No oponerse por oponerse
No hay duda que el país pasa por una crisis que, en parte, es efecto de factores externos que afectan la economía y que no permiten la creación de empleos. Por otro lado, existen situaciones internas que coadyuvan en la presencia de problemas serios. Sin embargo, veo que los panameños estamos conscientes que tenemos que hacer algo para mejorar al país, porque nos hundimos todos.
Unos proponen algo y otros lo que buenamente puedan y, en esa forma, colaboramos a decirle al gobierno nuestras ideas para evitar peores consecuencias. Pero, también noto que, ante proposiciones como la de sentarse a conversar todos los partidos políticos con la moderación de la Iglesia y que todos van aceptando, salen los de siempre a poner peros, ya que no pueden oponerse abiertamente. He visto con desilusión a don Rubén Arosemena y doña Teresita quejarse porque esta reunión no sacará a Panamá del estancamiento en que se encuentra. ¡Claro que no! Y eso no hay que ser muy inteligente para darse cuenta que es cierto. Pero, puedo decirles algo.
De un tiempo a esta parte los panameños estamos cada día más en pugna; cada minuto o cada hora nos oponemos a todo lo que se proponga, lo que se diga o quiera hacerse. Y muchas veces lo hacemos por el gusto de criticar. De continuar esta oposición rutinaria, terminaremos los panameños por engullirnos los unos a los otros.
Este es un país dividido en aquellos y nosotros; no logramos ponernos de acuerdo para marchar coherentemente y arrastrar la carreta. Por el contrario, cada buey tira hacia su lado.
Y cuando finalmente, alguien propone que nos sentemos a conversar y presentar nuestras ideas, aunque sean diferentes, escucha decir a un locutor de un programa de radio que quién es don Jesús Rosas para hacer ese planteamiento, ya que el MOLIRENA es un partido lleno de divisiones. ¿Qué tendrá que ver eso? Lo importante es que alguien lo propuso y, si nos parece correcta la idea, vamos a ponerla en práctica.
Urge que los panameños nos pongamos de acuerdo y coloquemos las diferencias a un lado, porque la comunicación es básica para una convivencia pacífica. El entendimiento nos va a unir en vez de separarnos como estamos ahora.
Señores, quisiera ver a la democracia cristiana aceptar alguna vez que una proposición no hecha por ellos, tiene oportunidad de ser beneficiosa para el país. Por salud mental, cada uno debe ocupar su lugar, pero debe también considerar y respetar a los demás. Algo bueno dicen que nosotros pudiéramos aprender. No siempre es correcto sólo lo que decimos nosotros.
En esta forma veremos que la convivencia pacífica tiene más valor que luchas intestinas. Vemos que el respeto a las ideas de los demás, trae paz y satisfacción. Esa frase de: nos sentaremos, pero..., no beneficia a quienes la dicen.
Pienso que, si la idea de un acercamiento sobre la base de una conversación multilateral traerá frutos positivos, nos ayudará a encontrar la unión, la convergencia en vez de divergir, podremos decirnos con altura lo que pensamos sin que las diferncias profundas rompan ese camino de comprensiòn.
Oponerse a todo, a la larga, traerá destrucción a quienes lo hacen. Esa es una regla que no es original mía sino que, aunque sea por lógica, tenemos que aceptarla. Quisiera ver a todos los panameños, por lo menos a quienes dirigen, ponerse de acuerdo por el bien del país y que olviden el sectarismo. Que seamos positivos y no estemos siempre dispuestos a contradecir y oponernos porque sí. En esta forma sacaremos al país adelante.
Unos proponen algo y otros lo que buenamente puedan y, en esa forma, colaboramos a decirle al gobierno nuestras ideas para evitar peores consecuencias. Pero, también noto que, ante proposiciones como la de sentarse a conversar todos los partidos políticos con la moderación de la Iglesia y que todos van aceptando, salen los de siempre a poner peros, ya que no pueden oponerse abiertamente. He visto con desilusión a don Rubén Arosemena y doña Teresita quejarse porque esta reunión no sacará a Panamá del estancamiento en que se encuentra. ¡Claro que no! Y eso no hay que ser muy inteligente para darse cuenta que es cierto. Pero, puedo decirles algo.
De un tiempo a esta parte los panameños estamos cada día más en pugna; cada minuto o cada hora nos oponemos a todo lo que se proponga, lo que se diga o quiera hacerse. Y muchas veces lo hacemos por el gusto de criticar. De continuar esta oposición rutinaria, terminaremos los panameños por engullirnos los unos a los otros.
Este es un país dividido en aquellos y nosotros; no logramos ponernos de acuerdo para marchar coherentemente y arrastrar la carreta. Por el contrario, cada buey tira hacia su lado.
Y cuando finalmente, alguien propone que nos sentemos a conversar y presentar nuestras ideas, aunque sean diferentes, escucha decir a un locutor de un programa de radio que quién es don Jesús Rosas para hacer ese planteamiento, ya que el MOLIRENA es un partido lleno de divisiones. ¿Qué tendrá que ver eso? Lo importante es que alguien lo propuso y, si nos parece correcta la idea, vamos a ponerla en práctica.
Urge que los panameños nos pongamos de acuerdo y coloquemos las diferencias a un lado, porque la comunicación es básica para una convivencia pacífica. El entendimiento nos va a unir en vez de separarnos como estamos ahora.
Señores, quisiera ver a la democracia cristiana aceptar alguna vez que una proposición no hecha por ellos, tiene oportunidad de ser beneficiosa para el país. Por salud mental, cada uno debe ocupar su lugar, pero debe también considerar y respetar a los demás. Algo bueno dicen que nosotros pudiéramos aprender. No siempre es correcto sólo lo que decimos nosotros.
En esta forma veremos que la convivencia pacífica tiene más valor que luchas intestinas. Vemos que el respeto a las ideas de los demás, trae paz y satisfacción. Esa frase de: nos sentaremos, pero..., no beneficia a quienes la dicen.
Pienso que, si la idea de un acercamiento sobre la base de una conversación multilateral traerá frutos positivos, nos ayudará a encontrar la unión, la convergencia en vez de divergir, podremos decirnos con altura lo que pensamos sin que las diferncias profundas rompan ese camino de comprensiòn.
Oponerse a todo, a la larga, traerá destrucción a quienes lo hacen. Esa es una regla que no es original mía sino que, aunque sea por lógica, tenemos que aceptarla. Quisiera ver a todos los panameños, por lo menos a quienes dirigen, ponerse de acuerdo por el bien del país y que olviden el sectarismo. Que seamos positivos y no estemos siempre dispuestos a contradecir y oponernos porque sí. En esta forma sacaremos al país adelante.