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No llores por Endara, Panamá


Con ese mismo título rezaba un artículo que publiqué, en el Panamá América, en agosto de 1994 en los últimos días de la gestión de Don Guillermo Endara Galimany. Había una gran confusión entre los panameños pues no entendían como era posible que a solo cuatro años y medio de la invasión el pueblo eligiera democráticamente un candidato producto de la dictadura. Para mí que viví esos cuatro años al lado del mandatario me era más fácil comprender que precisamente fue su vocación por la democracia y las libertades las que le ataron al final las manos para ejercer cualquier tipo de presión en contra de sus más acérrimos adversarios. Comprendí que su humildad y sencillez eran muchas veces confundidas como debilidad o incapacidad y que la única manera de que un político como Endara pudiese haber llegado a ocupar la presidencia de la República era acompañado por un pueblo lleno de idealismo y dispuesto a luchar por los principios de libertad, honestidad y equidad como efectivamente sucedió en los años ochenta. Valores que han perdido la batalla contra las ansias de poder, el dinero y la gloria. Su segunda y tercera campaña, a pesar de haberlas luchado contra adversarios de menor categoría, estaban ya contaminadas por el juega vivo y las ofertas politiqueras, donde no tienen cabida los hombres íntegros ni las buenas intenciones. Recuerdo que no había salido del Palacio de las Garzas y ya lo estaban criticando por lo que no había podido resolver, esto me motivo a escribir el referido artículo y cito uno de sus párrafos: “El próximo gobierno recibirá todos los ministerios e instituciones en pleno funcionamiento, con proyectos en ejecución, recursos vigentes y la economía nacional totalmente recuperada. De esta manera sin alardes de ninguna clase el primero de septiembre entregara su gestión el Presidente, la historia dirá la palabra final. Me atrevo con certeza a afirmar que muy pronto Endara estará complacido como todos lo que le acompañamos en su gabinete de haber cumplido plenamente con el deber patrio y de dejar las ingratas responsabilidades públicas. Espero no escuchar a este pueblo en un futuro cercano añorar lo que hoy duramente critica”, cierro cita. Hoy por doquier se alzan las voces de ese pueblo exaltando las cualidades de estadista que hoy escasean en nuestros ciudadanos y políticos. Ojalá que hayamos aprendido algo de él y que hagamos un esfuerzo para seguir su ejemplo, por mi parte doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad histórica de trabajar a su lado; paz a su alma.

101 años de Panamá América

 
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