"No puedo ser prisionero de mi memoria"
La frase que titula nuestro artículo fue expresada por el Dr. Ricardo Arias, luego de avalar con su presencia, un acuerdo de transformación de la Asamblea Legislativa firmado entre su partido PDC y el PRD. Dicha frase me trae a la memoria el pasado reciente. Repentinamente me encuentro en la noche del 19 de diciembre de 1989, a las 8:00 de la noche; voy en el auto del HR Gustavo Torregloza (q.e.p.d.) acompañado de él y el Sr. Jorge Silot, eficiente fotógrafo del grupo EPASA. Esa noche Torregloza nos llevaba a ambos a nuestros respectivos hogares, para luego dirigirse al suyo en la Calle 18 del corregimiento de El Chorrillo, en donde residía en su moderno cuarto de apartamento y porque se encontraba sufriendo un resfriado.
En la madrugada del 20 de diciembre de 1989, mi amigo y compañero fue masacrado a la altura del Edificio Hatillo, en la Ave. Justo Arosemena. En ese mismo incidente fueron heridos de gravedad el Sr. Ramón Ashby, padre, y uno de sus hijos menores. Cómo pudiese olvidar esa cruenta invasión y los que formaron parte del triunvirato que tomó posesión en la ex base militar de Clayton, festejando con champaña y caviar, cuando miles de amigos, familiares y vecinos de El Chorrillo eran asesinados, heridos y encarcelados por las tropas norteamericanas, que actuaban como hordas sanguinarias, recorriendo la ciudad y acabando con cualquiera que no se detenía al momento de su requerimientos. Esos días nos recuerdan la frase del Rey Atila que señalaba: "por donde pisa mi caballo no crece la hierba". Claro, no podemos ser prisioneros de la memoria, pero no se puede olvidar tampoco las actuaciones de los gobiernos oligárquicos que gobernaron antes del ´68, los excesos de los gobiernos avalados y sustentados por los militares nacionales de entonces. Sin embargo, la llegada del gobierno tricocéfalo (Endara-Arias-Ford), trajo consigo más muerte y destrucción que cualquier otro gobierno que haya tenido la República.
Cierro la cortina de la memoria histórica y regreso al presente. Me encuentro con mis hijos de 8 y 13 años, guardo mi dolor del pasado y me apresto a contribuir con el desarrollo socio político del país como lo estoy haciendo, por mis hijos y todos los otros panameños y panameñas que se merecen un futuro mejor.
En la madrugada del 20 de diciembre de 1989, mi amigo y compañero fue masacrado a la altura del Edificio Hatillo, en la Ave. Justo Arosemena. En ese mismo incidente fueron heridos de gravedad el Sr. Ramón Ashby, padre, y uno de sus hijos menores. Cómo pudiese olvidar esa cruenta invasión y los que formaron parte del triunvirato que tomó posesión en la ex base militar de Clayton, festejando con champaña y caviar, cuando miles de amigos, familiares y vecinos de El Chorrillo eran asesinados, heridos y encarcelados por las tropas norteamericanas, que actuaban como hordas sanguinarias, recorriendo la ciudad y acabando con cualquiera que no se detenía al momento de su requerimientos. Esos días nos recuerdan la frase del Rey Atila que señalaba: "por donde pisa mi caballo no crece la hierba". Claro, no podemos ser prisioneros de la memoria, pero no se puede olvidar tampoco las actuaciones de los gobiernos oligárquicos que gobernaron antes del ´68, los excesos de los gobiernos avalados y sustentados por los militares nacionales de entonces. Sin embargo, la llegada del gobierno tricocéfalo (Endara-Arias-Ford), trajo consigo más muerte y destrucción que cualquier otro gobierno que haya tenido la República.
Cierro la cortina de la memoria histórica y regreso al presente. Me encuentro con mis hijos de 8 y 13 años, guardo mi dolor del pasado y me apresto a contribuir con el desarrollo socio político del país como lo estoy haciendo, por mis hijos y todos los otros panameños y panameñas que se merecen un futuro mejor.