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No sólo la OEA, también la Comisión Europea


Dice el refrán que en todos los lados se cuecen habas. Estos días pareciera que la crisis institucional que conmovió a la Organización de los Estados Americanos (OEA), como por un acto de osmosis contagió a la Comisión Europea. Tras varias gestiones personales que cayeron en oídos sordos, al presidente electo de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durao Barroso, no le quedó otro remedio que abandonar la lista de sus candidatos y comenzar de nuevo para evitar un nuevo rechazo de los enfurecidos diputados europeos.
"Sé que tengo que presentar un nuevo equipo con otra distribución de carteras", reconoció Barroso al periódico italiano La República. "Explicaré la situación a los jefes de gobierno y dialogaré con los grupos políticos del parlamento".
A diferencia de la crisis que el mes pasado se inició en la OEA con los cargos de corrupción elevados contra el recién electo secretario general, el costarricense Miguel Angel Rodríguez, los candidatos de Barroso no fueron esposados y llevados a la cárcel. Al mismo tiempo, era obvio de que la coalición europea enfrenta un problema político, ideológico y religioso mucho más serio del problema institucional que aflige al organismo interamericano.
Por su parte, Barroso se vio forzado a retirar la presentación de sus 24 comisarios (ministros). Un recurso de último segundo para impedir que él tuviera que renunciar, al negarse a retirar del equipo al cuestionado integrista católico italiano Rocco Buttiglione, inaceptable para los parlamentarios por sus visión homofóbica.
El político portugués, cuyos colegas lo califican de "muy simpático, pero poco experimentado en el sistema de colegiado", tuvo que aprender a la fuerza que en Europa es bastante complicado defender la elección al cargo de comisario de Justicia, Libertad y Seguridad a un conservador italiano como Rocco Buttiglione, que pocos días antes de la elección se había denunciado al aborto, la homosexualidad y las madres que no se quedan en la casa.
En una clara referencia a Buttiglione, el primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, declaró el jueves que él no acepta "ni la homofobia ni el insulto ni la arrogancia".
"El contratiempo más serio que experimentaron los comisarios es que tuvieron que desempaquetar y demorar el regreso a sus países", explicó un representante del secretariado.
"Yo he llegado a la conclusión que si un voto es tomado hoy, el resultado no va a ser positivo para las instituciones de la Unión Europea o el proyecto europeo", dijo Barroso ante los parlamentarios. "En estas circunstancias, he decidido no someter a la nueva Comisión Europea para ser aprobada por ustedes hoy. Necesito más tiempo para considerar esta cuestión".
El gambito institucional de Barroso hizo estallar el normalmente tedioso hemiciclo en Estrasburgo. "Había aplausos, el diputado verde y famoso líder del "Mayo francés", Daniel Cohon-Bendit, se levantaba excitado de su banca gritando Henro y evocando el poder parlamentario", informó un periódico francés.
"El comisario de Comercio (en suspenso su nominación), el británico Peter Mandelson, se comía las uñas, después de haber negociado toda la noche en nombre del premier Tony Blair para sostener a Barroso. Los diplomáticos de las capitales europeas se colgaban de sus celulares en comunicación con sus cancillerías, furiosas del nuevo rol de un Parlamento que, hasta hoy, consideraban un sello de goma".

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