No nos dejemos engañar
A pesar de tener la visión limitada a un ojo, como secuela de un fuerte golpe que recibí al caerme en una caminata mañanera que realizo desde hace más de 25 años, he querido analizar un acontecimiento que atrajo la tención mundial: la libertad de dos señoras colombianas víctimas de un secuestro de las FARC llevado a cabo hace más de cinco años.
La FARC, organización revolucionaria, tiene más de cuatro décadas de tratar militarmente de desestabilizar el régimen democrático de la hermana república de Colombia para establecer en ella un gobierno marxista.
Las negociaciones entre el gobierno y las FARC para un intercambio de prisioneros fracasó, lo que aprovechó el presidente venezolano Hugo Chávez para lograr ventajas políticas. Se montó todo un espectáculo que parecía teatral en el que, inclusive, actuaron figuras sudamericanas de gran relieve. Chavez aseguró que en pocos días las dos secuestradas y un hijo de una de ellas serían liberados. Por razones desconocidas para muchos, el hijo de una de las señoras llamado Emmanuel no apareció. Resultó que él se hallaba desde hace varios años en una de las instituciones del gobierno colombiano recibiendo tratamiento médico. Pero, el circo montado continuó y varios días después aduciendo las FARC que le daría un "desagravio" al presidente Chavez, decidió entregar a las dos damas sin el niño.
Por la televisión pudo el mundo ver el espectáculo teatral que se montó. La opinión pública no puede dejarse engañar por este gesto de la devolución de dos secuestradas. Los buenos -eso pretenden- son los malos. La FARC privó de libertad a dos personas. Este gesto de entrega que algunos pudieran calificar de humanitario fue más bien de relaciones públicas de las FARC y de Hugo Chávez. Aún hay más de 500 secuestrados que la FARC tratará de sacarle a su devolución, si es que lo hace, el mayor provecho político y los incautos de siempre verán un gesto humanitario y uno de beneficio político.