default

No podemos continuar así


XABIER GOROSTIAGA, economista, jesuita vasco panameño nicaragüense, nos abandonó hace más de un año; pero su pensamiento crítico y fecundo está presente. Presentamos algunas de sus ideas que iluminan los grandes desafíos del años 2005.
La gran contradicción del mundo moderno es la increíble concentración. De que un 20 por ciento tenga el 86 por ciento del ingreso del mundo, mientras que un 60 por ciento viva con menos del seis por ciento del ingreso mundial. Esto no se había dado en tiempos de la Colonia hace 500 años. Eric Hobsbawm decía que entonces la diferencia entre España y América Latina era de 2 a 1 y lo mismo entre Inglaterra e India.
La reforma educativa, la refundación de la sociedad es fundamental.
Hoy estamos hablando de diferencias de 76 a 1, según Naciones Unidas. Esto es insostenible, es ingobernable, es un modelo de civilización que no es universalizable.
Hay un pensamiento único, rígido, reduccionista y simplista que ha dominado toda la década del 90, el Consenso de Washington, que hoy está en un profundo colapso, el cual ha sido reconocido dentro de los mismos organismos internacionales.
En el Diálogo Interamericano, por ejemplo, acaba de publicarse este año (2001) que, sobre todo, faltó lo que el antiguo director del Banco Mundial, Josef Stiglitz, dijo: El "comprehensive development", un desarrollo integral. Las leyes del mercado son fundamentales y el mercado es necesario, pero convertir la lógica del mercado en exclusiva es un peligro tremendo para la Humanidad. El problema es que esa lógica exclusiva ha sido dominante.
Lo que hay en América Latina es una crisis profunda del modelo económico que se impuso en la región, que incluso afectó al proceso esperanzador del avance democrático de la región. Y hoy la democracia está desgastada, ha perdido credibilidad, como lo han demostrado las últimas encuestas. Los partidos políticos no aparecen en la credibilidad. Esto es tremendo. Hay un momento en que los sistemas de partidos políticos se han autodestruido con un harakiri por una circunstancia pasajera: la de ganar el poder sin tener propuestas.
Hoy en América Latina hay una gran diferencia con el pasado, existe una capacidad de propuesta que hasta hace poco era desconocida en la comunidad internacional. Porque todas las propuestas las han hecho siempre desde afuera, mientras que actualmente la sociedad civil tiene una capacidad de respuesta y de planteamientos que nunca había tenido antes en la historia; y creo que el Foro de Porto Alegre, donde no hubo ninguna violencia -no fue Seattle, no fue Génova- supone esta seriedad de las posibilidades de América Latina para el futuro. Lo único que pedimos es espacio y una necesidad muy urgente en Latinoamérica de cómo organizar la esperanza de todas esas capacidades.
Si a mí me preguntan, ¿cuál es el déficit más grande de América Latina? Yo respondo que es el déficit educativo.
Entonces, cómo dar un salto en cuanto a educación en esta era del conocimiento -esto no hubiera resultado en los 50, pero sí en esta era del conocimiento-, donde el eje de acumulaciones, la intensidad del conocimiento no son los recursos naturales, no es el capital industrial, tampoco lo es el capital financiero, sobre todo por las tasas de especulación que tiene. Hoy el eje dominante de la acumulación del mundo es quién controla el pensamiento, la tecnología. La biotecnología está controlada por seis compañías que poseen el 75 por ciento del total.
Hace falta una educación ética, una educación que tenga una adición de valores, que es una compasión por lo que estamos viviendo y una pasión por el cambio y la transformación.
Einstein, que no fue un pobre pelele de este tiempo, sino que fue elegido como el personaje del Siglo, dijo dos frases que para mí son determinantes para el futuro: "El mundo que hemos creado, lo hemos creado por la forma de pensar que tuvimos, y no puede ser resuelto pensando como pensábamos". Si la educación no se transforma para enfrentar con la educación a la crisis, no hay solución. Y Einstein también dijo: "El principio de la locura es pensar que las cosas van a cambiar haciendo siempre lo mismo".
Entonces, el problema es que con la educación las universidades y el sistema que tenemos no podemos cambiar esto.
La reforma educativa, la refundación de la sociedad es fundamental. Pero la universidad no va a cambiar si no toma como su principal tarea "reencantar" los sistemas educativos latinoamericanos, la primaria, la educación básica, la secundaria, la educación técnica y hacer un continuo educativo, donde el sistema entre en una profunda transformación de valores, de metodologías, de calidad, de excelencia, de pertinencia y de equidad.
Esa es una tarea espléndida, fascinante, posiblemente más revolucionaria que lo que vivimos en los años 80 en Centroamérica.
Y además, no puede ser hecha país por país; la tenemos que hacer al menos por subregiones: México, Centroamérica, Mercosur, Países Andinos, y ojalá podamos hacer un gran paquete latinoamericano.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América