No sólo brochazos y machetazos para Colón
En reciente artículo que publicamos bajo el titular de: "Colón no necesita más de lo mismo", señalamos que para abordar el problema de la provincia, era necesario interpretar correctamente la realidad de Colón y los colonenses. La idea de que el problema de Colón radica en su gente y su idiosincrasia ha sido ampliamente rechazada por todos los sectores incluida la iglesia. En ese momento, señalamos la necesidad impostergable de elevar la situación de Colón a un problema de Estado y declararla área prioritaria de interés nacional. Reitero, que en mi humilde opinión, éstas son las bases para sustentar y desarrollar una propuesta integral de desarrollo dirigida a solucionar en el mediano y largo plazo los problemas estructurales de esta región del país.
Declarar a Colón, área prioritaria de interés nacional por un período de 5 años, y elevar su atención a tema de Estado busca sentar las bases para una creciente y sostenible actividad económica, generadora de empleos y capaz de cambiar el nivel y el modo de vida de los residentes en Colón.
Esto requiere no sólo de un instrumento legal que lo consigne en su exposición de motivos. Para ello es necesario que nuestros gobernantes tengan una imagen clara y sin distorsiones de la realidad socioeconómica de la provincia, pero sobre todo, la voluntad política y la sensibilidad social suficiente para comprometerse con esto.
Los últimos acontecimientos violentos parecen haber llamado la atención del gobierno, tanto es así, que sus voceros han anunciado la próxima realización de un consejo de gabinete en la región, creando con ello una expectativa nacional sobre las medidas a tomar.
Colón requiere atención inmediata, sin embargo, el gobierno debe tener claridad en que si bien la situación amerita paliativos de corto plazo, su intervención no puede limitarse a los ya ineficientes programas de becas o subsidios disfrazados, a destinar partidas o recursos para embellecer temporalmente el casco viejo de la ciudad con brochazos y machetazos que se borran y desaparecen con igual o mayor celeridad de la aplicada en pintar las casas y recortar los parques, sin lograr resolver el problema de fondo.
La emergencia social, y la necesidad de la creación inmediata de empleos no debe ser utilizada para justificar la ejecución de otro proyecto para sacar o mudar a la gente hacia las afueras y dar paso a proyectos de índole económica, sin que éstos garanticen revertir beneficios que cambien el nivel de vida de los colonenses.
En esto no puede haber miopía. Ver lo inmediato solamente significaría reiterar la idea e inducirnos a aceptar que el problema de Colón se reduce a la inconformidad reinante entre los manifestantes organizados e ignorar que es un problema que nos toca a todos. La intervención del gobierno no puede estar enfocada a salir de la crisis o a callar a los revoltosos.
Colón requiere respuestas permanentes, y esto no será posible sin una verdadera política de Estado a mediano y largo plazo. Para ello hay que tomar las previsiones y no olvidar las experiencias anteriores; no pueden continuar las características cíclicas de la intervención del gobierno en Colón. No puede avanzarse con políticas anti crisis que producen un círculo vicioso mientras que los problemas se desarrollan en forma de espiral.
Ojalá en esta ocasión el gobierno nacional de turno, entienda que los colonenses también somos panameños y que de una vez por todas nos incluya en sus planes de gobierno o de desarrollo nacional y no sólo oferte brochazos y machetazos para Colón.
Esta coyuntura no puede de ninguna manera ser manejada como muchas otras. Debemos exigir una visión de Estado. Suficientes han sido las expectativas creadas por los sucesivos gobiernos con la formulación de proyectos como el Plan Juan Demóstenes Arosemena, la Comisión de Desarrollo de Colón, la Comisión de Renovación Urbana, el controvertido proyecto de Colón Puerto Libre, y el establecimiento de la Junta Asesora de la Presidencia Para Asuntos de Colón (JAPAC), que luego de una implementación mediatizada e incompleta, han muerto súbitamente.
Reitero que el gobierno conoce bien que Colón requiere de macroproyectos generadores de inversiones y empleo sin dejar de dar atención a otros problemas sociales. Ante esta situación, seguramente el gobierno fundamentará su gestión a largo plazo en Colón con la venta de las bondades del inconsulto, oscuro y desconocido proyecto del Centro Multimodal de Carga. En este evento, los colonenses debemos tener una lupa maliciosa.
Sin embargo, en independencia de las fortalezas y debilidades de este o cualquier otro esquema de desarrollo, los colonenses no podemos permitir que los beneficios de los proyectos que de ahora en adelante se implementen en Colón, corran la misma suerte que el Canal de Panamá y la Zona Libre, ni la de los Puertos, el Ferrocarril o la del turismo como es el caso de Colón 2000, ya que estos, luego de implementados a costa de la asignación de los recursos regionales, se han constituido en pilares de la economía nacional, pero los beneficios en materia de empleo o ingresos no tocan significativamente la puerta de los hogares colonenses, a los que por desprecio, sólo nos dan cabida en proyectos de brochazos y machetazos.
Declarar a Colón, área prioritaria de interés nacional por un período de 5 años, y elevar su atención a tema de Estado busca sentar las bases para una creciente y sostenible actividad económica, generadora de empleos y capaz de cambiar el nivel y el modo de vida de los residentes en Colón.
Esto requiere no sólo de un instrumento legal que lo consigne en su exposición de motivos. Para ello es necesario que nuestros gobernantes tengan una imagen clara y sin distorsiones de la realidad socioeconómica de la provincia, pero sobre todo, la voluntad política y la sensibilidad social suficiente para comprometerse con esto.
Los últimos acontecimientos violentos parecen haber llamado la atención del gobierno, tanto es así, que sus voceros han anunciado la próxima realización de un consejo de gabinete en la región, creando con ello una expectativa nacional sobre las medidas a tomar.
Colón requiere atención inmediata, sin embargo, el gobierno debe tener claridad en que si bien la situación amerita paliativos de corto plazo, su intervención no puede limitarse a los ya ineficientes programas de becas o subsidios disfrazados, a destinar partidas o recursos para embellecer temporalmente el casco viejo de la ciudad con brochazos y machetazos que se borran y desaparecen con igual o mayor celeridad de la aplicada en pintar las casas y recortar los parques, sin lograr resolver el problema de fondo.
La emergencia social, y la necesidad de la creación inmediata de empleos no debe ser utilizada para justificar la ejecución de otro proyecto para sacar o mudar a la gente hacia las afueras y dar paso a proyectos de índole económica, sin que éstos garanticen revertir beneficios que cambien el nivel de vida de los colonenses.
En esto no puede haber miopía. Ver lo inmediato solamente significaría reiterar la idea e inducirnos a aceptar que el problema de Colón se reduce a la inconformidad reinante entre los manifestantes organizados e ignorar que es un problema que nos toca a todos. La intervención del gobierno no puede estar enfocada a salir de la crisis o a callar a los revoltosos.
Colón requiere respuestas permanentes, y esto no será posible sin una verdadera política de Estado a mediano y largo plazo. Para ello hay que tomar las previsiones y no olvidar las experiencias anteriores; no pueden continuar las características cíclicas de la intervención del gobierno en Colón. No puede avanzarse con políticas anti crisis que producen un círculo vicioso mientras que los problemas se desarrollan en forma de espiral.
Ojalá en esta ocasión el gobierno nacional de turno, entienda que los colonenses también somos panameños y que de una vez por todas nos incluya en sus planes de gobierno o de desarrollo nacional y no sólo oferte brochazos y machetazos para Colón.
Esta coyuntura no puede de ninguna manera ser manejada como muchas otras. Debemos exigir una visión de Estado. Suficientes han sido las expectativas creadas por los sucesivos gobiernos con la formulación de proyectos como el Plan Juan Demóstenes Arosemena, la Comisión de Desarrollo de Colón, la Comisión de Renovación Urbana, el controvertido proyecto de Colón Puerto Libre, y el establecimiento de la Junta Asesora de la Presidencia Para Asuntos de Colón (JAPAC), que luego de una implementación mediatizada e incompleta, han muerto súbitamente.
Reitero que el gobierno conoce bien que Colón requiere de macroproyectos generadores de inversiones y empleo sin dejar de dar atención a otros problemas sociales. Ante esta situación, seguramente el gobierno fundamentará su gestión a largo plazo en Colón con la venta de las bondades del inconsulto, oscuro y desconocido proyecto del Centro Multimodal de Carga. En este evento, los colonenses debemos tener una lupa maliciosa.
Sin embargo, en independencia de las fortalezas y debilidades de este o cualquier otro esquema de desarrollo, los colonenses no podemos permitir que los beneficios de los proyectos que de ahora en adelante se implementen en Colón, corran la misma suerte que el Canal de Panamá y la Zona Libre, ni la de los Puertos, el Ferrocarril o la del turismo como es el caso de Colón 2000, ya que estos, luego de implementados a costa de la asignación de los recursos regionales, se han constituido en pilares de la economía nacional, pero los beneficios en materia de empleo o ingresos no tocan significativamente la puerta de los hogares colonenses, a los que por desprecio, sólo nos dan cabida en proyectos de brochazos y machetazos.