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No sólo enterraremos la sardina


En estos días no nos ha favorecido la musa. Estamos satisfechos con los granos de arena con que hemos contribuido, confiando que se reconcilien con la inmortalidad de nuestro Panamá. Las rivalidades de los picados por el bicho de la política nos repelen. Su Majestad Imperial hizo su viaje a Suiza y a Egipto. Más de lo mismo con la misma retórica de grandes resultados concretos, para terminar con el mismo Bull.
A riesgo de que el julepe de Momo nos haga pasar inadvertidos, continuamos con nuestros escritos. No capitulamos. Todavía abrigamos la esperanza de que algunos de los "buenos panameños" principalmente de los tiempos de los narcodictadores tomen nota y se decidan a corregir rumbos. Este tiempo es importante, como me ha recordado un respetable ciudadano, ya que es propicio para los madrugonazos, las aplanadoras y las decisiones dictatoriales disfrazadas de democracia y hasta la comisión de delitos de lesa patria, como lo es el deseo de reelegirse de nuestro fujitori.
Durante largos meses no se atrevió a dar la cara, a lo mero macho, como sus modelos del PRI mexicano. Primero sutilmente votó a favor de que el PRD inicie una intensa campaña pro reelección después de la mojadera. Hasta ahora el Toro, por cálculo, rehusó admitir su capricho egoísta. A veces pensamos que le restaba valentía. Pero no se trata de eso. Ya es sabido que hace lo que le da la gana sin importarle la opinión pública. Se trata de jugar vivo. Esto caracteriza la corrupción ilimitada a la que los milicos, con el PRD apoyado en las bayonetas, habituaron a nuestro pobre Panamá. Hoy oímos otra dizque sutil tauroadmisión: le queman los pies para continuar su "superlativa" obra presidencial.
Por lo que queremos recordarle a nuestros parranderos compatriotas que el último borrador del CMA, publicado en El Excélsior de México, es prueba irrefutable de que los "buenos panameños", de ustedes saben cuando, con el Toro a la cabeza, negociaron un convenio tipo base militar. Carnestoléndicamente creemos que le están perfeccionando el disfraz de fin del año 1997. "Malos panameños", no nos dejemos engañar con el mismo palabrerío de los otrora ultranacionalistas, populistas del torrinoritorismo. Pidámosle también a nuestros hermanos latinos, sin excepción, pero especialmente a los cariocas y mexicanos, que por favor no nos desmadren, por jugar pelota con los gringos, apoyando a nuestro gobierno, que ellos bien conocen.
En cuanto a la reelección inmediata, démosle la gabela del respaldo de Fujimori, Menem y Cardoso, pero nadie más. Ojalá tengan en mente que los panameños, por lo menos todavía, no queremos que un presidente haya decidido reelegirse mientras continúa, con cara de concha jurásica, muy arrellanado en la silla presidencial. Además, todos sabemos, panameños y extranjeros, que la credibilidad de nuestros gobernantes es casi cero.
Compatriotas, gocen sus carnavales, pero no olviden que muy poco después estarán limpios, no todos, sólo los de clase media y baja. El desempleo, la pobreza y la miseria continuarán rampantes. Ya las promesas de 20 a 120 mil nuevas plazas de trabajo se las llevó el viento. Ahora vienen otras. Más soberbias. Pero ni con la experiencia práctica podrán superar su histrionismo vacuno de 1994. Ya les es mucho más difícill, por no decir imposible. Durante la inauguración del ensanche carretero entre Chorrera y Capira el Toro recibió aplausos famélicos. Su demagógica alusión al inicio de los carnavales resultó follada. Panameños, al enterrar la sardina, enterremos con ella la tauroreelección.

101 años de Panamá América

 
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