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No me agrada ser engañada


Concibo la vida como una muestra general de sinceridad, de seriedad y verdades que traigan envuelto un panorama de certeza y aceptación de que lo que se dice es la verdad. Aprendí a decirla desde muy niña y he tenido muchos problemas a lo largo de mi vida por no aceptar algo que considero no es correcto o no es cierto. Hablar o responder me ha traído condiciones desagradables y que se me tilde de controversial, peleona y discutidora. Hasta hace un tiempo no me había importado; pero a esta edad pienso que es necesario un cambio de actitud y tranquilizarme y sonreír. Así me querrán más. Dicen que, en ocasiones, cuando no estamos de acuerdo con lo dicho, sobre todo si es un personaje importante, influyente, harto en bille, es preferible callar y quedar bien. Pienso que si actúo así me siento idiota. ¿Seguiré como era o cambio a como trato de ser? Estoy estudiando esto y veré qué hago luego de seis años.
También pienso que es mejor ser auténtico; pero el mundo que vivimos es bastante engañoso y se vive de la irrealidad, con tal de aparentar lo que no son o no tienen. Eso hace feliz a mucha gente; pero si yo protesto y me siento satisfecha de haberlo hecho, también me acosa el sentimiento de culpabilidad por peleona.
Hace aproximadamente un mes y medio, el Ministro de Educación fue orador invitado en el Club Rotario de Panamá para disertar sobre los programas educativos. Asistí con bastante ansiedad por escuchar algo positivo sobre un tema que me apasiona. Tenía 25 minutos para su exposición. Hizo énfasis en varias ocasiones en el gobierno del Presidente Torrijos y en las bellezas que harían con las escuelas. Desaparecerían las escuelas-rancho; todas las otras tendrían los servicios higiénicos funcionando, las paredes pintadas, bancas hasta el tope, todos los materiales de trabajo al día y en los lugares de difícil acceso, los maestros no tendrían que gastar su escuálido salario en comprar tiza y material que el Ministerio debe proveer.
Veía que el tiempo pasaba y no tocaba el tema más importante para mí: la transformación educativa, la modernización de los programas, la modernización de la educación primaria, media y superior para que los muchachos sean buenos profesionales y hagan un país desarrollado. Esperaba que hiciera un recorderis del error cometido por la dictadura militar al descuidar la enseñanza del inglés por ir en contra de los gringos y a favor de Fidel y que ahora estamos pagando en todo sentido ese atraso. Creí que hablaría de cómo trataban de solucionar ese problema para que los muchachos dominen el inglés que, gústenos o no, es el idioma mundial. Veía que el tiempo pasaba y no hablaba de un nuevo currículo para incluir materias nuevas y eliminar lo ya obsoleto. Pero el tiempo terminó y de aquello nada. Sólo presentó lo que traía preparado, como hacen los oradores que ocupan una posición oficial.
Pude hacerle una pregunta y decirle que era loable lo que hacían con las escuelas, pero que sin transformación educativa no iríamos adelante. La respuesta que me dio no me satisfizo y allí debí dejarlo. Sin embargo, me quedó el sabor dulce de que al comienzo del año escolar, educadores y educandos tendrían sus escuelas en condiciones perfectas. En fin, todo lo que se tomó el trabajo de describir era lindo. Ha llegado el comienzo de año y los paros no se dejaron esperar. Pasó el verano y no arreglaron nada. ¿Dónde fue el dinero que iban a invertir en esos arreglos? Nuevamente me sentí engañada y que docentes y educandos pasarían el mismo trabajo de siempre. ¿Hasta cuándo escucharemos mentiras y veremos cómo las verdades brillan por su ausencia?
Nuevamente y por enésima vez lo digo: quiero una educación adelantada, moderna, que llegue a todos los rincones del país, que se eduquen todos por igual para que todos tengan acceso a los poderes del país y la pobreza disminuya hasta desaparecer, a base de educación y trabajo. Que Dios nos escuche, Sr. Ministro y Torrijos también. Sólo así su nombre pasará a la historia y lo recordaremos como un excelente funcionario.
Hasta el 30 de abril en el Museo de Arte Contemporáneo está la exposición La Violencia en Colombia de uno de los grandes pintores de nuestro tiempo, donde Fernando Botero nos interpela y provoca con sus cuadros. Vaya a verlo (mejor en grupo o familia) Aprecie la pintura y el mensaje explícito, y debata y dialogue sobre ello, pero no solo sobre la urgencia de la paz en el país vecino sino sobre nuestro propio contexto y sus desafíos.
(raulleisr@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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