redacción modestamente aportamos nuestro granito de arena, ofrece una protección integral a los niños, niñas y adolescentes panameños contra la explotación sexual comercial. No obstante, vemos con mucha preocupación que se pretende echar por tierra, cuando una subcomisión de la Comisión revisora del Código Penal y el Código de Procedimiento Penal, está recomendando bajar las penas en los delitos de explotación sexual comercial contra personas menores de edad y que tales delitos admitan fianza de excarcelación; beneficio que la Ley 16 actualmente no admite.
Resulta cuestionable esta intención de destruir los avances logrados con la Ley 16, que no cabe duda, sanciona ejemplarmente estos delitos e impide la impunidad de los explotadores, por lo que cabe preguntarse, ¿qué oscuros intereses existen detrás de esta intención de acabar con una legislación que aún no cumple dos años de vigencia? Sencillamente, detrás de estas recomendaciones están quienes lucran con la inocencia y la dignidad de nuestros niños, niñas y adolescentes.
Debemos unir esfuerzos y movilizarnos para impedir que personas inescrupulosas se salgan con la suya. Ciertamente, existen en el mundo muchas guerras silenciosas; una de ellas es la pobreza, otra es la explotación sexual comercial infantil, que encuentra abono en una sociedad indiferente y tolerante, que olvida su compromiso social con la niñez. Basta ya.

101 años de Panamá América

 
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