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“No saben lo que tienen”


Con frecuencia, en los últimos años, en reuniones sociales en las que he tenido que participar y en las que he departido con personas de procedencia extranjera, he oído repetidas veces esta expresiones: "No saben lo que tienen". Es un hecho que uno se acostumbra a todo. Me decía un amigo que construye frases muy originales: "el ser humano es un animal de costumbres, que incluso se acostumbra a acostumbrarse".
He leído al azar algunos escritos sobre Panamá, siempre con sordina. En el pasado, desafortunadamente, tanto dentro como fuera del país, tuve la oportunidad de ver algunos escritos en los que a fuer de decir la verdad, no nos ayudan mucho a elevar la autoestima colectiva. Aún recuerdo al comentarista radial, luego de una famosa última presentación del famoso pugilista varias veces campeón en la cual se le rindió el homenaje del aplauso colectivo por haber dejado el nombre del país en alto, que acotó: "que le habían robado la silla a Durán" y añadió resignado: "Así es Panamá".
¿Cómo es Panamá? Cada uno habla de la feria como le va en ella. Y también aquello de que "nada es verdad, nada es mentira, todo es del color del cristal con que se mira".
En el pasado y también en el presente nos ha tocado oír opiniones positivas y también muchas negativas. Algunos de esos pareceres son gran verdad, que somos un puerto y como tal, el señalamiento negativo de todo lo que significa un puerto en cuanto al hecho de que por un puerto pasa toda clase de gente, en el sentido no sólo racial, sino en cuanto a conductas y culturas muy distintas de las locales. También se nos dice otra gran verdad y es que somos costeños y como tales, toda las proclividades del costeño y entre esas la de volubilidad, la volatilidad de carácter y de inconstancia en las empresas que se acometen. Poco menos que incapacidad para una vida espiritual o intelectual.
Mentalidad transitista, economía transitista que tienen su lado bueno y su lado malo. Pero somos todo eso y mucho más. Ante eso pareciera que lo único que queda es la resignación de que "así somos, y nada ni nadie nos podrá cambiar", y aquello de que "no hay que pedirle peras al olmo" . Somos iguales y distintos a los demás. Somos latinoamericanos, ni mejores ni peores, a juzgar por las informaciones diarias. Países en proceso de desarrollo social, humano, religioso, económico en medio de luchas de todo orden. Históricamente suramericanos, geográficamente centroamericanos, culturalmente caribeños.
Frente a esas verdades existenciales, escuchamos de boca de ciudadanos extranjeros aclimatados a nuestro ambiente: "Vds. no saben lo que tienen". "Van hacia el cielo y van llorando".
Se pondera la situación geográfica, el cosmopolitismo, el centro bancario, la peatonal con todas sus tiendas, buhoneros, y demás, la Zona Libre de Colon, y "la sofisticación tecnológica incluyendo el servicio "high-speed" Internet". Todo funciona -dice en el artículo del New York Times de Alex Markels- en donde menciona "la Belleza natural y las facilidades en los impuestos sirven de atracción de compradores hacia Panamá"
Más aún, en términos superlativos que por supuesto resultan increíbles para nosotros que tenemos horizontes más limitados y realistas, refiriéndose a Boquete la revista Modern Maturity lo califica como "uno de los mejores lugares del mundo para retirarse o vivir la jubilación". En otro sitio del artículo mencionado comparando ciertas ventajas que ofrece Panamá, afirma "Tú no puedes encontrar lo mismo en lugares como Costa Rica". Y veo que en observaciones como éstas, es de donde sale el comentario "Vds. no saben lo que tienen". Lo mismo sucede otros aspectos sobre todo en lo religioso con la frase de Jesús. "Si conocieras el don de Dios". Un don de Dios es todo lo que tenemos.
(*)Ex Gerente General de ETESA.

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