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No necesitamos ser elegidos para ser ciudadanos


Diversas entidades ciudadanas se expresaron así: “Los grandes retrocesos en materia de derechos humanos que contiene la ley 9 en 1 y la forma poco democrática e irrespetuosa como es discutida, son una muestra del deterioro de nuestro sistema democrático, lo que afectará el ambiente del diálogo y convivencia que necesita el país... No se debe seguir irrespetando a la sociedad civil y creer que el país y las instituciones se pueden cambiar según la decisión unilateral del Consejo de Gabinete.”

De este difícil contexto por el que atravesamos me pregunto ¿Por qué afirma el gobierno y algunos políticos que la sociedad civil no es legítima, pues no fue elegida y quiere cogobernar?

Invito a un ex presidente y político, el sociólogo brasileño Fernando Henrique Cardozo para que ponga los puntos sobre las ies. “La legitimidad de las organizaciones de la sociedad civil emana de lo que hacen y no de a quienes representan ni de ningún tipo de mandato externo. En última instancia, son lo que hacen. El poder de la sociedad civil es un poder difuso. Consiste en su capacidad de discutir, proponer, experimentar, denunciar y servir de ejemplo. No es un poder de decisión. Esta legitimidad es por definición una labor permanente. Nunca llega a alcanzarse de manera definitiva. Se obtiene en el foro del debate público y debe renovarse y revitalizarse continuamente. Este diálogo abierto, en el que participan muchos actores que defienden intereses distintos, y en ocasiones divergentes, es algo más que la suma de sus partes. El debate y la reflexión que genera la sociedad civil constituye la base de la gobernanza mundial en el mundo contemporáneo.”

Creo que solo una visión miope y atrasada puede asumir que la actividad política se reduce a la labor de los partidos o los políticos, relegando así al ciudadano común solo a sus deberes laborales y familiares, y pasivamente, a la espera que los políticos hagan bien su trabajo. Para esta visión la política es un gran negocio manejado solo por una élite de iniciados, funcionarios, cuadros partidarios, empresarios y caudillos. Para ellos, el resto de los miembros de la sociedad son únicamente una “masa”, un conjunto de individuos apáticos y sumisos que no merecen la libertad porque ni siquiera saben como usarla, y que necesitan ser manejados hacia un futuro que desconocen, pues son incapaces de alcanzarlo por sí mismos.

Esta visión promueve la falta de fe del ciudadano en sus potencialidades y capacidades, pues se le impone un modelo domesticador, alejándolo de las posibilidades de autoconstruir una ciudadanía activa y transformadora. Es en fin, un caldo de cultivo de reacciones impositivas que contribuyen a desmantelar nuestras instituciones políticas, y a merma las posibilidades de democratizar la democracia.

Muy por el contrario, creo que el rol esencial de la sociedad civil, es ponerle límites al estado y al mercado, para proteger el espacio de libertad desde el cual aportar a la construcción de democracia y el desarrollo humano sostenible. Lo medular de la sociedad civil somos los ciudadanos, que actuamos con derechos y deberes, para mejorar nuestra sociedad, y en ello no representamos a nadie – no a la manera de los políticos o sus partidos – sino que más bien, nos representamos a nosotros mismos en tanto que somos agentes de cambio, pues no necesitamos ser elegidos para actuar como ciudadanos.

raulleis@hotmail.com

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