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No lea los labios de Clinton, vea lo que hace


Bill Clinton piensa que si hubo o no una relación sexual cuando él estuvo a solas con Mónica Lewinsky depende de lo que usted quiera decir con "sexo" y "a solas", además del significado de "haber". Por lo tanto, cuando en el informe anual al Congreso Clinton insistió en "derribar barreras, abrir mercados y expandir el comercio internacional" es importante averiguar el significado que el presidente le da a esas palabras.
Después de todo, Clinton amenaza una guerra comercial con Europa por las bananas y alimenta el fuego en una disputa con Japón por el acero. Las importaciones de acero japonés se han más que doblado en el último año y tres pequeñas siderúrgicas estadounidenses han quebrado, 7.000 obreros han sido despedidos y otros 20.000 están trabajando un horario recortado.
El presidente Clinton dijo al Congreso: "Ya le he informado al gobierno japonés que si dan marcha atrás al repentino aumento de exportaciones de acero a nuestro país, Estados Unidos responderá". Traducción: recorten sus exportaciones o enfrentarán aranceles "antidumping" y suspenderemos la intervención en los mercados cambiarios para forzar la caída del yen y hacer que el acero japonés sea todavía más barato.
Además, están las hormonas, no las del presidente, sino las que utilizan los ganaderos para aumentar la producción de carne. Europa prohíbe la importación de esa carne y Estados Unidos ha respondido exigiendo que levanten esa prohibición o tomaremos represalias.
La buena noticia es que las malas noticias no son tan malas como parecen.
En el caso del presidente es más importante ver lo que hace que oír lo que dice. Y a lo largo de seis años en el poder no le ha hecho mucho caso a los proteccionistas, inclusive a los de su propio partido. Lo mismo que el presidente Reagan, él ha tratado de tranquilizar a los afectados hablando recio, como lo está haciendo ahora respecto al acero. Pero ha rechazado las peticiones de la industria de fijar cuotas de importación al acero, a pesar de que hay 40 senadores pro-acero, cuyos votos necesita en su juicio.
La posición de Clinton en cuanto a libre comercio indica que lo considera esencial tanto para Estados Unidos como para la prosperidad del mundo entero. Por eso utilizó el informe anual al Congreso para volver a pedir autorización de "vía rápida" para negociar tratados comerciales. Y también es la razón por la cual ha llamado a una nueva ronda para reducir barreras a los servicios, a la propiedad intelectual, a productos agrícolas y demás bienes. El prefiere ser recordado por la "Ronda Clinton" de libre comercio que por sus rondas con la Lewinsky.
Pero hay más que cáscaras de bananas en la vía del libre comercio. La aprobación popular de su mandato subió a 76% luego del informe al Congreso, aunque la popularidad no se traduce automáticamente en efectividad parlamentaria. El año pasado, el presidente obtuvo éxito en sólo 51% de las votaciones del Congreso donde manifestó la posición del Ejecutivo. Eso es más bajo que lo logrado por Richard Nixon en el año en que fue obligado a renunciar. Por consiguiente, es dudoso que el Congreso le autorice la "vía rápida" ante los niveles actuales del déficit comercial.
Otra señal de peligro es la decisión presidencial de arrodillarse ante los sindicatos al exigir un "intercambio comercial que promueva la dignidad del trabajo y el derecho de los trabajadores a proteger el medio ambiente". Eso es una forma disfrazada de proteccionismo, ya que el comercio internacional se basa en el hecho que diferentes países tienen diferentes habilidades y diferentes costos. La mano de obra barata en Asia puede fabricar eficientemente ropa y zapatos, mientras que la mano de obra más cara y sofisticada de Estados Unidos produce eficientemente programas de computación y aviones.
Vendamos un Boeing 747 a las aerolíneas de Asia y compremos las camisas y los zapatos de goma que ellos producen. Así salimos ganando todos. Pero, si obligamos a Asia y a América Latina que le paguen a sus trabajadores los mismos salarios nuestros y que adopten normas ambientales, el comercio se paraliza. Los que quieren acabar con el trabajo de los niños y establecer normas ambientales globales lo saben muy bien. Clinton también lo sabe, por lo que un viraje hacia el proteccionismo o una apertura comercial dependerá de lo que él quiere decir con "libre comercio". Y eso sólo él lo sabe.

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